La “Guerra contra las drogas” ha sido una profunda falla. Sólo vean a México

El rechazo de occidente a enfrentar la legislación de las drogas ha llevado a la anarquía a la corrupción y a la miseria

Por Simon Jenkins.
Publicado el jueves 9 de septiembre de 2010 en:
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/cifamerica/2010/sep/09/war-on-drugs-legalisation

Está destruyendo al gobierno de México. Está financiando a los Talibanes en Afganistán. Está enviando a 11,000 bretones a la cárcel. Está corrompiendo la democracia a través de Latinoamérica. Está propiciando los ghetos en Estados Unidos y propagando el sida en la Europa urbana. Su tráfico alcanza los £200 mil millones (200bn de libras esterlinas) al año, sobre los cuales no se paga ni un centavo de impuestos. Miles de gentes mueren y millones se han empobrecido. Es la más grande descomposición producida por el ser humano sobre la faz de la Tierra. 
No, no son las drogas, éstas son tan antiguas como la humanidad. Las drogas, junto con el alcohol y la nicotina siempre han sido un reto para la disciplina individual y comunitaria. La maldición es otra: la declaración de los estados de que algunas drogas son ilegales y aquellos que las proveen y las consumen son criminales. Esta es la raíz del mal.
Prohibiendo productos, como la coca o el opio, que tienen una demanda masiva global, los gobiernos solamente han dado lugar a enormes beneficios económicos sin gravamen para quienes están fuera de la ley y han propagado la anarquía. Los regimenes represivos, como algunos musulmanes, han restringido el consumo doméstico de alcohol, pero ninguno ha sido capaz de parar el mercado global de heroína y cocaína. Es demasiado grande y lucrativo, rivaliza con el mercado de las armas y el petróleo en el mercado monetario internacional. Cuarenta años de “guerra contra las drogas” han frustrado todas las promesas, excepto las hipocresías políticas.
La mayoría de los gobiernos occidentales han cerrado los ojos y decidido caminar con la amenaza, dado que el costo principal de su falla es pagado por los pobres. En Gran Bretaña Tony Blair, Jack Straw y Gordon Brown perciben que la interferencia de la economía de las drogas no es antagónica al mercado como lo expresan los diarios. Como la mayoría de los occidentales ricos, ven natural que  las drogas sean una amenaza para los pobres, pero sólo una indiscreción juvenil en sus descendientes.
El horror de la criminalidad a causa de las drogas está llegando a los hogares para apostarse lejos de las calles  de Nueva York y Londres. En países como Pakistán, Afganistán e Irán, las drogas son tan endémicas que la criminalización  que producen sirve para alimentar una colosal corrupción. Es inútil el esfuerzo de la OTAN en la guerra afgana, que requiere de un ejército y una policía también adictas, que deben ser curadas o cesadas. Las opiáceas  son la principal fuente de ingresos de los granjeros, cuyos corazones y mentes necesita la OTAN para ganar, pero cuyas cosechas de opiáceas (tarde o temprano para las naciones de la OTAN) financian a los talibanes. Es una locura.
El peor impacto de la criminalización está en America Latina. Aquí, la lenta emergencia de los gobiernos democráticos – de Bolivia a Perú y de Colombia a México – peligra por la diplomacia estadounidense “anti-drogas” a través de US Drug Enforcement Agency (DEA). En vez de tratar el origen de su voraz apetito por las drogas, echan la culpa a los países pobres proveedores. Nunca la ley de la economía, que indica que la demanda siempre provoca oferta, ha sido tan mal interpretada como en la política de drogas de Washington. Los Estados Unidos gastan 40 mil millones de dólares ($40bn) en la política de los narcóticos, 1.5 millones por cada uno de sus ciudadanos.
La cocaína que se provee por rutas a través de México, lo ha convertido en un país de drogas equivalente a un estado petrolero del Golfo. Un estimado de 500 mil personas son empleadas en este mercado, todas a riesgo de sus vidas, con 45 mil soldados desplegados en contra de ellos. Los estados fronterizos están ampliamente en manos de los barones de la droga y sus ejércitos privados. En los pasados cuatro años 28,000 mexicanos han muerto en la guerra contra las drogas, Un matanza que sería un insulto a la humanidad si hubiera sido causada por cualquier otra industria (como la petrolera). La experiencia de México opaca el gansterismo provocado por el último experimento  fallido estadounidense en prohibición. La prohibición del alcohol en la preguerra.  
Como resultado, son los gobiernos Latinoamericanos y no el sofisticado oriente los que están urgidos de una reforma. Hace algunos años una corte argentina dio a los políticos estadounidenses y británicos una lección de libertad al declarar que “los adultos deben de ser libres para tomar la decisión de su estilo de vida sin la intervención del estado”. México ha declarado a los usuarios de drogas “pacientes no criminales”. Ecuador ha liberado  a 1,500 mujeres infortunadas aprisionadas como “mulas” para el traslado de drogas, mientras que el gobierno británico las ha detenido por años en Holloway.
El expresidente brasileño Fernando Cardoso y un comité previo de jueces anunciaron enfáticamente que la guerra contra las drogas ha fallado y que “la única manera de reducir la violencia en México, Brasil o cualquier otro lugar es legalizando la producción, la oferta y el consumo de todas las drogas”. En agosto de 2010, el desesperado presidente de México, Felipe Calderón, reconoció que en sus cuatro años de gobierno, financiados para la guerra contra los carteles de las drogas, había fallado y llamó al mundo para “un debate fundamental sobre la legalización de las drogas”.
La dificultad que estos países encaran es el tamaño de la industria global, creada por el oriente para satisfacer la demanda de drogas. Esta industria está presta ha desplegar medios letales contra la legalización, tal como los barones del alcohol lo hicieron contra el dar fin a la prohibición en Estados Unidos.  Inconcientemente patrocinados por décadas por los lideres occidentales y particularmente por la ONU que con su típica fatuidad, declaró en 1998 que se podría “crear un mundo libre de drogas” para 2008. Todos mantienen la ficción de que la demanda puede ser suprimida suprimiendo la oferta, lo que presenta a sus consumidores como víctimas de de los países proveedores.
El zar de la prohibición de drogas de la ONU, Antonio María Costa, confortablemente escondido y protegido en Viena sostiene que la marihuana es tan dañina como la heroína y la cocaína y quiere negar la libertad individual de los gobiernos sobre sus políticas de drogas. En sus ocho años en ese puesto, Costa, causando gran daño, ha protegido a los cárteles de la droga y sus beneficios económicos, rehuyendo encarar la legalización de las drogas. Incluso, recientemente ha declarado que los 352 mil millones de dólares ($352bn) generados por los lords de la droga han ayudado a salvar al sistema bancario mundial del colapso. Es difícil saber de que lado está.
El mal de la drogas nunca será abatido con la captura de cantidades triviales de drogas y arrestando a un número trivial de traficantes y consumidores. Esto es sólo un falso reclamo de acción. La implementación de una ley de drogas ha sido la falla regulatoria de los tiempos modernos, y con un impacto mayor en el mundo que el de la banca. . Y nada es más probable que la legalización de la mariguana se promueva tanto en Europa como en Estados Unidos, por muy sensibles que ellos sean. En noviembre, los californianos votaron la resolución 19 (Proposition 19), que le otorga a los municipios la libertad para legalizar y grabar la mariguana. Una granja en Oakland anticipó que rendirá 3 millones de dólares al año en impuestos, un dinero que el gobierno de California urgentemente necesita.
Lo anterior no servirá de nada para combatir la miseria que se está dando en México. El mundo debe llegar atener bajo control el enorme comercio ilegal. Legalizar no sólo el consumo sino la oferta. Existen evidencias de que el mercado de las drogas responderá a una regulación realista. En la Gran Bretaña, bajo el gobierno Laborista, el consumo del tabaco disminuyó porque fue controlado y grabado, mientras que el consumo de alcohol se elevó porque estaba descontrolado y se abarató. Los estados europeos como Holanda Suiza y Portugal, que han descriminalizado y regulado su economía de las drogas, se han dado cuenta que se reduce su consumo La regulación trabaja, la anarquía no.
En el caso de la producción de drogas en cantidades industriales en distantes regiones del planeta, únicamente la acción internacional tiene alguna esperanza de éxito. La provisión de drogas debe ser legalizada, controlada y grabada. Esto, a excepción de la eliminación de las guerras, debe ser la mayor prioridad de los políticos de todas las naciones. El beneficio para la humanidad debe estar más allá del precio.