¿Inmortalidad para todos?

José Gordon
Reforma, México, 9 de abril de 2015

En la novela “La ciudad y las estrellas”, Arthur C. Clarke dibuja un escenario de lo que sucederá con los seres humanos dentro de mil millones de años: las personas podrán vivir por siempre. Sus memorias se almacenarán en computadoras y se descargarán en nuevos cuerpos cada vez que deseen vivir de nuevo.

Este es uno de los relatos que marcan a Peter Thiel, un multimillonario de Silicon Valley, fundador de Pay Pal, quien pretende ganarle la partida a la muerte. En una plática que sostuve con Yuval Harari, historiador de la Universidad de Oxford, me comentó sobre esta tendencia que gana tracción en los círculos de los creadores de la revolución informática. El planteamiento de Thiel es que hasta ahora hemos tenido dos enfoques básicos ante la muerte: o la ignoramos y no queremos saber nada de ella, o la aceptamos como el destino ineludible de los humanos que Dios decretó o como una ley de la naturaleza que no podemos más que aceptar. Thiel dice que hay una tercera opción: combatirla.

Recientemente, en el Washington Post, apareció un gran reportaje titulado The Human Upgrade (La actualización del ser humano), que da cuenta de esta línea de pensamiento que es impulsada por los visionarios que crearon las más importantes firmas tecnológicas del Silicon Valley. Harari me dijo que no se trata de lunáticos que no saben de lo que hablan: “Tienen mucho poder. Estas personas tienen muy claro que quieren vencer a la muerte. No sé si lo logren pero tienen poder científico y económico para empezar a combatirla”.

El reportaje del Washington Post señala que los titanes tecnológicos que fundaron Google, Facebook, eBay, Napster y Netscape, están utilizando sus recursos millonarios para reescribir la agenda de la ciencia y transformar la investigación biomédica: “Su objetivo es utilizar las herramientas de la tecnología -los microprocesadores, los programas de software, los algoritmos y el gran almacenamiento de datos que crearon una revolución informática- para entender y actualizar lo que consideran que es la más complicada maquinaria en existencia: el cuerpo humano”.

La idea es “reprogramar”, reconstruir o regenerar distintas partes del cuerpo, órganos, las células y el ADN, de tal suerte que la gente pueda vivir mejor durante más tiempo (Ray Kurtzweil incluso piensa que estamos cerca del sueño de la inmortalidad). Para ello contribuyen fondos y recursos económicos con el fin de investigar los secretos de los organismos vivos que tienen vidas muy largas, fuera de lo común; impulsan el diseño de nanobots microscópicos que reparan al cuerpo desde el interior; fomentan el estudio de las posibilidades de reconfiguración del ADN; e incluso alientan la exploración de vías para digitalizar nuestros cerebros con la idea tremendamente especulativa de que la mente puede vivir más tiempo que el cuerpo ya extinguido (una forma de acercarse al escenario dibujado por Clarke).

No todos los visionarios están de acuerdo con el destino de estos recursos. Aunque Bill Gates aprecia el trabajo filantrópico que estos innovadores dedican a la investigación científica, no comparte el orden de prioridades. Dice Gates: “Me parece muy egocéntrico que cuando todavía tenemos malaria y tuberculosis, la gente rica contribuya recursos económicos para que puedan vivir más tiempo”.

Para Yuval Harari el problema es que las investigaciones sobre el combate a la muerte y la búsqueda de la inmortalidad sólo beneficien a los que más tienen. Esto abriría una brecha más de injusticia: “A través de la historia -comenta Harari- la muerte ha sido el gran factor de igualdad”. Como decía José Guadalupe Posada; “Güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”. Es claro que necesitamos tanto la democracia de la muerte como la de la vida. Están profundamente entrelazadas.