Microbios y virus en la litósfera oceánica

 Estructuras celulares

Se ha encontrado vida microbiana y viral a 2466 metros bajo el lecho o relieve oceánico, a una profundidad total de 4.5 kilómetros bajo el nivel del mar.

La expedición 337 de la Agencia de Japón para la Ciencia y Tecnología Marina y Terrestre (JAMSTEC), encabezada por el geomicrobiólogo Fumio Inagaki, obtuvo más de 1700 muestras biogeoquímicas y microbiológicas. Los resultados de la expedición se anunciaron durante el Congreso Goldschmidt, que reunió a más de 4 mil geoquímicos en Florencia, Italia, en la última semana de agosto. Después de rigurosos análisis isotópicos se determinó que hay presencia de vida, aunque posee un ritmo metabólico lentísimo y una afiliación filogenética que todavía no se ha determinado.

La expedición realizó sus perforaciones en una depresión del Pacífico cercana a la península de Shimokita, norte de Japón, y penetró 2466 metros en un estrato del relieve oceánico a 2 km de profundidad, zona cuyos sedimentos datan de hace 100 millones de años. Hasta ahora, el hoyo que abrió (C0020A) es el más profundo en la historia de las perforaciones científicas oceánicas. El número de células microbianas no es muy elevado: mil por cada cm3, mientras que el mismo volumen de tierra de la superficie en la biosfera contiene miles o cientos de millones. La proporción entre microbios y virus es de 1:10 y crece conforme aumenta la profundidad de la muestra. Al parecer, el ritmo metabólico de estos microorganismos es extremadamente lento, algunas de estas células se dividen tan sólo una vez cada 10000 años.

 chikyu JAMSTEC

Los objetivos principales de la expedición eran: obtener muestras para estudiar la relación entre la biósfera microbiana profunda y el lecho oceánico, explorar los límites de la vida en profundidades jamás antes alcanzadas en expediciones científicas de perforación. Con los nuevos datos se puede aventurar la siguiente afirmación: Los estratos profundos de carbón funcionan como reactores geobiológicos que preservan vida bajo la superficie del lecho oceánico al emanar nutrientes y sustratos de carbono. Los seres humanos necesitamos, cuanto antes, comprender la interacción entre la biósfera y la geosfera. Es probable que comunidades de microorganismos como los encontrados modifiquen la geoquímica de los sustratos donde habitan y, en cadena, influyan también en la geoquímica de la biósfera; en el ciclo de carbono, por ejemplo, o la emisión de dióxido de carbono de fuentes hidrotermales o volcanes.

Una reflexión sobre el acto, inquisitivo y destructivo, de perforar o excavar. Esta acción puede ser, a la vez, sondeo exploratorio de la ciencia y saqueo depredador de la industria. Por un lado, Curiosity perfora agujeros en piedras de la superficie de Marte para decidir si algún día existió vida en marte, expediciones rusas perforan 4 km de hielo en la Antártida para buscar vida en el lago Vostok; por otro, se han horadado minas gigantescas en busca de metales (Escondida, mina de cobre en Chile) o minerales (Mir, mina de diamantes en Rusia), y perforado el planeta entero en forma de pozos petrolíferos. Pero es a través de esta explotación rapaz que se ha logrado buena parte de los descubrimientos en varias ramas de la ciencia; es gracias a esa avidez insaciable de recursos que pueden existir expediciones científicas como la 337.

 

Autor: IIEH

Fuentes:

Exploración de la biósfera del manto profundo de carbón (Expedición 337)

Microbios de las profundidades viven lento y mucho

Grupo de Geomicrobiología

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