Hacia el nuevo paradigma de la cibernética de segundo orden

(Un punto de vista desde la psicología)

Claudia Brett
(4º año psicología Universidad Diego Portales)(Nota 1)

Indice
•    Introducción
•    Teoría general de sistemas
•    Cibernética de primer orden y de segundo orden
•    Cibernética de segundo orden y enfoque sistémico
•    Concepto de salud y enfermedad en psicología
•    Modelo patriarcal y ciencia
•    Enfoque constructivista
•    Bibliografía

Introducción

Ya es un hecho evidente que no podemos ignorar ni eludir. Nos estamos insertando en el nuevo paradigma de la cibernética de segundo orden. Es sólo cosa de pararse y mirar a los objetos que nos rodean, teléfonos celulares, computadores y todo el mundo digital que observamos día a día. Es un entorno de cambios acelerados, ya que cuando por fin logramos comprender un artefacto, aparecen nuevos, y con una complejidad mucho mayor. Este es el mundo de la tecnología.
En otras palabras, vamos evolucionando hacia una complejidad que aumenta incesantemente. ¿Pasará esto sólo con lo que el hombre fabrica a través de la ciencia, o también tiene que ver con una nueva forma de entender, analizar, observar no sólo el fenómeno mismo, sino la vida, la humanidad y todo lo que nos rodea en este mundo? , ¿Cuáles son las bases que asientan en esta nueva manera de entender y conocer el “realidad”?
¿Qué impacto tiene en la psicología, en nuestro rol de terapeutas y en el concepto de salud mental? Estas son algunas de las interrogantes que este ensayo pretende intentar de responder. Para entender todo aquello es necesario hacer un pequeño esbozo de los diferentes modelos que aportan a este nuevo paradigma.

Teoría general de sistemas

Lo primero que es fundamental comprender, es la teoría de sistemas, siendo ésta parte de una cibernética de primer orden, la cual obedece a un realismo ingenuo, en una epistemología positivista. Desde el sentido común sabemos que mi comportamiento afecta el de otro, y viceversa, es decir, que estamos interrelacionados.
Sin embargo, la ciencia comienza a entender los fenómenos de esa manera cuando se convierte en una necesidad para el avance tecnológico y la eficiencia de las operaciones. Anteriormente, se consideraba más práctico observar los fenómenos de forma analítica, estudiando las partes como si fuesen independientes a su totalidad, por tanto, cayendo en un reduccionismo que nos cegó por mucho tiempo de la complejidad presente de todo ser vivo. Hasta la unidad más pequeña es tan compleja como su totalidad.
Sin embargo, esta concepción cayó por su propio peso. Este esquema reduccionista y mecanicista resultada insuficiente para enfrentarse a los problemas teóricos y prácticos planteados por la tecnología moderna (Bertalanffy, 1991) Se toma por primera vez en cuenta los postulados de Bertalanffy en los años 50, donde se promueve la investigación en esta área.
Bertalanffy planteó la teoría de sistemas, la cual propone investigar isomorfismos de conceptos, leyes que sean transferibles a otros campos disciplinarios, con el propósito de mejorar la comunicación en la ciencia. (Rodríguez, 1991) El entiende todo ser vivo como sistemas abiertos en constante intercambio de información con el entorno.
Lo vivo no es más que un complejo de elementos en interacción. Cuando el contexto sociocultural necesitó de esta teoría para entender los fenómenos, a pesar de todo el avance científico y tecnológico que produjo, apareció un cierto temor al peligro de que el hombre se vuelva reemplazable, por ser simplemente una parte del engranaje. Sin embargo, la parte es tan importante como el todo, si se cambia una parte, claramente cambiará el sistema, y yo no creo que haya una persona igual a otra para que la reemplace, ni una máquina que alcance los mismos niveles de complejidad.

Cibernética de primer orden y de segundo orden

Además, se desarrolló la cibernética de primer orden que se entiende como la ciencia de la pauta y de la organización, la cual se preocupa por los procesos de control y la comunicación. Con la concepción de que no es posible considerar una parte del fenómeno separada de las otras por su interdependencia, aparece el estudio de los mecanismos de regulación como lo es la retroalimentación. (planteado por Wiener) Fundamenta la nueva teleología de la circularidad, para la mantención de un equilibrio dinámico (Jutorán, 1994).
Además, hubo una fuerte influencia de la teoría de la comunicación, proveniente de la escuela de Palo Alto, como la importancia de los contextos, eficacia de la información, la comunicación no verbal, metacomunicación, pautas que conectan etc. que aportan al entendimiento de que todo fenómeno se comporta de forma recíproca e interdependiente de su contexto.
No obstante, a pesar del enorme avance hacia el conocimiento de la complejidad de los fenómenos, todavía queda mucho camino por recorrer. En esta cibernética de primer orden, se estudian todos los fenómenos como sistemas, pero, ¿qué pasa con el observador? ¿Qué rol juega?, es decir, ¿es parte de un sistema mayor al está observando? ¿Puede incluirse en el sistema dependiendo de la unidad de análisis que se esté ocupando? Estas son preguntas que nos movilizan hacia una cibernética de segundo orden, en donde hay una necesidad de entender los límites de los sistemas, es decir, hasta qué punto yo soy parte o no del sistema.
Sin embargo, es ineludible que de todas formas lo estoy perturbando constantemente desde que lo percibo, le otorgo cualidades, lo reflexiono, y me comporto de una cierta manera en o fuera de él. Yo, como observador, desde mi experiencia, mis creencias y mi comportamiento estoy perturbando a todos lo que yo considero como sistema (estando dentro a fuera de él), teniendo en cuenta que los límites los construye el observador porque son ilusiones para poder aprehenderlos y entenderlos en su infinita complejidad, ya según mis creencias, desde los átomos al universo es solo un sistema, es decir, una unidad inseparable.
Es importante mencionar que entre la cibernética de primer orden y segundo orden hay un abismo de diferencias epistemológicas que es imprescindible ir aclarando a lo lardo de este ensayo. En la cibernética de primer orden hay una excesiva confianza en nuestros sentidos y percepciones, como si fuesen fidedignos de una realidad que esta “afuera”, en donde nuestro rol es “descubrirla” para tener un mejor entendimiento del mundo. Y no solo se observa a nivel individual cuando cada uno le otorga cualidades a los sistemas particulares, también se observa en los sistemas sociales, en donde se confía excesivamente en los concesos sociales, por ejemplo para diferenciar lo normal de lo anormal.
Es cierto que necesitamos de estos consensos en cuanto somos seres sociales, pero creer que lo consensuado es intrínsecamente verdadero es un error muy peligroso. En otras palabras, lo que caracteriza a la cibernética de segundo orden es que se funda en la premisa de que no pueden plantearse observaciones, de un sistema por ejemplo, con independencia de los observadores. Esto no es algo trivial, ya que si lo reflexionamos permite al observador adentrarse en una nueva constelación de posibilidades, donde la experiencia propia y las diversas distinciones/puntuaciones que cada uno hace de su realidad cobran una importancia crucial.
Esta pérdida de la neutralidad del observador, en la cual toda descripción es desde sí mismo, conlleva la aparición de dos conceptos fundamentales, la autorreferencia y la autonomía. Somos un sistema cerrado, por tanto, somos totalmente autorreferentes, lo cual implica que la concepción de un “afuera” no tiene sentido. A esto se le llama cierre organizacional. Para Maturana esta autonomía es la autopoiésis, que es la capacidad que tienen los seres vivos de mantener y desarrollar su propia organización. Entonces, ya no se habla de cambios en la organización, sino en la estructura, la cual puede sufrir perturbaciones, pero manteniendo su organización autónoma o autopoiética intacta.

Cibernética de segundo orden y enfoque sistémico

En lo anterior, he hecho una breve descripción acerca de la cibernética y como nos hemos ido aproximando hacia una cibernética de segundo orden, haciendo una pincelada de sus características fundamentales. Sin embargo, lo relevante es su implicancia en la psicología clínica y cómo llevamos a la práctica una concepción tan compleja de nuestra forma de conocer el mundo. Al incluir al observador dentro de lo observado, estamos advirtiendo que la neutralidad es sólo una ilusión, ya que al estar éste implicado en el sistema que observa significa que su subjetividad está juego. Lo que debemos comprender es por tanto, que la objetividad, entendiéndola desde mi punto de vista como el intento de acceder a premisas que son en sí mismas verdaderas, no existe.
Lo único que nos lleva es a la negación del otro, ya que como yo puntúo la realidad, mi visión siempre será la correcta y por tanto, la del otro incorrecta, ya sea por desinformación o porque ésta equivocado. En ese sentido yo estoy muy de acuerdo con Maturana. Debemos acceder a una objetividad entre paréntesis, en donde existen múltiples percepciones genuinas de una realidad, que va a depender de mi operación de distinción. Esta idea no es nada nuevo para el modelo constructivista, pero ¿qué pasa en la vida cotidiana? ¿Se pone la objetividad entre paréntesis en práctica?
Es una pregunta difícil de responder, porque es relativo y depende también de nuestra operación de distinción, ya que si pertenecemos a un paradigma positivista sería imposible aplicar estas premisas de manera natural. Por lo tanto, uno de nuestros roles como psicólogos es empezar a promover esta concepción constructivista, considerando este cambio paradigmático en que nos estamos insertando de a poco como sociedad.
Todavía queda una interrogante importante sin responder, ¿Cómo aplicamos este modelo a un contexto terapéutico? Desde este paradigma, la conversación que aparece en la terapia es en función del dolor o sufrimiento que lleva al sujeto a consultar.
Es un sufrimiento que es definido por el propio sistema consultante, y no por algún observador externo que según su juicio “objetivo” lo clasifique su sufrimiento como una patología. Este concepto es muy interesante discutirlo desde esta perspectiva. Debemos entender que desde una objetividad entre paréntesis no podemos situarnos desde una posición de autoridad, con una formación que nos entrega un saber “objetivo” para clasificar desde nuestra experiencia si una conducta es normal o anormal. ¿Hasta qué punto se puede hablar de psicopatología? ¿Cuál es el límite entre lo normal y lo anormal?
O a un nivel más concreto, ¿Cuál es el borde entre una estructura de personalidad normal y una psicopatológica, o entre un sistema funcional o disfuncional? Estas son preguntas que yo creo que todos nos hemos cuestionado en algún momento de la carrera. Lo interesante de la cibernética de segundo orden es que nos permite reflexionar sobre estos temas tan fundamentales, y nos permite darle el protagonismo merecido a la persona o sistema mismo que sufre el problema en su respectivo contexto.

Concepto de salud y enfermedad en psicología

Desde esta mirada se entiende que el concepto salud y enfermedad, desde la psicología es lo socialmente definido por un grupo pequeño y poderoso acerca de lo adecuado e inadecuado. Según Maturana, la enfermedad psicológica se genera cuando hay una red de conversaciones repetitivas y recurrentes que establecen dinámicas de sufrimiento en un cierto contexto. Más específicamente se podría hablar de evaluaciones sociales de contradicción emocional por intentar satisfacer expectativas contradictorias, las cuales son aceptadas como legítimas. Estas se dan en nuestro lenguajear y emocionar, en las cuales se van generando redes de conversaciones que posibilitan el sufrimiento o la “enfermedad”. Por ejemplo, cuando una familia consulta, trae a la mano un padecer que implica conversaciones que son contradictorias a las conversaciones que definen a la familia como tal.
Esta es una perspectiva muy interesante, ya que el foco está puesto en las interacciones y dinámicas que se generan en una constante construcción de experiencia a través del lenguaje. Pero no sólo es una mirada sistémica en ese sentido, sino también es de cibernética de la cibernética porque el terapeuta pasa a ser parte del sistema que está observando. Su rol es un generar cambio a través de las perturbaciones que genere en la familia y de la posible desintegración de su organización que está trayendo un sufrimiento a la mano. Otra característica fundamental, es que la terapia es un proceso de co-construcción, en donde se construye en conjunto la problemática, desde la experiencia de la familia y del terapeuta, el cual no puede dejar de lado la suya al ser parte de este nuevo sistema.
Es el único mecanismo interaccional que puede producir un cambio, desde una objetividad entre paréntesis. Para lograr aquello se debe primero indagar en la epistemología del consultante, su concepción de mundo, sus creencias, lenguaje, etc. Además, es importante estar atento a las explicaciones que da acerca del terapeuta, la terapia, y de todo el proceso en general. En ese sentido, se genera una dinámica en donde se invita al paciente o familia al cambio, considerando la plena libertad de aceptar o rechazar. Todo cambio que se facilite debería ser según las reglas del sistema, no del terapeuta.
Por lo tanto, yo creo que éste no debe situarse en una posición de autoridad, como en lo hacen en modelos más tradicionales, sino que deben situarse en un terreno común, de co-construcción de significados, necesidades, problemáticas, conflictos, etc. En otras palabras, el terapeuta y la familia van generando realidades a través del lenguaje. Nunca debemos olvidarnos de que estamos en una visión de totalidad, circularidad y curiosidad.

Modelo patriarcal y ciencia

Sin embargo, a pesar de que lo anterior tiene sentido y parece ser una forma de entender nuestra experiencia que es muy integradora, democrática, matrística, etc. todavía hay una fuerte corriente científica, objetivista, excluyente, patriarcal que pone resistencia a este nuevo paradigma. Hay contradicciones muy profundas que operan día a día.
No estoy en contra en ningún caso de la ciencia, pero sí creo que debemos poner a la ciencia entre paréntesis al igual que con la objetividad. Hay un intento constante y absurdo de mantener una objetividad como si se pudiese hablar de objetividad como tal. Por un lado, muchas personas hablan de un constructivismo pero no lo llevan a la práctica, y por otro, hay otro grupo de personas que simplemente no puede dejar de entender que no se puede hablar de una realidad independiente al sujeto. Por ejemplo, en la psiquiatría para diagnosticar un tipo de depresión se debe observar si “existe estrés ambiental (real o percibido) crónico…” (DSM IV) En aquello no se considera la experiencia del sujeto, porque si fuese así daría lo mismo si es real o percibido porque para la persona que vive el sufrimiento es lo mismo.
En este ámbito me ha tocado vivir momentos en donde opera la objetividad sin paréntesis en un contexto completamente patriarcal, en donde psicólogos creen que tienen la autoridad, el poder, y hasta la soberbia de reírse de las contradicciones de alguien que sufre una depresión y está en el psiquiátrico, como manera de enseñar a sus alumnos acerca de la conflictos ajenos.
A lo mejor fue un caso particular que me tocó experimentar, pero de todos modos es algo que debe cambiar, ya que siempre debemos estar reflexionando acerca de la ética y la humildad, por muy expertos que seamos. (Cuando digo ética, me refiero a la revisión de nuestro marco valórico emocional, no desde lo correcto o incorrecto)
Como dice Maturana, estamos ante una ceguera cultural debido a la separación del cuerpo y la mente, del observador y lo observado y del ser humano y su naturaleza. Son aspectos de nuestra experiencia que debieran ser inseparables, ya que son completamente recíprocos. Aquello nos ha llevado a la ceguera de las emociones, de la corporalidad y una limitada comprensión de la naturaleza. Además, siempre estamos mirando hacia el futuro para encontrarnos con nuestra identidad, sin vivir en el momento, en el presente.

Enfoque constructivista

Esto ha llevado a una instrumentalización de las relaciones, afectando el desarrollo de las personas, desde momentos tempranos en su infancia. Según Maturana, necesitamos intimidad en los encuentros corporales con la madre en el presente, y a través del juego, para desarrollar la autoaceptación y la aceptación del otro. Cuando esto no se cumple aparece la enajenación de nuestra corporalidad y de las emociones y a una negación del otro, lo cual provoca una ceguera para comprender que necesitamos la presencia de otro, porque el amor es una necesidad fisiológica y psicológica. Aquello me hace entender porqué hay muchas personas que aún viven en una objetividad sin paréntesis, en una cibernética de primer orden, ya que en sus conversaciones está la constante negación del otro, y la aceptación de lo propio como única verdad.
Sin embargo, yo creo que esto está cambiando, ya que las nuevas generaciones de a poco han estado reflexionando acerca de la importancia del amor, la cooperación, la colaboración, etc. y se ha ido instalando lentamente, pero aún con muchas contradicciones, este paradigma más constructivista, con una mirada de cibernética de segundo orden. Esto se observa especialmente en la juventud, que está muy abierta a la crítica, que ha aprendido a reflexionar y a cuestionar lo que aparentan ser verdades inquebrantables, reconociendo su rol activo y constructor de la sociedad.
A pesar de que este enfoque o mirada constructivista apunta a la integración y a la aceptación de nosotros mismos como observadores y a la aceptación del otro, también implica tomar conciencia de lo que significa el hecho de que cada uno vive según su operación de distinción, y que todos son válidos desde la experiencia de cada persona.
Con aquello me refiero a que debemos hacernos cargo de lo que traemos a la mano. Debemos reflexionar constantemente acerca de nosotros mismos, especialmente nosotros como psicólogos(as), que tenemos una responsabilidad ética al trabajar con personas. En otras palabras, debemos siempre estar examinando cómo participa el observador en lo observado.
A modo de conclusión, considero que estamos en la entrada de un nuevo paradigma que por primera vez intenta abordar los fenómenos en su complejidad y en la integridad en que se presentan en su contexto natural. Yo creo que estamos en el comienzo de un entendimiento más acabo del mundo y sus leyes, situándonos como observadores en el sitio que nos corresponde, sin intentar explicar más allá de lo que nos permite nuestra estructura. Por eso comparto con Cornejo, el hecho de que el observador último queda sin explicación, pero esto es porque trasciende nuestra capacidad de conocer en la medida que somos determinados estructuralmente. Esto es lo que la ciencia recién está comenzando a comprender.

Bibliografía

Bertalanffy, L (1991) Teoría general de los sistemas México: Fondo de Cultura Económica.
Keeney, B. (1987) La estética del cambio Barcelona: Editorial Paidos.
Jutorán, S (1994) El proceso de las ideas sistémico-cibernéticas. Rev. Sistemas Familiares. Buenos Aires.
Maturana, H. (1995) Desde la biología a la psicología Santiago de Chile: Ed. Universitaria
Maturana, H. (1993) Amor y juego, Fundamentos olvidados de lo humano Santiago: Ed. Instituto de Terapia Cognitiva.
Rodríguez, D. & Arnold, M (1991) Sociedad y teoría de sistemas Santiago de Chile: Ed. Universitaria.

Internet:
Kuntsmann,G. Medina, A. Barrientos, M. El operar terapéutico del Instituto de Terapia Familiar de Santiago Extraído el: 8/05/07.


Notas 1: Publicado en http://www.ecovisiones.cl/metavisiones/articulos/nuevo-paradigma-cibernetica-1.htm

octubre, 2010