Probióticos y prebióticos

comida fermentada

La Organización Mundial de la Salud define los probióticos como “organismos vivos que, cuando son administrados en cantidades adecuadas, proveen un beneficio para la salud del huésped”.

Aunque la mayor parte de la gente quizás se imagine que los probióticos son cápsulas llenas de células bacterianas viables, consumidas para influir el microbioma intestinal, la definición es más general e incluye los microbios adquiridos a través de alimentos (como el yogurt), otros microorganismos aparte de las bacterias (como la levadura Saccaromyces boulardii) y se extiende a otras partes del cuerpo además del sistema digestivo (como la cavidad nasal, la piel y la vagina).

Los prebióticos, por otro lado, se definen como sustancias comestibles que no son digeribles por el ser humano pero que estimulan actividades beneficiosas de los microbios en nuestro tracto gastrointestinal. Se cree que estas sustancias (por lo general se usan los polisacáridos, derivados de plantas) proveen sustratos de crecimiento a las poblaciones microbianas que más nos benefician para aumentar su abundancia, aunque los prebióticos también incluyen sustancias que modifican el comportamiento de los microbios sin cambiar su número. Los sinbióticos, por cierto, son preparaciones que contienen tanto compuestos prebióticos como microbios probióticos.

La historia de los probióticos es larga y está profundamente relacionada con la microbiología de alimentos, que se remonta a los primeros microbiólogos tales como Ilya Metchnikoff, quien propuso en 1907 que las bacterias productoras de ácido láctico en lácteos fermentados (yogurt, kéfir, etc.) promueven la salud y la longevidad. Otros alimentos fermentados, como el sauerkraut, el kimchi y el miso son elaborados gracias a la activad de bacterias, y a veces levaduras, y también se les considera probióticos. La mayoría de los productos probióticos que se encuentran a la venta contienen microbios adaptados al alimento mismo y no con una adaptación primaria al tracto intestinal (u otros lugares del cuerpo). Esto quizás esclarece por qué hemos detectado las cepas probióticas en las muestras de materia fecal sólo durante el periodo en que se consumen, pero no mucho después, lo que nos sugiere que estas cepas no colonizan el intestino de manera permanente (o que persisten en cantidades muy bajas e indetectables). Sin embargo, es posible que los microbios adaptados a los alimentos también brinden beneficios para nuestra salud en su paso por nuestro sistema digestivo, aunque no se conviertan en residentes permanentes. Es más, un microbio puede ser un residente permanente (o incluso prominente) del intestino delgado, donde la densidad microbiana total es relativamente baja, y ser indetectable en muestras fecales ya que la densidad poblacional de microbios en el intestino grueso es, tal vez, 10 mil veces más alta.

suplementos probioticos

La mayoría de los productos probióticos, y hasta hace poco la mayoría de la investigación sobre probióticos, involucra los miembros de dos géneros bacterianos no relacionados: Lactobacillus y Bifidobacterium. Por consiguiente, ambos son descritos ampliamente como bacterias benéficas, o hasta “las bacterias benéficas”, como si fueran las únicas buenas, pero se trata de una simplificación excesiva. Si bien algunas cepas en ambos géneros de hecho han mostrado beneficios en algunos contextos, es poco probable que todas las cepas de estos géneros sean benéficas siempre. A pesar de las afirmaciones de mercadeo de algunos fabricantes de yogurt y suplementos, no es verdad que una sola cepa ayudará a resolver cualquier problema intestinal o digestivo, ni que su abundancia es el único sello de un microbioma intestinal saludable.

Más recientemente, un espectro más amplio de tipos microbianos, incluso algunos que en verdad son nativos del cuerpo humano, están siendo investigados como probióticos potenciales; es un salto intelectual muy breve desde el descubrimiento de una actividad benéfica de un microbio en particular hasta el cuestionarse si ese microbio podría ser usado como tratamiento para gente cuya salud parece carecer de esa actividad. Si bien son prometedores, es posible que algunos de estos nuevos probióticos potenciales no resulten de fácil distribución mediante alimentos o suplementos (por ejemplo, un microbio que muere fácilmente cuando es expuesto al oxígeno). A fin de cuentas, administrar prebióticos, a través de alimentos seleccionados o suplementos, que optimicen el crecimiento de estas cepas beneficiosas podría ser la estrategia más efectiva.

La evidencia científica actual sobre la efectividad de los probióticos provee una serie de resultados dispares. Por un lado, mecanismos numerosos que vinculan los probióticos con beneficios para la salud han sido demostrados de forma convincente, tales como el bloqueo físico de sitios en el intestino delgado donde, de no ser así, se adherirían patógenos; y la secreción de moléculas que atacan de forma específica a ciertos patógenos. También se ha comprobado que algunas cepas de probióticos envían señales antiinflamatorias a nuestro sistema inmune, que puede ser una ventaja cuando la enfermedad es provocada por un sistema inmunitario hiperactivo en vez de por un patógeno (por ejemplo, alergias, asma, enfermedad inflamatoria intestinal y otros trastornos autoinmunes). Por otro lado, las pruebas clínicas de probióticos suelen tener limitaciones metodológicas o de otro tipo, así que las evidencias de beneficios reales para la salud carecen de, en muchos casos, de la solidez necesaria. Normalmente, estudios que descubren un beneficio probiótico en un contexto particular también revelan que algunas personas no reciben un beneficio mesurable en lo más mínimo (lo que coincide con la mayoría de las medicinas y otros tratamientos), así que los probióticos no deben considerarse como una cura incuestionable, aun cuando la evidencia demuestre que pueden ayudar.

ajo y cebolla

Por ahora, la evidencia más sólida sobre los beneficios de los probióticos es su capacidad de reducir la duración y/o la severidad de la diarrea, incluyendo la “diarrea del viajero”, diarrea asociada al uso de antibióticos y diarrea persistente de la infancia. Existe evidencia sólida sobre la efectividad de los probióticos para reducir el riesgo de eczema atópico y otras alergias en niños. Hay resultados prometedores en la prevención de infecciones de Clostridium difficile, infecciones de la vía respiratorias superior y del oído medio en la niñez. Estudios del uso de probióticos para aliviar la enfermedad inflamatoria intestinal han dado resultados contradictorios. La investigación actual sobre probióticos se está llevando a cabo en categorías tan diversas como las caries, el cáncer de colon, la diabetes, la depresión, la vaginosis bacteriana y la cicatrización… Y no se trata de estudios mediocres al borde de la academia científica. No existe ninguna garantía de que la investigación actual traiga consigo tratamientos útiles o estrategias preventivas pero tenemos motivos buenos para investigar cada una de estas áreas.

En el año 2000, dado el enorme potencial de los probióticos, aunado a la falta de solidez de las evidencias y en conjunto con una campaña pretenciosa de mercadeo y afirmaciones no muy bien sustentadas, que contribuyeron a un nivel bajo de credibilidad en ciertos sectores, se formó la Asociación Científica Internacional para Probióticos y Prebióticos (ISAPP). El objetivo de esta asociación no lucrativa es promover estudios científicos rigurosos y una buena política pública en esta área. Los probióticos y prebióticos no son alimentos ni son medicinas, pero requieren de un estándar de control similar al de las medicinas para corroborar sus alegaciones de beneficios a la salud.

Mi sentimiento personal es que los resultados dispares y la falta de solidez de la evidencia es natural: se trata de la interacción de (por lo menos, porque también existe un sistema de virus) dos sistemas biológicos complejos y variables a nivel individual (el microbioma humano y la fisiología humana); además, hemos contado con poco tiempo desde que descubrimos el alcance de los efectos del microbioma en la salud humana. Por lo general, no contamos con un conocimiento detallado de los mecanismos biológicos como para tomar decisiones informadas de que esta cepa de este probiótico le ayudará a esta persona (dados su microbioma y su fisiología) en esta situación. Aunque, claro, podríamos hacer una declaración idéntica para la mayoría de las medicinas tradicionales. Espero que nos acerquemos a esa meta en los próximos años y décadas conforme avance la investigación. Por lo pronto, los probióticos son un producto económico (comparados con las medicinas) y tienen un nivel de riesgo muy bajo (aunque no es cero), así que representan un tratamiento posible. Sin embargo, sería desastroso que la gente use los probióticos cuando los beneficios no son tan claros como en el caso de otros tratamientos por suponer que al modificar su microbioma a través de ellos es la mejor opción.

Para mantener una buena salud a largo plazo, en lugar de como tratamiento de una condición aguda, dudo que los suplementos probióticos sean importantes… Comer alimentos fermentados con microbios vivos me parece una mejor estrategia, aunque sabemos que tampoco es esencial. Los prebióticos, por otro lado, aseguran que un microbioma sano tendrá los recursos para conservarse a sí mismo y son benéficos para la mayoría de la gente. Pero todavía no me considero un defensor de los suplementos prebióticos. Los prebióticos en el mercado son derivados de plantas, así que tiene sentido ir directo a la fuente. Una dieta que incluya una variedad amplia de carbohidratos complejos (granos enteros, muchos tipos diferentes de frutas y vegetales) nos proveerá con más diversidad y cantidad de prebióticos que los suplementos.

Autor: Les Dethlefsen

Traducción: IIEH

Fuente: Probióticos y prebióticos