Homo naledi

Representación escultórica y especimen casi completo del Homo naledi
 

Un grupo de paleontólogos ha descubierto una nueva especie del género Homo, el H. naledi, que se cree marcaría la división con los australopitecinos.

Hace dos años, Steven Tucker y Rick Hunter, dos jóvenes aficionados a la espeleología, dieron con un verdadero tesoro de fósiles de homínidos en el sistema de cuevas Rising Star, al noroeste de Johannesburgo, Sudáfrica. Un tesoro que consiste, hasta la fecha, de más de 1500 fragmentos de huesos de varios individuos. Este complejo de cuevas, compuesto por niveles de dolomías (roca sedimentaria de carbonato de calcio y magnecio) precámbricas, comenzó a formarse hace unos tres millones de años y forma parte del conjunto de yacimientos paleontológicos conocido como la Cuna de la Humanidad. El Niño de Taung, célebre fósil de Australopithecus africanus, fue hallado allí hace 90 años.

El estudio que relata los pormenores del hallazgo se publicó en la revista eLife y fue dirigido por Lee Berger, el mismo paleoantropólogo que en 2008 descubriera los fósiles de Australopithecus sediba, datados de hace dos millones de años. Para llegar a la galería que contenía los 1550 fragmentos de la nueva especie descrita, el Homo naledi, es necesario cruzar por dos túneles que no superan los 25 cm de diámetro: el Paso de Supermán y la Espalda del Dragón. Los especímenes estaban al fondo de una galería casi inaccesible de la cueva, nombrada la Cámara de Dinaledi, que en el leguaje sesotho significa “estrella”. De hecho, Lee Berger tuvo que publicar una convocatoria para los “antropólogos más esbeltos con experiencia en espeleología”, a fin de extraer los fósiles. Los elegidos después de una serie de audiciones fueron seis mujeres, encabezadas por Hannah Morris y Becca Peixotto, quienes trabajaron jornadas durísimas a lo largo de medio año para sacar los especímenes a la superficie. El hallazgo requirió tanto de la más alta tecnología como de métodos probados de la paleoantropología, así como nuevos ingenios. Por ejemplo, para extraer los huesos del material que los encapsulaba, sedimentos con un alto porcentaje de arcilla y lutita, emplearon mondadientes comunes; para planear las excavaciones, usaron escáneres 3D que dieron acceso virtual a los arqueólogos en el exterior; también fueron necesarios equipo de exploración especializado e instrumentos para monitorear los niveles de CO2 en la cámara Dinaledi.

El H. naledi es un acertijo. El equipo de excavadoras reveló restos de al menos 15 individuos diferentes repartidos en 1550 fragmentos (cráneos casi completos, por ejemplo), un número inefable en este campo, donde a veces un simple molar o fragmento de mandíbula es lo único que se conoce de una especie. Su morfología es extraordinaria: tiene características propias del género Homo, otras del género Australopithecus y otras, aún, no vistas en homininos. Eran, se cree, bípedos que alcanzaban hasta los 150 cm de altura. Por un lado, sus dientes, sus pies y sus piernas son similares a los humanos modernos; por otro, las falanges medias y próximas de sus manos se curvan de forma todavía más pronunciada que en los australopitecinos, lo que sugiere una mayor actividad arbórea. Su estructura craneal tiene un volumen muy reducido, entre 450 y 550 cm cúbicos, mientras que la del H. erectus promedia 900 cm cúbicos. En resumen, el H. naledi parece estar en el borde de la transición que dividió a los homininos de los australopitecinos.

Comparación del volumen de cráneos de H. sapiens y H. naledi
 

Si la identidad del H. naledi es desconcertante, no lo es menos el problema de cómo llegaron a esa cámara tan recóndita de la cueva Rising Star. No hay herramientas, ni nada que señale que allí fuera su morada. No hay restos ni rastros de otros animales. No hay sedimentos que demuestren el paso del agua arrastrando objetos. Las condiciones tafonómicas (de la formación de fósiles) de los huesos indican que los cuerpos fueron depositados en la galería intactos, lejos del acceso de animales no homininos, lo que puede conducir a una hipótesis de enterramiento ritual.  Esto, por supuesto, antecede a los ritos funerarios más antiguos conocidos ahora en, tal vez, varios cientos de miles de años. Otros arqueólogos sospechan que debió haber existido otra entrada, ahora ya desaparecida.

El último acertijo, y quizá el más severo, es la cuestión de cuándo estuvo activo el H. naledi. El estudio citado no resuelve esta duda porque aún no se ha determinado una fecha. Algunas de las peculiaridades que dificultarán la datación son:

  • Los fósiles se encuentran fuera del rango de datación por radiocarbono, cuyo límite superior se considera alrededor de los 50 mil años.
  • Dadas la temperatura y humedad, se considera muy poco probable la obtención de muestras que contengan ADN.
  • No se encontraron huellas de habitación animal. Es decir, no hay huesos de otras especies de mamíferos ni marcas de depredación en los fósiles.
  • No se encontraron cenizas o piroclastos de explosiones volcánicas. Es decir, no es posible lograr una datación potasio-argón (K-Ar), que tiene límites superiores de varios millones de años.
  • No se encontraron los fósiles en el material conocido como brecha. Es decir, no es posible la medición de tiempo a través de la cuantificación de la pérdida del dióxido de carbono.

Como se ve, la datación, uno de los factores claves en toda misión arqueológica, será muy difícil de aclarar en este caso. Sin datación, lamentablemente, será imposible valorar la importancia evolutiva del hallazgo. Porque así como H. naledi puede ser la primera especie de nuestro género, precediendo al H. erectus de manera más convincente que el H. habilis, también podría tratarse de una especie contemporánea del H. sapiens arcaico. O sea, una diferencia de más de un millón de años.

Representaciones esquemáticas del australopitecino Lucy, un H. erectus y H. naledi
 

Cabe señalar que el proyecto Rising Star ha hecho públicos todos sus descubrimientos. De manera ejemplar, han dado acceso abierto al estudio original, a documentos de escaneo y otros recursos. Es posible, por ejemplo, descargar la información de su página oficial e imprimir en 3D moldes de varios fósiles de H. naledi. Este acceso abierto no tiene precedentes en la arqueología, un campo donde se requiere de años y cientos o miles de dólares para lograr los mismos resultados.

Autor: IIEH

Fuentes:

Contexto geológico y tafonómico de la nueva especie de hominino, el Homo naledi

Proyecto Rising Star

Cómo imprimir tus propias réplicas 3D de Homo naledi

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