Comer del suelo: Por qué una vida limpia es mala para usted

Scientific American publicó el 29 de enero de 2012 un artículo titulado “Eating off the Floor: How Clean Living Is Bad for You”, cuyo autor, Rob Dunn habla sobre su reciente libro donde expone una tesis interesante sobre los peligros de una higiene exagerada.

Damos aquí un breve resumen del artículo.

10 pasos para llevar una vida más sana y con más abundancia adoptando las bacterias que nos rodean

A grandes rasgos, una vida (no muy) sucia es buena y una vida (muy) limpia es mala. En parte, estamos formados por bacterias, si hubiéramos de deshacernos de toda vida en nuestra piel y sistema digestivo casi con certeza moriríamos. Pero lo expandí para incluir una idea ligeramente más compleja: la hipótesis de la higiene, cuyo argumento es más o menos el siguiente. Los seres humanos cambiamos una existencia rural al aire libre por estilos de vida urbanos, en departamentos con ventanas selladas y superficies que son limpiadas constantemente con productos antibacterianos. Esta transición nos robó la oportunidad de “ensuciarnos” afuera. También “limpió” muchas de las especies con las que necesitamos convivir porque nos permiten ensuciarnos sin enfermar. Esta combinación causó que muchos de nuestros sistemas inmunes no se desarrollaran normalmente.(Nota 1) Como consecuencia, nuestros sistemas inmunes tienden a “echarse a perder” cuando vivimos en ciudades. Se rebelan contra nosotros bajo las formas del asma,  las alergias, la enfermedad de Crohn, la enfermedad inflamatoria intestinal y, dependiendo a quién le preguntes, quizá hasta la esclerosis múltiple y el autismo. En otras palabras, una vida limpia de cierto tipo puede ser la raíz de la mayoría de las enfermedades crónicas modernas.

La hipótesis de la higiene es, a la vez, elegante, general, importante, vaga y muy poco estudiada. Se sabe muy poco sobre cómo un cambio en las bacterias que nos rodean pueda afectar de forma negativa nuestro sistema inmune (aunque esto seguramente cambiará pues el número de científicos que estudian este problema está creciendo). Todavía menos se conoce sobre cómo se alteran las poblaciones de microbios en respuesta a nuestros diferentes estilos de vida. Cuando no se conoce nada, muchas cosas parecen posibles. El inicio de cualquier campo, como en este caso el de la microbiología doméstica, son igualmente fascinantes y frustrantes, una especie de lejano Oeste donde todos están armados con ideas y listos para disparar.

¿Es eso un gusano en mi colon? Algunas cosas han sido estudiadas. Se ha probado que la presencia o ausencia de gusanos en el intestino de una persona puede influir su sistema inmune. Quitarle los gusanos a alguien puede causar que adolezcan más frecuentemente de enfermedades autoinmunes. En cambio, regresarles esos gusanos los haría menos propensos a sufrir de enfermedades autoinmunes. El proceso exacto en que los gusanos afectan nuestros sistemas inmunes todavía no es conocido, pero es claro el efecto negativo de removerlos, al menos para algunas personas. Aun así, perdimos nuestros gusanos porque empezamos a usar plomería y a andar en zapatos. Cuando la gente habla de regresar a la naturaleza y dejar de ser excesivamente limpios rara vez se refieren a defecar cerca de las manos y pies de otras personas. Los mismos sistemas de salud pública que eliminaron nuestros gusanos también salvan vidas, previniendo la transmisión de otros patógenos como el cólera, de la misma manera. Pero hay más de un gusano en el fondo de esta historia.

Si la hipótesis de la higiene tiene razón, podemos anticipar que la composición de bacterias y otras especies microscópicas en individuos o en casas varían en función de nuestros estilos de vida; y, de la misma forma, nuestra salud debería variar en función de la composición de estos microbios. La buena noticia es que esta predicción es de fácil estudio.

¿Tú cómo harías el estudio? Nuestro enfoque se limitaría a muestrear los microbios de domicilios en áreas rurales y urbanas para después, en los mismos hogares, entrevistar a sus habitantes sobre su salud y bienestar, en particular sobre lo relacionado a aflicciones del sistema inmune (aún no llego pero revisa la nota cuatro cuando la veas). La hipótesis de la higiene no especifica si es la diversidad (cuántos tipos), la composición (qué tipos) o la abundancias (cuántos en total) de vida microscópica lo que importa. Los tres son mesurables. Sería relativamente sencillo, mas no barato.

En mi opinión, sospecho que sea cual fuere el resultado, probablemente depende de otros factores. No parece probable que vivir en Río de Janeiro consiste en el mismo tipo de vida urbana que, digamos, en Nueva York,  en cuestión de estar expuestos a diferentes números y tipos de especies microbianas. El clima es diferente. Las otras especies prevalentes (por ej., pájaros, murciélagos, mascotas e insectos) son diferentes. También parece que, dentro del mismo ambiente urbano, los edificios tienen diferencias en función de su arquitectura, diseño y materiales de construcción. O por lo menos uno espera eso, que cómo hagas un edificio influya a quienes lo habiten. Las palomas prefieren anidar en estructuras verticales. Casas con áticos son mejores para los murciélagos. Pero lo que sabemos suele ser de animales, y peor aún, sobre todo de animales vertebrados.  ¿Y qué pasa con los microbios? Alguien debe estudiar cómo cambian, en función de cómo y dónde vivimos. Afortunadamente, alguien lo hizo, más o menos.

En diciembre del 2011, Steven Kembel, un investigador asociado en el Centro de Biología y Ambiente Construido de la Universidad de Oregon (BioBE, por sus siglas en inglés), y sus colegas publicaron un estudio en el que comparan la composición  microbiana de cuartos de hospital que diferían de acuerdo a su diseño.

(Nota 1) S.W. Kembel, E. Jones, J. Kline, D. Northcutt, J. Stenson, A.W. Womack, B. J. M. Bohannan, G. Z. Brown y J. L. Green, 2012. “El diseño arquitectónico influye la diversidad y estructura del microbioma ambiental construido”. The ISME Journal.