La cultura del engaño

Guillermo Agudelo Murguía

A mi amigo, compañero maratonista
y exitoso empresario Juan José Luna Ornelas

Desde la antigüedad muchas inteligencias han dicho lo mismo que Chuang Tzu: “Aquel que quiere tener lo correcto sin lo equivocado, orden sin caos, no entiende los principios del Cielo y de la Tierra. No sabe cómo están hechas las cosas.” Actualmente muchos científicos afirman que sin conocer los principios constructivos no se puede entender cómo funciona el universo.

La evolución, proceso fundamental del universo, está regida por dos leyes básicas, una constructiva y otra destructiva. Ambas son necesarias para que todo sistema tenga generalmente tres periodos principales:

  • Periodo constructivo (crecimiento), se da un continuo aumento del orden y la complejidad que conlleva un aumento de información.
  • Periodo de estabilización dinámica, en el cual existen lapsos de orden y de desorden.
  • Periodo de destrucción, donde la segunda ley de la termodinámica actúa con todo su poder, la entropía (desorden, pérdida de información y complejidad, etc.) del sistema se maximiza, lo que significa su extinción.

En todo sistema, físico, biológico, social o cognitivo, existe la tendencia a lo constructivo y a lo destructivo, al orden y al desorden, al conocimiento y a la ignorancia, y esta tendencia facilita la manipulación de los seres humanos.
El desorden, la destrucción, la pérdida de información, etc., están bien estudiados y sabemos que su ley básica, la segunda ley de la termodinámica, se aplica en casi todos los ámbitos. De hecho los biólogos la consideran la única ley que rige la evolución y aducen que lo constructivo es sólo producto del azar y la necesidad, aunque como dijo José Vasconcelos, el azar desconcierta y la necesidad embrutece.
El asunto del orden es bastante antiguo. El filósofo griego presocrático Heráclito fue quizá el primero en proponer como principio un logos u orden racional subyacente en el universo. Zenón y los estoicos siguieron y extendieron esta línea de pensamiento. El antiguo concepto chino de Li, aunque ha sido traducido en diferentes formas, está probablemente más cerca del significado que le dio Heráclito que del dado por cualquier otro pensador occidental, a excepción de Zenón.
En el siglo XX, Albert Einstein, a través de un conocido debate con Niels Bohr que se ha prolongado entre dos de los más eminentes físicos que aun viven, Roger Penrose y Stephen Hawking, mantuvo que existe un orden fundamental. Basado en el principio de incertidumbre de la mecánica cuántica, Bohr argumentó contra el punto de vista de una realidad física determinista. Convencido de que “Dios no juega a los dados”, Einstein se rehusó a aceptar la posición de Bohr, pero éste, mejor sofista, se impuso. Ahora, aunque la corriente principal de la ciencia lo niega nos damos cuenta de que Einstein tenía razón. Más recientemente, David Bohm, un físico teórico, ha demostrado que la aparente aleatoriedad de la mecánica cuántica puede bien reconciliarse con el concepto de un orden profundo. Y Fritjof Capra va más allá al señalar que “El diseño de los principios de nuestras futuras instituciones sociales debe ser consistente con los principios de organización que la naturaleza ha desarrollado para el sustento de la red de la vida. Es esencial […] un marco conceptual unificado para comprender las estructuras materiales y sociales.” (NOTA 1)
Todo esto es innegable; La naturaleza logró producir al Homo sapiens, biológicamente un sistema sumamente complejo, pero hasta ahí, porque las especies no evolucionan solas, evolucionan los ecosistemas y, como vemos, el ser humano, aunque se encuentra en la etapa de evolución dinámica, no ha procurado el aumento de orden y complejidad sino que ha tomado el camino más fácil, el de la destrucción, anticipando quizá el periodo final de todo sistema.
Todos los individuos poseen tendencias, tanto altruistas como tramposas o tendientes al engaño, pero para evolucionar (creemos que la evolución será ya sólo en el orden social) debe predominar lo constructivo, el orden, la complejidad y estamos muy lejos de esto, al grado de que consideramos una evolución social consciente como mera utopía.
Se presenta la hipótesis, basada en la observación, de que el ser humano ha forjado una sociedad fundada en el engaño y con una gran confusión en el conocimiento debido a la ignorancia o el desprecio hacia las leyes naturales que nos gobiernan. Esta destrucción de la complejidad junto con la ignorancia y el desorden que conllevan, incrementan la tendencia de los sistemas hacia estados de equilibrio, hacia su extinción prematura.

La génesis del engaño

El ser humano es una bestia bípeda entrenada durante cuatro millones de años de evolución (contados desde que bajó del árbol) para mentir en las formas más sutiles, de las cuales hoy por hoy las más prestigiosas son la palabra y las ecuaciones.

- Fernando Vallejo (NOTA 2)

Las acepciones de la palabra “engaño” que se usarán en este trabajo son:

  • Dar a la mentira apariencia de verdad.
  • Inducir a otro a tener por cierto lo que no es, valiéndose de palabras o de obras aparentes y fingidas.
  • Producir ilusión.
  • Entretener, distraer.
  • Ganar la voluntad de algunos con halagos, para conseguir de ellos algún beneficio.
  • Cerrar los ojos a la verdad, por ser más grato el error.
  • Equivocarse.
  • Decir verdades incompletas.
  • Ocultar información.

Desde la aparición del Homo sapiens, cuya emergencia aún no tenemos bien conocida, el engaño en todas sus formas siempre lo ha acompañado. Haciendo un recuento breve de la historia desde este enfoque se pueden tratar casi todas las actividades y las áreas de conocimiento. Probablemente la más antigua de las actividades intelectuales sea la espiritualidad, que aparentemente surgió con los neandertales una variedad del Homo sapiens, (NOTA 3) que según parece enterraban a sus muertos en posiciones determinadas y les colocaban flores con algún propósito relacionado con el trasmundo.
En el Homo sapiens esta característica se confirma, incrementada, al descubrirse tumbas con características semejantes pero más refinadas: restos de construcciones pétreas donde los astros eran observados y adorados.
El ser humano siempre ha tenido miedo óntico, y de éste y de su espiritualidad una minoría de aprovechados (políticos muy inteligentes, los llama el sofista Critias) crearon y perfeccionaron uno de los primeros sistemas de engaño para dominar a las mayorías. Desde este momento surge la división entre los que piensan por sí mismos y los que sólo siguen lo que otros dicen.
Los chamanes y brujos fueron los primeros en utilizar el engaño, quizá al principio inconcientemente para integrar al clan o la tribu.
Los sofistas se especializaban en la descalificación del rival mediante trucos de razonamiento que se pueden considerar como las primeras enseñanzas para elaborar engaños razonados.
'Sofista’ es una palabra que significa ‘sabio’, ‘experto en el saber’. La acepción del término, por sí misma positiva, se convirtió en negativa a causa sobre todo de la toma de posición notablemente polémica de Platón y de Aristóteles. Éstos sostuvieron que, como había dicho Sócrates, el saber de los sofistas era aparente y no efectivo, y que además no se profesaba con objeto de una búsqueda desinteresada de la verdad, sino con fines de lucro. Platón, en especial, insiste en la peligrosidad […] de las ideas de los sofistas, además de su inconsistencia teórica”. (NOTA 4) Sin embargo, actualmente se distinguen tres grupos de sofistas:
1. Los grandes maestros de la primera generación, de los cuales dos son, para nuestro objetivo, los más importantes.

  • Protágoras y su principio del homo mensura: “El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en aquello que son y de las que no son en aquello que no son”. Este axioma es, según los estudiosos, casi como la carta magna del relativismo occidental y se opone a los principios de la filosofía oriental que consideran al ser humano como parte del Todo. Protágoras enseñaba como virtud la habilidad de hacer prevalecer cualquier punto de vista sobre su contrario, por lo que fue muy apreciado por los políticos.
  • Gorgias, que construye su retórica a partir del nihilismo y descubre el aspecto de la palabra por el cual ésta, prescindiendo de toda verdad, puede hacerse portadora de persuasión, de creencia y de sugestión. Es decir, Gorgias fue el primero en dar cuenta de que es fácil engañar con la palabra.

2. Los naturalistas de la sofística, de quienes extraemos algunas ideas bastante interesantes.

  • Hipias de Elis, quien concedía gran importancia a la enseñanza de la matemática y de las ciencias naturales, pensaba que el conocimiento de la naturaleza era indispensable para una vida recta, que debía ajustarse precisamente a las leyes naturales, más que a las leyes humanas.
  • Antifonte, radicalizaba la antítesis entre la naturaleza y las leyes (humanas) afirmando que la naturaleza es la verdad y la ley es la opinión, por lo cual con frecuencia se oponen. Según él, hay que seguir las leyes naturales y, cuando pueda hacerse con impunidad, transgredir las humanas.

3. Los “corruptores” de la sofística, los sofistas políticos.

  • Critias, desacralizó el concepto de los dioses, considerándolos como una especie de espantapájaros. Este concepto sobre los dioses, según él, fue introducido hábilmente por un político muy inteligente, con el propósito de hacer respetar las leyes, que por sí mismas carecen de fuerza para imponerse, más incluso cuando se carece de vigilancia sobre los seres humanos.
  • Calicles afirmaba que por naturaleza es justo que el fuerte domine al débil y que lo subyugue por completo.

Vemos en Protágoras, Gorgias y Calicles las raíces de la cultura del engaño. Ésta es una consecuencia natural del pensamiento, como lo son también las ideas, opuestas, de Hipias, Antifonte y Critias.
Desde entonces ha existido una gran controversia sobre la contraposición de la convención y la naturaleza, es decir, entre las leyes humanas y las leyes de la naturaleza. En la Antífona de Sófocles se da el conflicto entre un deber impuesto por la ley humana y otro impuesto por la ley divina. Cuando se acusa a Antígona de haber infringido la ley al practicar los ritos funerarios de su hermano, contesta a Creonte:
Porque estas leyes no las promulgó Zeus, y la Justicia, que habita en los dioses subterráneos, no ha establecido estas leyes humanas. Y no creo que tú, hombre mortal, puedas transgredir las leyes no escritas e inmutables de los dioses. No son de hoy ni de ayer; no mueren; y nadie sabe de dónde salieron. (NOTA 5)
Esta identificación de la naturaleza con las leyes divinas se perdió y las leyes humanas se impusieron con la consecuencia de que, cuando ambas se contraponen, los conflictos aparecen en las sociedades que las promulgan. Siempre ha sido así, pues toda forma de gobierno tiende a corromperse.
La aristocracia (del griego aristos, los mejores), designa una forma de gobierno surgida en la antigua Grecia, en la que el poder lo detentan unos pocos, y en la que la justificación del poder estriba en el hecho de que quienes lo detentan se consideran los poseedores de la auténtica areté (ser digno de admiración y honor). Coincide también en que son los poseedores de las tierras. Los aristócratas se consideraban a sí mismos como los que encarnaban el ideal del kaloskagathos (hombres bellos y buenos, poseedores de toda la areté) (ilusión “aria”). La decadencia de la aristocracia, según Platón, origina la timocracia, poder de los militares que, a su vez, degenera en oligarquía, en la que una minoría sin escrúpulos oprime al resto de la población. Por lo general esa minoría es la de los ricos y entonces se le denomina plutocracia.
Creemos que toda forma de gobierno degenera en oligarquía y es en ésta donde el engaño llega a su mayor expresión. La rebelión del pueblo contra la oligarquía, supuestamente, genera la democracia (poder de todos) pero, según Platón, puesto que el pueblo no está preparado para gobernar, la democracia degenera en demagogia y origina la tiranía. Lo que nos enseña la historia es que degenera en una nueva oligarquía. Platón argumentaba a favor de la necesidad de una forma de gobierno intermedia entre la democracia y la monarquía basada, a su vez, en la distinción entre dos clases de igualdad que matiza el ideal de la isonomía, que originalmente designaba la igualdad de derechos políticos y jurídicos entre los ciudadanos. Platón, en lugar de hablar de una igualdad formal, propone que cada ciudadano ocupe el lugar que le está destinado en la polis, según sus capacidades y su naturaleza, a la vez que busca el equilibrio entre democracia y monarquía. Por supuesto esto no es más que una utopía.
Es un lugar común decir que la democracia griega era casi perfecta y este engaño ha servido desde entonces a la demagogia de los políticos. Concordamos con Platón en que los pueblos no están preparados para gobernar y si nos preocupamos por ver a fondo el concepto nos damos cuenta de que en Grecia ni siquiera era democracia, era una aristocracia. El gran estadista Pericles, que era, teóricamente, un demócrata auténtico, concedió un pequeño estipendio a los jurados de los tribunales a fin de que tan delicada función no fuese un monopolio de los ricos (NOTA 6) y con esto introdujo la corrupción en una incipiente democracia que tuvo desde su inicio dificultades de aplicación a causa del desequilibrio económico entre las clases. Su mejor arma política fueron las obras públicas. Además, gobernó casi cuarenta años seguidos con más poderes que cuantos le reconocía la Constitución. ¡Y ésta fue la “época de oro” de la “democracia” griega!
La democracia griega no debe tomarse más que como un antecedente. Si no hubiera habido democracia en Grecia, quizá no conoceríamos otras formas de gobierno. Defectuosa, injusta, aunque necesaria en el desarrollo de otras formas de gobierno a las cuales no hemos llegado.
La verdadera democracia, en cualquiera de sus versiones, será siempre una utopía porque en principio no es viable su aplicación, ya lo dijo Platón, con el agravante de que nació corrupta y muchas de sus leyes se oponen en varios aspectos a las leyes de la naturaleza.
Los apologistas de la democracia, que son la mayoría de los políticos y estudiosos de las teorías políticas, insisten en que la democracia es, actualmente, el mejor sistema de gobierno (Según Churchill, el peor… salvo cualquier otro). No nos queda muy claro que la sociedad contemporánea esté en mejor situación que en cualquier época de los griegos. La inseguridad, la decadencia de los valores éticos, la ignorancia, la búsqueda desenfrenada de la satisfacción de los placeres, etc., afecta a un mismo porcentaje de gente que en cualquier época anterior. Por supuesto que cada quien habla de la feria según le va en ella.
La democracia contemporánea no es más que demagogia. Siento que la visión que nos presentan quienes la defienden a ultranza, apoyando su posición en una supuesta superioridad sobre la griega, está fundamentada en estadísticas manipuladas.

En la antigua Grecia

Actualmente

Se pedía dirección al oráculo y no a la sabiduría o a la experiencia. Numerosos gobernantes (y gobernados, por supuesto) recurren todavía al consejo de astrólogos y todo tipo de charlatanes. Proliferan cientos de sectas y sociedades “secretas”.
El pensamiento era menos completo. En todas las épocas han existido grandes pensadores, lo que tenemos ahora es mucho más información que en su mayoría no es la deseable.
Había menos libertad. Quienes dirigen el destino de la humanidad restringen y otorgan grados de libertad a su arbitrio y conveniencia incluso hasta llegar al libertinaje en algunos aspectos.
La esclavitud era una norma. Sin embargo, sigue existiendo, con la diferencia de que no está legalizada. En Grecia los esclavos tenían ciertos privilegios, como el no pagar impuestos, y eran bien tratados.
La mujer era tratada con gran desigualdad y menosprecio. Habrá que preguntar qué beneficios les ha dado la actual democracia.
No se escuchaba la voz de todos, sino sólo de unos cuantos. Esto no necesita comentario, el engaño es evidente. Nuestra opinión, la del pueblo y la de los que saben pero no están de acuerdo con el poder, no cuenta.
La ley protegía a los ricos. Por supuesto, y ahora también. Cuando un rico se ve afectado por la ley actualmente, es seguro que el poder político está en juego.

La política, con su cultura del engaño, fue reforzada por el “maquiavelismo”, que se convirtió en el vademecum de los gobernantes. Recordemos algunas de sus máximas, que son de actualidad: El gobernante, como creador del estado, no sólo está fuera de la ley, sino que si la ley impone una moral, está también fuera de la moralidad. No hay otro patrón para juzgar sus actos sino el éxito de sus expedientes políticos para ampliar y perpetuar el poder de su estado. Maquiavelo dio abiertamente fuerza de ley al uso de la crueldad, la perfidia, el asesinato o cualesquiera otros medios, con tal de que fuesen utilizados con suficiente inteligencia y secreto para poder alcanzar sus fines: Pero conviene que cuando el hecho le acuse, el resultado le excuse; y cuando el resultado es bueno, como ocurrió en el caso de Rómulo [el asesinato de su hermano], siempre se le absolverá. Es digna de censura la violencia destructiva, no la violencia que reconstruye.
Pues la manera como viven los hombres es tan diferente de la manera como deberían vivir que quien, para gobernarlos, abandona el estudio de lo que se hace para estudiar lo que sería más conveniente hacer, aprende lo que le lleva a la ruina y no lo que debe salvarle de ella… Un príncipe que desee mantenerse en el trono tiene que aprender a no ser bueno y a servirse o no de este conocimiento según exija la necesidad… Pero no tema incurrir en la infamia que acompaña a tales vicios, si no puede, sin ellos, conservar su estado. Porque tomando en cuenta todas las circunstancias se encontrará que hay cosas que parecen una virtud y que si las sigue le llevarán a la ruina; en tanto que otras que en apariencia son vicios le llevarán, si las practica, a la seguridad y el bienestar
. (NOTA 7)
El príncipe de Maquiavelo trata el modelo casi perfecto del egoísmo y de la habilidad para engañar. Un modelo que llegó para establecerse en todas las formas del poder.
Con el arribo de la globalización vivimos bajo una oligarquía “global” que bien podría llamarse “globarquía” donde el poder se ejerce mediante las siguientes formas:

a) Poder coercitivo (poder militar externo y poder policial interno), o la habilidad de A de inducir a actuar a B mediante una fuerza efectiva.
b) Poder económico, o el control sobre los recursos (financieros, materiales o tecnológicos) mediante el cual A puede influir a B a actuar en beneficio de A.
c) Poder político, o el grado hasta el cual A puede persuadir a otros de unirse a su causa en oposición a B, como resultado de los beneficios psicológicos o materiales que los potenciales adherentes vean derivados de la causa de A.
d) Poder legal o normativo, la ventaja que A puede obtener sobre B como resultado de la elaboración de reglas de sanción por cualquier institución a la cual A y B pertenezcan. El curso de la historia es producto de las interacciones dialécticas complejas, o luchas mediante las cuales los individuos o grupos intentan auto-realizarse tanto en oposición como en cooperación entre ellos.
e) Poder mediante el engaño, El dominio que A ejerce sobre B a través de la palabra de acuerdo con las acepciones que de engaño se dieron al inicio y que es el complemento de las otras cuatro formas de ejercer el poder.

Podríamos también argumentar que vivimos en una aristocracia y no en una oligarquía. Quienes nos gobiernan lo hacen sin temores, poseen la riqueza, son dueños no sólo de las tierras, sino de la Tierra y, por supuesto, son los mejores… para engañar.
Giovanni Sartori cuenta que: El “neolenguaje” identificado por Orwell es en cambio un subproducto real, realísimo, de la sistemática propagación de lo falso aplicada por Stalin y por Hitler;” en la propaganda nazista y estalinista, “guerra era llamada paz, opresión llamada libertad, exterminio llamado solución, invasión llamada liberación”. Esta forma de engaño, el neolenguaje, en la “democracia” es más actual y está más perfeccionada que en tiempos de Stalin y Hitler porque no sólo surge en los discursos políticos de los líderes, sino en casi todos los órdenes de la cotidianidad. Es usado por los medios, en las negociaciones de todo nivel, etc.
Según Sartori, cuando afirma que en las democracias el público se forma una opinión propia de la cosa pública, no significa que el público haga todo por sí mismo y por sí solo. Sabe que hay “influyentes e influidos”, que los procesos de opinión van de los primeros a los segundos, y que en el origen de las opiniones difundidas hay siempre pequeños grupos de difusores. ¿Dónde está entonces la democracia?
¿Se debe cambiar la democracia por otra forma de encontrar la justicia a la luz de las “imperfectas leyes humanas? Es necesario primero cambiar de paradigma (en el sentido kuhniano) por uno que tome en cuenta los principios constructivos que nos permitan evolucionar socialmente, un paradigma que involucre al planeta en su totalidad, saber qué es el hombre y el papel que juega en este universo. La naturaleza ha sido un libro del que se aprende pero el Homo no tan sapiens, en su arrogancia, lo está quemando sin leerlo.
Las leyes tanto físicas como cognitivas emergen conforme se evoluciona, pero ya que el ser humano está estancado, destruyendo la complejidad del planeta, no creemos que avance al siguiente estado de la conciencia que se requiere para tener una forma de gobierno más acorde con las leyes naturales, por ejemplo la auto-organización.
Se arguye que hemos progresado. El concepto de progreso debe estar ligado a una disciplina o a una actividad específica, ya que es una serie cualquiera de hechos que se desarrollan en un sentido deseable o la creencia de que los hechos en la historia se desarrollan en el sentido supuestamente más deseable. Por tanto, mientras el ser humano, sin perder su diversidad, no tenga bien definida una meta común, no es lícito hablar de progreso más que de manera reduccionista refiriéndose a una persona, un grupo o una actividad determinada. Tecnológicamente hemos progresado; económicamente un pequeño porcentaje de la población lo ha hecho de manera sorprendente, en la adquisición de conocimiento, lo mismo; en ciertos aspectos definitivamente hemos progresado. Pero desde nuestros primitivos ancestros a la fecha, ¿la conciencia colectiva ha progresado? Lo dudamos.

El engaño en los medios masivos de comunicación

La oligarquía dominante aprovechó el surgimiento de los medios masivos de comunicación con su gran capacidad de influir en la población, para llevar a cabo un maridaje que ha incrementado su poder en forma exponencial.
En su libro “Medios y poder. El papel de la Radio y la Televisión en la democracia mexicana” (NOTA 8), la autora hace esta pregunta a una ministra de la Suprema Corte de Justicia: Uno de los grandes debates en toda América Latina tiene que ver con el poder de los medios y su regulación. Regular sin atentar contra la libertad de expresión ¿Cuál es su opinión? Y la respuesta fue: Nosotros tenemos controles disciplinarios terriblemente duros y estrictos. Tenemos un Consejo de Judicatura vigilando y sancionando a nuestros jueces. La Suprema Corte también tiene situaciones delicadas de control, pero ¿quién controla a los medios? ¿Qué sanción hay en los medios? El delito de difamación existe, y en esto hay una corriente muy importante dentro de los propios medios de comunicación para que solamente quede como una responsabilidad civil y no de carácter penal. Pero finalmente los controles son sociales. El control de los medios es básicamente social El control que tiene la población sobre los medios es su credibilidad. Es decir, si hay un medio de comunicación que transmite imprecisiones, no va a ser tan creíble para la población como otro medio de información que tiene mayor precisión en su manejo informativo. Ahí hay un control social, de credibilidad. Si nosotros dependemos de la credibilidad, de la población, los medios también dependen de su credibilidad.
Es difícil decir si esto es correcto. En la respuesta no se precisa a qué tipo de información se refiere. Si es a una información de deportes o espectáculos, por ejemplo, y es imprecisa, por supuesto que la sociedad, que de estos temas sabe mucho, retirará su credibilidad al medio. Pero si se trata de un tema de importancia, el grueso de la población aceptará, cualquiera que sea el medio de comunicación, cualquier información como verídica. ¿Y si encuentra información contradictoria? Entonces toma como buena, sin molestarse en investigar, la que más le conviene.
Es del dominio público la conducta del magnate de los periódicos William Randolph Hearst, quien ordenaba a sus reporteros relacionar cualquier desastre, en cualquier forma, con sus enemigos políticos. Sin embargo, esta conducta no era pública. Es a partir de los 80s cuando los medios, particularmente la prensa, aceptan que lo publicado puede no ser enteramente cierto, pero dado el objetivo final realmente no importa que lo sea. Así, en esa década, el Newsweek compró por una fuerte suma lo que consideró ser el diario de Adolfo Hitler. El diario resultó falso, lo que no impidió que la revista lo explotara a su máximo en una serie de artículos. Cuestionada al respecto, la revista respondió que "genuino o no, finalmente no importa" (y nosotros agregaríamos "con tal que consigamos nuestros fines"). Esto trae a colación el viejo dilema ¿El fin justifica los medios? Y caben otras preguntas ¿Cuál fue el verdadero fin de la revista? ¿Condenar o exhibir a un régimen ya juzgado por la historia? ¿O, sencillamente, incrementar el número de ejemplares vendidos? Esta conducta ha invadido todos los niveles de la sociedad: John Leo (NOTA 9) relata el caso del terapeuta de California, quien "ayudó" a convencer a una de sus pacientes de que sus padres la habían maltratado. La paciente demandó a sus padres y el profesional simplemente declaró a la prensa "no me importa si el hecho fue verdadero, lo que realmente pasó me es irrelevante."
La tecnología en sí, por extraordinaria que sea, no está divorciada de la utilización mañosa que el sistema de poder le pueda dar. La televisión es quizá la herramienta tecnológica más poderosa que los medios poseen actualmente para manipular. Es tan poderoso este medio que puede encumbrar o destruir a cualquier persona o sistema que responda, o no, a sus intereses.
El modelo que los medios han impuesto es el de los atletas y de aquellos quienes aparecen en pantalla. Las personas con inclinaciones que no sean deportivas o de entretenimiento, los geeks, no sólo son menospreciados, sino ridiculizados e inclusive acosados.
Desgraciadamente, sus reacciones llegan en ocasiones a la gran violencia ejemplificada por la masacre que dos estudiantes llevaron a cabo en una escuela de Columbine en los Estados Unidos. Michael Moore, en su película documental Bowling for Columbine, nos relata la fascinación de la cultura estadounidense por la violencia y el uso de las armas de fuego. La naturalidad de la violencia se refleja en la sociedad actual. Para este cineasta, la cultura estadounidense ha estado marcada por la paranoia, provocada por el engaño que los gobiernos utilizan para tener al pueblo siempre en espera de un agresor, lo que los ha llevado a esta desmedida afinidad por las armas de fuego. Actualmente, el sistema consumista imperante, compenetrado con los medios, estimula esta paranoia y la maquinaria comercial de armas, a la vez que justifica una economía de guerra que necesariamente los lleva a expandir su poder en el más puro estilo maquiavélico y utilizando el refinado neolenguaje.
Es notorio el doble estándar que existe en el sistema educativo. Oficialmente ninguna institución niega la importancia que el aspecto académico tiene. Sin embargo, la realidad es que el culto al deporte espectáculo que la televisión ha impulsado desmedidamente, predomina sobre la academia. Baste recordar a qué sector estudiantil se destina la mayoría de las becas y el papel que los head hunters juegan en busca de los mejores atletas para ofrecerles toda clase de estímulos y canonjías (En México se publica una “Guía Universtaria” con el subtitulo. Bares y antros en el D.F.).
De acuerdo con Pierre Bourdieu (NOTA 10), la competencia que se lleva a cabo entre diferentes aspectos de los medios se manifiesta en los índices de audiencia. La competencia entre cadenas de televisión conduce a conductas por demás discutibles. Así, el autor se refiere a la fase Thinking, la cual es una característica de aquellos supuestos intelectuales, productos de los medios, que son ostentados como especialistas en determinados aspectos. Los mismos van de programa en programa repitiendo una serie de clichés que han aprendido. Con esto, simulan erudición y rapidez de pensamiento que causan una gran impresión en la audiencia cautiva.
Este autor también habla de debates verdaderamente falsos o falsamente verdaderos. En estos debates los caracteres involucrados sólo son parte del espectáculo, no importa realmente lo opuesto que sus argumentos puedan parecer en pantalla, ellos en realidad son amiguetes, quienes van repitiendo de programa en programa los mismos argumentos. Hay gente en Estados Unidos que se gana la vida yendo de facultad en facultad haciendo dúos de este tipo.
Sartori señala que el videopoder está fabricando un hombre nuevo. Hasta ahora, el poder formador de hombre (antropogenético) del video no se ha desplegado plenamente porque se le oponen, todavía, las generaciones formadas por “cosas leídas”. Pero dentro de poco todo pasará a manos del hombre (verdaderamente unidimensional) formado por “cosas vistas”.
Obviamente al sistema de poder le conviene formar un hombre nuevo, es decir todos iguales, la diversidad es más difícil de gobernar. Hay que lograr que todos tengan los mismos gustos, la misma falta de razonamiento, la docilidad para acatar leyes en desacuerdo con las de la naturaleza, etc.
No se puede negar el papel que los medios, especialmente la televisión, ejercen en la educación de los grupos sociales. Pero hay que aclarar que la educación no tiene per se una connotación positiva: Hítler educó, Stalin educó y también educa la televisión. El problema es que la educación que se imparte está basada en información previamente digerida por los intereses y la orientación política de las cadenas televisivas. Es así que, entre muchos otros conceptos, se ha satanizado no sólo la figura masculina sino también la paternidad. Baste recordar ciertos programas de radio y televisión. Se debe mencionar también que el maniqueísmo de los caracteres de sus programas conduce a la polarización y a la intolerancia al manipular la información. Otra de sus características es la incitación que se hace, y de la cual depende, al consumismo neoliberal más salvaje. De la misma forma atenta contra la diversificación cultural al educar con patrones que llevan a la homogeneización de la cultura, conveniente a los intereses de los poderes hegemónicos.
Según una de muchas definiciones, la inteligencia es la capacidad para relacionar conceptos. La televisión inhibe esta capacidad al convertir al televidente en un ser holgazán incapaz de establecer por sí mismo estas relaciones de conceptos.
Los medios, según Mac Luhan, han hecho de la política un espectáculo semejante a un deporte donde existe un juego preelectoral que eleva a calidad de héroes a los participantes, pero cuando el juego termina sólo existe un ganador, que afirma su posición y aumenta sus cualidades. Los perdedores pierden como por encanto todas las cualidades exaltadas en el “partido”, en el juego, en la confrontación.
Los grupos institucionalizados están conformados por individuos que tienen la misma percepción de que comparten su destino. Se entiende, entonces, que las circunstancias cambiantes y el medio ambiente puedan ser la causa de que los grupos se disuelvan y se fundan en diferentes configuraciones, algunas veces reteniendo vestigios del anterior arreglo. El clásico ejemplo de este fenómeno ha sido el aumento del nacionalismo, que ha obligado a la gente a unirse en una causa común, sin haber eliminado las lealtades a subgrupos, tales como la familia, una etnia o un clan. No tenemos que ir tan lejos como África, con sus luchas entre nacionalismo y tribalismo, o a la antigua Yugoslavia, basta con ver nuestro país y las batallas internas que siguen a las combinaciones colectivas. Mientras que la capacidad humana para formar grupos cohesivos ha podido permanecer constante, la configuración de las sociedades resultantes ha ido en un flujo continuo, ascendente y descendente, desde el inicio de la historia registrada.
La ciencia y el engaño
En el diario norteamericano The New York Times del 20 de diciembre de 2005 apareció un artículo titulado “Global Trend: More Science, More Fraud”, donde se alude al escándalo sudcoreano que estremeció al mundo de la ciencia la semana anterior. El Dr. Hwang Woo Suk, cuyas investigaciones lo habían llevado a la calidad de héroe nacional, fue acusado por sus colaboradores de fabricar resultados en sus relevantes estudios sobre clonación humana publicados en la prestigiosa revista Science en la primavera anterior. Pero esto no es lo más importante, sino que a través del artículo puede uno darse cuenta de que la serie de escándalos científicos se remonta a los años 70s, y aun cuando existen mecanismos de seguridad, se ha perdido la fe en ellos. Los expertos dicen que el problema es cada vez peor, a medida que se encumbran los proyectos de investigación y las revistas que publican sus resultados e interpretaciones.
La ciencia, esa extraordinaria disciplina exclusiva de inteligencias específicas, ha caído en el juego del engaño. El paradigma darwinista que la ha sesgado por casi 150 años debe ser sustituido, porque una ideología que no toma en cuenta los principios que dan lugar a aumentos de orden y complejidad está obsoleta. El neodarwinismo (la corriente dominante en la biología) no dará jamás su brazo a torcer ante las evidencias de sus insostenibles principios, pues cree que al hacerlo cederá su terreno a los fundamentalistas religiosos. Pero vale la pena leer a científicos que no están contaminados con una u otra ideología, como Fernando Vallejo, Máximo Sandín, Fritjof Capra, Brian Swimme, David Bohm y muchos otros, para darnos cuenta de que hemos estado engañados y lo seguiremos estando. Más ahora con las promesas engañosas de la tecnología y la genética, que conjuntamente nos ofrecen la esperanza, no sólo de una vida sin problemas sino hasta de la inmortalidad.
Otro aspecto de la ciencia donde se engaña a la población es negando que estamos al borde de un colapso ambiental. Naomi Orestes publicó el artículo Global Warming – Signed, Sealed and Delivered (El calentamiento global, firmado, sellado y enviado) el 24 de julio de 2006 en The Los Angeles Times. En este artículo, la autora refuta otro artículo publicado en el Wall Street Journal un mes antes, donde se asegura que en un estudio publicado se afirmaba la existencia de un consenso científico en el sentido de que el calentamiento global había sido refutado, y en una reunión del House Comité on Energy and Comerse el reclamo se había repetido la semana anterior.
La autora del artículo asegura ser autora también del citado estudio que apareció publicado en el año 2004 en la revista Science y en el cual se demuestra que no hay un desacuerdo significativo dentro de la comunidad científica sobre que la Tierra se está calentando y la actividad humana es la principal causa.(NOTA 11)
Obviamente, a las estructuras de poder que se benefician de la depredación del ambiente no les conviene reconocer que las actividades que fomentan y les reditúan enormes beneficios económicos puedan ocasionar algún daño y el engaño es el mejor aliado a sus intereses.
Lo más peligroso de esta situación es que las interpretaciones que se dan a los resultados de los estudios científicos, retroalimentan a la política y las decisiones que se toman están acordes, entonces, con el paradigma vigente: Nosotros no provocamos ningún daño ambiental, además, este universo no tiene ni pies ni cabeza, estamos aquí por casualidad. Por lo tanto explotemos la Tierra ahora que podemos y que suceda lo indefectible.

El engaño en el comercio

Otro aspecto muy importante de la cultura, el comercio, ha sido un campo propicio para el engaño y esto se ha magnificado con la publicidad, la que engaña frecuentemente con verdades a medias. Como uno de incontables ejemplos es interesante remitirnos brevemente a lo que nos dice el Dr. David Reuben: ¿Realmente la vitamina C es tan importante como nos dicen tantos artículos? Probablemente no tanto. La vitamina C es solamente uno de mil o más químicos que nuestro cuerpo necesita para funcionar bien. El juego del mercantilismo de las vitaminas es algo como esto: seleccione un químico bueno y que sea necesario diariamente. Rodéelo de una historia romántica, reúna unos pocos artículos científicos adecuados acerca de qué tan necesario es y véndalo unas 10000 veces más caro de lo que le costó. Veamos este ejemplo:
“La microcristalina vitamina B4 es traída a usted desde las misteriosas profundidades de las montañas del este. Un polvo puro blanco y brillante, que contiene dentro de sí el secreto de toda vida. Cada célula de su cuerpo clama por la B4; es absolutamente esencial para su existencia. Los científicos han probado que una deficiencia de este factor de vida puede ser responsable de pérdida de memoria, disturbios del pensamiento, palpitaciones del corazón, dolor de estómago, pobre digestión y muchos otros problemas cotidianos ¡Una deficiencia seria puede causar la muerte! Ahora está disponible en mini-tabletas y en una presentación que usted no podrá resistir: cristales de sabor que se rocían y disuelven en su comida. Proteja su salud hoy. Obtenga la vitamina B4 en su manuable empaque de gourmet.”
Antes de salir precipitadamente a obtener su “empaque de gourmet de vitamina B4, piense. La vitamina B4 no es nada más que el viejo y necesario cloruro de sodio, conocido también como sal de mesa. Pero los que comercian deshonestamente con las vitaminas no están mintiendo. Parte de la sal se obtiene de minas en las montañas. Cada célula de nuestro cuerpo necesita sal; un déficit de sal puede enfermarnos y si se pierde demasiada podemos morir. No podemos resistir a esos “cristales de sabor que se rocían y disuelven en la comida” pero es mejor comprarla como sal a $ 10.00 el kilo que como vitamina B4 a $400.00
(NOTA 12)
¿Convincente? Tal vez, sin embargo Reuben cae en el engaño pues el libro tiene como finalidad hacernos ver que la solución a nuestros problemas de nutrición es alimentarnos de productos naturales, con lo cual no tendríamos necesidad de buscar suplementos a la dieta. Pero no toma en cuenta que en la actualidad ya no podemos elegir la manera de alimentarnos ni mucho menos educar a nuestras familias a hacerlo así. Ahora comemos lo que nos dictan las grandes trasnacionales que controlan los alimentos, que los procesan como más les conviene, eliminando de ellos los nutrientes. No toma en cuenta tampoco que quien vive en ciudades contaminadas necesita de suplementos al igual que quienes envejecen. A pesar de todo no miente, como el supuesto comerciante de vitamina B4.

Conclusión

A los pueblos nos encanta engañar, que nos engañen y engañarnos, el auto-engaño, diremos. Vivimos de la esperanza y de las utopías, lo cual es puntal esencial para que los que detentan el poder nos engañen una y otra vez. Maquiavelo lo expresó muy bien al afirmar que los hombres cometen siempre el error de no saber poner límite a sus esperanzas. Pero no sólo los que detentan el poder engañan. Como lo predijo Giambattista Vico, allá por 1725, la vida en las ciudades atestadas produciría hombres que estimarían el dinero como medida de todas las cosas… que carecerían de valor civil, y emancipados de la ética vivirían en la delación y el engaño. Y así vivimos, en el engaño, engañándonos los unos a los otros en todos los órdenes.
El que siempre haya existido el engaño es inevitable y, hasta cierto punto necesario, pero se ha abusado de él hasta la saciedad. Hemos olvidado, menospreciado y desechado los principios que conducen al orden y a la complejidad, y no puede existir lo uno sin lo otro. Demasiado desorden conduce a la extinción y demasiado orden a la incapacidad para evolucionar. Los sistemas altamente ordenados no toleran un crecimiento sofisticado o mucha iniciativa humana. En contraste, las situaciones de mucho desorden, como la anarquía, rara vez se desarrollan hacia el orden, mucho menos hacia un crecimiento. Orson Wells expuso este fenómeno en términos coloridos con su celebrada observación de que tres décadas de guerras y derramamiento de sangre bajo el reinado de los Borgias también produjeron un Leonardo da Vinci, un Miguel Angel, el Renacimiento; mientras que medio milenio de paz, ley y orden en Suiza condujeron al reloj cu-cu. (NOTA 13)
Todos los sistemas han de decaer tarde o temprano, lo que nosotros marcaremos será la forma en que va a suceder. ¿El final de esta era será catástrofe final o dará origen a un crecimiento hacia un orden más justo? No es fácil predecirlo. La Tierra ha sido objeto de un deterioro como jamás se había dado y reordenarnos tardaría un tiempo demasiado largo medido por la impaciencia del ser humano.
Por lo pronto, la tendencia es a engañar más a la humanidad para poder uniformizarla y controlarla fácilmente hasta llegar, como lo insinúa Guillermo Fárber, a las nuevas “tiendas de raya”, ese sistema de esclavitud económica que imperó durante mucho tiempo en México.

NOTA: Este trabajo está fundamentado en numerosos libros y artículos. Prácticamente todo se ha dicho ya, pues no hay nada nuevo bajo el sol. Se enlistan las principales fuentes de información en las referencias y la bibliografía y se da todo el crédito a quien le corresponda en el caso de alguna omisión.

Octubre 2006

BIBLIOGRAFÍA

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CORTES, Morató Jordi y Antoni Martínez Riu. Diccionario de filosofía en CD-ROM. Copyright © 1996-99. Empresa Editorial Herder, S.A., Barcelona. Todos los derechos reservados. ISBN 84-254-1991-3.
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REUBEN, David. Everything You Always Wanted to Know About Nutrition. Simon & Schuster, New York, 1978.
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VICO, Giambattista. Principios de una Ciencia Nueva sobre la naturaleza común de las naciones. Aguilar, 5ª edición. Argentina, 1981.

REFERENCIAS

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(NOTA 2) VALLEJO, Fernando. Manualito de imposturología física. Santillana Ediciones Generales, S.A de C.V., México. 2005
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(NOTA 3) De acuerdo con el biólogo Máximo Sandín: “Desde mi punto de vista (y de otros antropólogos, incluso darwinistas) los neandertales serían una variedad (más) de Homo sapiens. Son los darwinistas más feroces los que se empeñan en que sea otra especie que fue arrollada por los “superiores”
[al texto]
(NOTA 4) REALE, Giovanni y Dario Antiseri. Historia del pensamiento filosófico y científico. I. Antigüedad y Edad Media. Herder Editorial, S.L. 3ª edición 1ª reimpresión. España, 2004.
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(NOTA 5) SABINE, George H. Historia de la teoría política. Fondo de Cultura Económica. Tercera reimpresión, México, 2000.
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(NOTA 6) MONTANELLI, Indro, Historia de los Griegos, Plaza & Janes, colección Historia Viva. Barcelona, 1998.
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(NOTA 7) MAQUIAVELO, Nicolas. El príncipe. Alianza Editorial, Madrid, 2000.
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(NOTA 8) CANTÚ, María Elena. Medios & Poder. El papel de la Radio y la Televisión en la Democracia Mexicana. Norma Ediciones, S.A de C.V. México, 2005.
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(NOTA 9) LEO, John. Incorrect Thoughts. Transaction Publishers. USA y UK, 2001
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(NOTA 10) BOURDIEU, P. Sobre la televisión. Anagrama, colección Argumentos 197 Barcelona, España, 1996.
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(NOTA 11) Se puede ver el artículo completo en http://www.truthout.org/issues_06/072406EA.shtml
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(NOTA 12) REUBEN, David. Everything You Always Wanted to Know About Nutrition. Simon & Schuster, New York, 1978.
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(NOTA 13) HALL, George M. The Ingenious Mind of Nature (Deciphering the Patterns of Man, Society, and the Universe). Plenum Trade. Nueva York y London, 1997
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