La extinción de una especie: Un asunto solitario

Solitario George ha muerto

Chelonoidis abingdonii, la tortuga gigante de Pinta, ya no existe. Su último ejemplar, el famoso Solitario George, murió el 24 de junio de un paro cardíaco, a una edad que se calcula entre 100 y 110 años. Solitario George se merecía este título: Desde que fue descubierto en diciembre de 1971 en la isla Pinta, fue el único individuo conocido de su especie (o subespecie, pero el hecho de que no pudiera reproducirse con subespecies similares a pesar de muchos intentos puso esta clasificación en duda).

Solitario George vivió el resto de sus tristemente célebres días en Santa Cruz, otra de las islas Galápagos, en la Estación Científica Charles Darwin, la responsable de la conservación de los ecosistemas en el archipiélago. Que descanse en paz la especie.

Así se extingue una especie en Wikipedia

Tigre de Tasmania

No es la primera vez ni será la última que se extingue una especie frente a nuestros ojos. De hecho, en inglés se ha acuñado la palabra endling (¿finezno, finillo?) para referirse al último individuo vivo de una especie o subespecie animal. Martha, muerta en el zoológico de Cincinnati en 1914, fue la última paloma migratoria. Benjamín fue el último tilacín o tigre de Tasmania, la especie carnívora marsupial más grande de la era moderna. Aunque en Tasmania había habido un movimiento para la conservación del tilacín desde 1901, por motivos políticos no fue sino hasta julio de 1936 cuando las medidas de protección fueron aprobadas... unas semanas antes de que Benjamín muriera en cautiverio, en el zoólogico de Hobart.

Por ventura también en Hobart, capital de Tasmania, murió la tristemente célebre Truganini, la última aborigen de Tasmania (los Palawa). Truganini nació en 1812 y vivió en una época muy turbulenta para los de su etnia: su madre fue asesinada por cazadores de ballenas, su primer prometido murió al intentar salvarla de ser secuestrada, sus hermanas fueron raptadas y vendidas como esclavas, recibió un balazo en la cabeza. El gobierno local inglés había ofrecido una recompensa por la captura de niños y adultos aborígenes bajo el pretexto de protegerlos. Las siguientes décadas se distinguieron por la persecución violenta, la proliferación de enfermedades de origen europeo y la conversión masiva al cristianismo. Para 1856 sólo sobrevivían, de una población anterior calculada en unos 10 mil nativos, 46 personas, incluyendo Truganini, que fueron aislados en una reserva. En 1869, murió su último compañero y Truganini se convirtió en la única superviviente hasta su propia muerte en 1873, que significó el fin de la lengua de Tasmania y la extinción de los Palawa. Dos años después su cuerpo fue exhumado y expuesto en el museo de la Royal Society de Tasmania.

El 7% de las 6,900 lenguas vivas se consideran a punto de la extinción y los lingüistas predicen que más de la mitad del total estarán extintas para fines de este siglo. Algunos de los últimos hablantes de lenguas casi muertas describen una soledad peculiar, un peso que los aplasta cada día de sus vidas. Debe ser, sin duda, una sensación distinta a otras soledades y tal vez se atisba en la postura de Solitario George y en la mirada de Truganini.

Solitario George a pocas semanas de su muerte         Truganini en 1866, a los 54 años

 

Autor: IIEH

Fuentes:

La noticia de la muerte de Solitario George

Leer más:

Solitario George

Últimos hablantes de lenguas muertas

Martha, la última paloma migratoria