ENTREVISTA MÁXIMO SANDIN – PARA PROYECTO GRAN SIMIO

POR PEDRO POZAS TERRADOS – DIRECTOR EJECUTIVO (GAP/PGS-ESPAÑA)

Septiembre 2009

1.- Nos conocimos en el curso de la UNED celebrado el pasado mes de julio en Logroño, que tenía precisamente como tema principal “DARWIN”. Dimos una charla cada uno y después compartimos una mesa redonda toda la mañana. Más tarde le propuse entrar en el Proyecto Gran Simio que aceptó de buena gana haciéndose miembro del mismo y posteriormente le propusimos ser Asesor Científico, que igualmente aceptó con agrado. ¿Por qué apoya nuestro trabajo? ¿Qué significan para Vd. los Grandes Simios?

 

 

En el curso mencioné que es muy posible que su extinción esté desencadenada. Si tenemos en cuenta qué tipos de intereses gobiernan el Mundo y en qué situación han puesto a África, Sumatra y Borneo no parece que haya motivos para albergar muchas esperanzas, pero precisamente por eso es por lo que hay más motivos para luchar por ellos. Cualquier extinción es una catástrofe ecológica que acerca al derrumbe del ecosistema total. Cualquiera de las muchas que estamos provocando es un paso más hacia la catástrofe general. Los ecosistemas se rigen por complejas interrelaciones entre todos, absolutamente todos sus componentes. Cuando alguno de estos desaparece tienen una gran capacidad para “recomponerse”, pero si se van acumulando extinciones llega un momento en que las redes de relaciones se rompen y se produce un derrumbe catastrófico de todo el ecosistema. Pero en el caso de los grandes simios creo que el problema tiene un fuerte componente ético o filosófico (no sé cómo calificarlo) añadido; los grandes simios (chimpancés, gorilas, orangutanes) son algo más que especies que comparten con nosotros un antecesor común más o menos lejano: son “especies hermanas”.  Las “especiaciones”, es decir, la aparición de nuevas especies no es un proceso por el que éstas se van diferenciando gradualmente de las antecesoras. Es un proceso brusco por el que se modifican determinadas “redes” de información genética que controlan el desarrollo embrionario y que producen remodelaciones más o menos grandes  que afectan a todo el organismo. Es lo que, en términos paleontológicos se conoce como “el equilibrio puntuado”, propuesto por Eldredge y Gould y basado en la observación del registro fósil, aunque ellos no daban una explicación sobre cual era el proceso implicado. Es una descripción de lo que se observaba: las especies cambiaban bruscamente dando lugar a una o varias “especies hermanas” que permanecían en períodos de “estasis”, es decir, sin cambios o cambios poco significativos durante períodos de uno a diez millones de años hasta que un nuevo cambio repetía el proceso. También comprobaron que esos cambios coincidían con algún tipo de disturbio ambiental. Ahora se sabe que los genomas contienen una gran cantidad de “elementos móviles” que actúan (entre otras cosas) como reguladores de otros genes y se ha comprobado experimentalmente que cambian de posición (no a “cualquier sitio”) ante agresiones ambientales como radiaciones o sustancias químicas o algún otro tipo de agresión que producen lo que se conoce como “estrés genómico”. Es decir, ahora tenemos datos verificables sobre cómo se puede producir lo que se observa en el registro fósil. Por lo tanto, la evolución humana se ha debido de producir como en el resto de los animales, es decir, los chimpancés (y sus “parientes”, los bonobos) y los gorilas serían, junto con el hombre, producto de una especiación así. En cuanto al orangután, supongo que lo que voy a decir va a resultar “escandaloso” para algunos, pero creo posible (y algunos científicos chinos opinan lo mismo) que sea el resultado de un proceso semejante en Asia.  Lo cierto es que los “árboles filogenéticos” de los mamíferos se han modificado recientemente de un modo radical a partir de los conocimientos sobre sus genomas que los diferencian en tres grandes grupos: Afrotheria, Eurasiatheria y Xenarthra, con origen respectivo en África, Eurasia y Centro-Sudamérica. En los tres hay formas acuáticas, unguladas e insectívoras que, por su morfología habían sido clasificadas anteriormente como de “origen común”. La explicación genética es que existen unos complejos de genes-proteínas llamados Homeoboxes que son los que controlan la formación de tejidos y órganos durante el desarrollo embrionario que son compartidos por grupos alejados “filogenéticamente”, como, por ejemplo, mamíferos placentarios y marsupiales, algunos muy parecidos morfológicamente, aunque están muy alejados “evolutivamente” según la concepción dominante de la evolución. La evolución es un fenómeno mucho más complejo que lo que nos han intentado hacer creer.
Me estoy extendiendo demasiado, como siempre, pero he considerado conveniente las explicaciones anteriores para dar una base a lo que voy a decir ahora, también “escandaloso” (supongo): En concordancia con el “equilibrio puntuado” en el resto de los animales, los Australopithecus africanus (con las diversas “especies” de Australopitecinos gráciles) son los primeros fósiles de chimpancés, y los Australopithecus robustus (también con sus distintas “versiones”) son gorilas…. Y los Homo (de habilis en adelante) son hombres. Me resulta asombroso cómo las ideas preconcebidas sobre cómo “ha de ser” la evolución hagan que se de un gran valor a variaciones de tamaño o morfología craneal que no son mucho mayores que las que existen actualmente en los hombres para asignar “especies” diferentes a “homínidos”, como los expertos les llaman, a hombres con cultura y comportamiento humano y no se molesten en poner juntos un cráneo de chimpancé y uno de africanus o de gorila y robustus y mirar las estructuras óseas cuya única diferencia es una pequeña “acentuación”.  Claro que las características iniciales de los grandes simios no eran “tan acentuadas” como las actuales. Tampoco las de los primeros hombres. Como en el resto de los animales han sufrido, a lo largo de la “estasis” cambios no sustanciales.
Pero esto no es sólo una deducción: Marc Verhaegen, un paleoantropólogo tan lúcido como honesto (como, al parecer, ignorado), ha relacionado, mediante un estudio multifactorial, 39 caracteres craneodentales de chimpancé, gorila y hombre con los de fósiles de “homínidos”, africanus y robustus, es decir, dejando que el análisis los agrupe sin condiciones previas. El resultado es que el programa, el ordenador, agrupaba los chimpancés con los africanus, los gorilas con los robustus, y los hombres con los hombres. Sin embargo, los expertos “consagrados” en la evolución humana siguen afirmando que no hay fósiles de chimpancé ni de gorila, pero no importa “porque lo que se necesita son hombres-mono”, y siguen encontrando “especies nuevas de homínidos”.
En definitiva y tras esta “pequeña” introducción, respondo la pregunta: Los Grandes Simios son nuestras “especies hermanas”. No constituyen una familia (una denominación taxonómica tan artificial como la mayoría de ellas) que incluye los distintos géneros Gorilla, Pan, Pongo, y Homo. Si hay que clasificarlos taxonómicamente, pertenecerían a un solo género. Y si hubiera que ponerle un nombre, yo optaría por el género Homo. Si permitiéramos que se extinguieran pudiendo impedirlo, es más, el hecho de provocar nosotros mismos la extinción de nuestros hermanos en la naturaleza trascendería la catástrofe ecológica. Sería el más grave indicio de degradación, de miseria ética y moral de nuestra especie.

 

2.- ¿Han tenido consecuencias negativas para Vd. su trayectoria en contra del “bomm” darvinista? ¿Ha tenido problemas para publicar sus estudios en revistas especializadas que tienen que pasar un control científico, muchas veces manipulado? ¿Se arrepiente de ello? ¿Cómo le ha afectado a su trayectoria profesional y personal?


Supongo que mis textos poco “convencionales” dan esa impresión, pero las revistas especializadas publican trabajos especializados. Cuando hacía investigación convencional publicaba en revistas de Antropología biológica o en revistas médicas de un modo rutinario. Cuando comencé el estudio de la evolución las cosas cambiaron. Escribí un artículo en inglés (moderadamente y razonadamente crítico con el darwinismo) que estuvo dando vueltas por distintas revistas hasta que dejé de intentarlo. Creo que el motivo es que para publicar en inglés (como se sabe “el idioma científico”) no sólo hay que escribir en inglés; también hay que “pensar en inglés”. Los idiomas no sólo conllevan un vocabulario distinto, sino toda una carga cultural en lo que se refiere a la concepción del Mundo, de la realidad. Por ejemplo, en inglés selfish, el que “se preocupa por sí mismo”, el que va a lo suyo, es una condición, incluso, lógica. En español (al menos antes de la “colonización cultural”) esa condición, el egoísmo, se consideraba la de una mala persona. The fittest, el “más adecuado”, el más ajustado al sistema, es algo muy valorado en la cultura anglosajona, pero en nuestro, antiguamente menos “pragmático” país, la traducción adecuada sería “el más pringao”. Y, naturalmente, Darwin es incuestionable en el mundo anglosajón. Es su gran figura histórica que trajo “la verdad” al mundo que, curiosamente, era “la verdad” de la cultura calvinista. El otro “profeta” fue Adam Smith (iba a decir “pero esa es otra historia”, pero no, es la misma historia): “cada cual busca su propio interés”, “el egoísmo individual lleva al bien general”, “Dios bendice a los hombres laboriosos y virtuosos (fittest) (y a los pobres que les den)”, “el Mundo es para los más aptos”, etc. Los estudios sobre la evolución previos a Darwin en otros países no parecen haber existido para el ámbito anglosajón, y si hablan, por ejemplo, de Lamarck es, en todo caso, para ridiculizarle sin molestarse en saber qué decía en realidad (con el cuello de la jirafa tienen bastante).  Así que como yo me he negado siempre a “pensar en inglés” decidí publicar sólo en español (cosa que algunos colegas me han recriminado porque eso “limita la difusión”). Pero me resulta de un provincianismo acomplejado que se conceda una gran autoridad científica a un trabajo publicado en inglés aunque diga las sandeces más grandes (hay artículos de Nature o Science que son auténticas estupideces) y no se le conceda sólo porque está escrito y “pensado” en español. Así que, como en nuestro país hay unas cuantas revistas serias y de una solvencia demostrada, sólo publico, cuando puedo, en ellas. Si no se leen en otros países, no es nuestro problema. Lo malo es que en nuestro propio país los científicos, los “especialistas” tampoco suelen leerlas. Suelen leer revistas especializadas, fundamentalmente anglosajonas, en las que las publicaciones tienen que seguir los cánones “oficiales”.  Por ejemplo, si tratas de un tema que pueda tener alguna relación con la evolución y no aparece por algún lado la palabra “selección” o, al menos, “competencia”, tendrás problemas para publicarlo. Pero, en fin, lo seguiré intentando. ¿Porqué no se va a poder “hacer ciencia” en español?

En cuanto a mi trayectoria profesional, el único perjuicio ha sido el económico. Desde que dejé de publicar artículos “convencionales”, los “incentivos a la labor investigadora” se acabaron. ¿Sabía Usted que se valora más, para cada uno de los firmantes, un “paper” (en inglés) de una página sobre la actividad de una proteína firmado por seis personas, de las que cuatro no saben de qué va la cosa, que un libro? Para ser exactos, un libro no se valora. Y de las revistas españolas ni hablamos… Pero no me considero marginado. Si no acepto las reglas del juego, es normal que me quede fuera. Simplemente, no existo dentro de la “ortodoxia”. Pero mis últimos años me han hecho disfrutar mucho de mi trabajo, con mis alumnos, aprendiendo juntos, con las lecturas sobre los nuevos descubrimientos. Con la alegría que te producen los hallazgos sobre la complejidad de la información genética y su interacción con el ambiente, o sobre las increíbles actividades de las bacterias y los virus. Creo que disfrutar con tu trabajo es una gran suerte, y como no tengo prisa (ni esperanza en que se recapacite), al menos procuro ser de utilidad, aportar algo a los que lo quieran aceptar. Estar tranquilo con mi conciencia.


3.- Vd. parece que es el garbanzo negro académico pues además lucha abiertamente contra las injustitas de las farmacéuticas, los abusos de las multinacionales en materia de transgénicos, monocultivos y contra el cambio climático. ¿Se siente un científico activista de resistencia dentro de una Comunidad Científica conservadora y no abierta a nuevas ideas e investigaciones?


No soy el único que lucha contra la gran industria farmacéutica y sus negocios o contra la “biotecnología” y sus peligros. Hay científicos mucho más prestigiosos y conocidos que yo que también lo hacen. El problema es que, precisamente, es la gran industria farmacéutica y las multinacionales de la “biotecnología” (palabra acuñada en la Universidad Rockefeller) las que están en camino de adquirir el control total de la investigación biológica. Una investigación enfocada teóricamente “al bien de la Humanidad”, pero financiada por empresas con ánimo de lucro y, por tanto, con fines comerciales. Estas empresas tienen mucho dinero y tal como está estructurado el Mundo, el que tiene mucho dinero tiene mucho poder (un poder inimaginable en este caso). El problema es que se ha creado (interesadamente) una confusión alimentada por los medios de comunicación, que como sabe, se deben a sus “anunciantes”, que califican de conservadores a los que nos negamos a que se manipulen procesos que aún no son bien conocidos, incluso interpretados erróneamente, y pueden resultar muy peligrosos, y a los que nos oponemos a los enormes peligros de los alimentos transgénicos para la salud y para el medio ambiente basados en criterios científicos, nos denominan “ecologistas”, que para ellos son algo así como chicos y chicas con sandalias y flauta. Y transmiten la idea de que lo “progresista” es manipular, intentar “corregir” a la Naturaleza, sin tener conciencia de que estamos todavía muy lejos de comprender, y menos de “controlar”, los complejos fenómenos que se producen en ella.

Pero lo más grave es que hay muchos científicos “especialistas” en aspectos muy concretos de la Biología que creen inocentemente que estas “investigaciones” que son, en realidad manipulaciones mediante el método del “tiro a boleo” (es decir, vamos a probar esto a ver qué pasa), son grandes avances. Recientemente, he leído a un prestigioso y, lógicamente, premiado especialista, afirmar que la resistencia de la población a los transgénicos y a la manipulación genética es conservadora por el desconocimiento de una tecnología “tan admirable”. ¿Tendrá información el candoroso científico sobre cuales han sido los efectos reales de los cultivos transgénicos que han causado la ruina de millones de pequeños agricultores, que han contaminado biológicamente los campos de todo el mundo, que están acabando con la biodiversidad (según la FAO, se han extinguido el 75 % de los cultivos tradicionales) y están dejando la alimentación mundial en manos de unas cuantas multinacionales? Pero también recientemente, he leído un comunicado fechado el 19 de Mayo de este año,  de la Academia Americana de Medicina Ambiental (es decir, no “sospechosos” de ser ecologistas) que dice lo siguiente: “Hay una asociación más que casual entre los alimentos transgénicos y efectos adversos en la salud. Los alimentos modificados genéticamente producen serios riesgos de salud en las áreas de toxicología, alergias y función inmune, salud reproductiva y salud metabólica, fisiológica y genética. Por ello llamamos a una moratoria inmediata”. ¿Habrá leído o visto algo sobre este comunicado en los medios de comunicación?

Lo que buscan las supuestas investigaciones, que en realidad son manipulaciones de procesos naturales financiadas por estas grandes empresas son “patentes”, es decir, negocios (el de las vacunas es un negocio multimillonario). Cuando, en los grandes medios de comunicación, especialistas prestigiosos (y premiados) afirman que “cambiando los genes conseguiremos gente más inteligente y productiva” o que “cambiando los genes conseguiremos vivir doscientos años”, lo cual es, afortunadamente, imposible dado el desconocimiento que todavía existe sobre la complejidad de la información genética y su condicionamiento por el ambiente, ¿habrán pensado sobre a quien se los irían a cambiar? ¿A toda la Humanidad? Han conseguido crear una gran confusión, muy acentuada este “año de Darwin”, porque para las manipulaciones de los procesos biológicos es esencial la concepción reduccionista y determinista de “los genes” y los cambios “al azar” del darwinismo (palabras de otro “premiado”: “Como la evolución es al azar, estas manipulaciones no son mas que la aceleración de los procesos que se producen en la Naturaleza”). Una confusión que alimentan contraponiendo el darwinismo, que confunden premeditadamente con “la evolución”, con el creacionismo. El que no es darvinista es creacionista o, al menos, sospechoso. Incluso han conseguido que las personas de ideología progresista asocien a Darwin con sus ideas, porque dio una visión “materialista” de la vida, cuando no hay nada más alejado de una ideología progresista que el darwinismo. Los darvinistas cuentan que Marx envió su obra a Darwin (“el cual no la leyó”), pero no cuentan lo que escribió Marx a Engels un poco después: “En cuanto a Darwin, al que he releído otra vez, me divierte cuando pretende aplicar igualmente a la flora y a la fauna la teoría de Malthus, como si la astucia del señor Malthus no residiera precisamente en el hecho de que no se aplica a las plantas y a los animales sino sólo a los hombres —con la progresión geométrica— en oposición a lo que sucede con las plantas y los animales. Es curioso ver cómo Darwin descubre en las bestias y en los vegetales su sociedad inglesa, con la división del trabajo, la concurrencia, la apertura de nuevos mercados, las ‘invenciones’ y la ‘lucha por la vida’ de Malthus”.

En fin, claro que en el sentido de la pregunta me considero un “activista” dentro de mis escasas posibilidades de difusión. Primero, porque me siento obligado por  motivos éticos, y segundo por motivos científicos bien fundamentados. Las nuevas investigaciones llamadas “básicas”, es decir, sin fines comerciales, han puesto de manifiesto que la información genética es de una complejidad indescifrable, que depende de todo el genoma y que está condicionada por el ambiente. Y que vivimos inmersos en una inconcebible cantidad de bacterias y virus que cumplen funciones esenciales en los fenómenos naturales (el 80% de los genes de los virus existentes en los suelos, en los mares, son desconocidos en ningún ser vivo). Cuando se introducen “genes” aberrantes en la Naturaleza, cuando se “fabrican” virus recombinantes, se desata algo nuevo que se esparce por los suelos, por las aguas… Las bacterias y los virus han tenido una función creadora en la evolución. Pero también destructora…


4.- Como ya sabe, los grandes simios se encuentran en peligro de extinción y sus selvas, su hábitat, esta siendo destruida. ¿Cómo cree que la sociedad y los gobiernos podrán parar este exterminio?

La única esperanza puede estar en la sociedad si conseguimos que esta tome conciencia  de qué problema real estamos hablando. Los gobiernos (“casi” todos los gobiernos) se rigen, primero, por el “pensamiento único”, es decir, por la economía de “libre mercado”. Y mientras lo que domine el Mundo sea este sistema económico, los intereses de las empresas de las comunicaciones, las madereras, de armamento, seguirán provocando las guerras como la del “coltán”, la deforestación de Sumatra y Borneo, armando a pobres  desesperados y muertos de hambre y destruyendo los últimos reductos de nuestros hermanos evolutivos. En segundo lugar, la política se rige, se mantiene, por la inmediatez, el corto plazo. Con los problemas económicos que sufre la mayor parte de la población (gracias a este “entrañable” y solidario sistema) no creo que ni los políticos ni esta mayor parte de la población le concedan mucha importancia a este problema.

Pero, por eso mismo es por lo que es más acuciante seguir con la lucha por evitar este exterminio. Por seguir denunciándolo. Por que entiendan, los unos y los otros, que una extinción de una especie nunca es algo “normal”, lógico, sino que es un grave presagio desde un punto de vista ecológico, pero que además, en este caso su significado va mucho más allá.

5.- Los grandes simios poseen numerosas capacidades cognitivas que nos acercan aún más a nuestra especie y que sin duda son hermanos evolutivos, compañeros de camino. ¿Se siente un gran simio?

Desde el punto de vista “taxonómico” somos un gran simio. Desde el emocional los siento como mis hermanos pequeños a los que habría que dejarlos que vivieran su vida; habría que dejarlos, simplemente, en paz pero que dadas las circunstancias necesitan nuestra ayuda. Pero en la lógica darwinista la extinción de los Grandes Simios sería la consecuencia “normal” de su concepción de la evolución: “por competencia” con el Hombre. Si, según ellos, el Hombre que llaman “moderno”, es decir, el que más se parece a ellos, surgió recientemente en África y “desplazó” o “sustituyó” (que es como suavizan el término “eliminó”) a todos los hombres repartidos por el Mundo, con sus culturas cazadoras-recolectoras, con sus conocimientos sobre sus hábitats, hasta no dejar ni uno, ¿cómo no va a “desplazar” a los Grandes Simios? Por mucho que quieran disfrazar su concepción de la evolución humana y de la humanidad de “políticamente correcta” (otra cínica expresión con un origen muy concreto), en el fondo, siguen manteniendo la de su maestro. En “El origen del hombre”, Darwin afirma: “Llegará un día, por cierto, no muy distante, que de aquí allá se cuenten por miles los años en que las razas humanas civilizadas habrán exterminado y reemplazado a todas las salvajes por el mundo esparcidas / ... / y entonces la laguna será aún más considerable, porque no existirán eslabones intermedios entre la raza humana que prepondera en civilización, a saber: la raza caucásica y una especie de mono inferior, por ejemplo, el papión; en tanto que en la actualidad la laguna sólo existe entre el negro y el gorila”. La imagen que Darwin tenía del Hombre era la de una Humanidad en evolución “gradual” y ascendente, en cuya cumbre estaban los hombres importantes de los países “civilizados” (las mujeres estaban en un grado intermedio). No sé si recuerda el escándalo que provocó el Premio Nóbel James Watson hablando despectivamente de los africanos, que fue respondido por los darwinistas con una reacción “escandalizada” y “políticamente correcta”. Y es que Watson es un darwinista coherente. No se puede ser un darwinista coherente y tener una verdadera conciencia ecológica, porque las relaciones entre los seres vivos, según los darwinistas se basan en “la competencia”, la “explotación de recursos”, el “coste-beneficio”, el “éxito evolutivo”… No basta con disfrazar sus ideas empresariales de “amor a la Naturaleza”. “Su” Naturaleza es una enemiga que hay que derrotar, dominar. Es como si un nazi se declara hippy porque lleva flores en el mango de la porra.  Su concepción de “libre mercado” aplicada a la Naturaleza con su obsesión por la competencia les ha llevado a considerar “competidores” a todos los seres que la componen y está contribuyendo, aunque ellos no sean conscientes, al desequilibrio ambiental de la Tierra con sus manipulaciones de los procesos naturales.

Claro que me siento próximo a los Grandes Simios. Como me siento próximo a toda la Humanidad, y mucho más a los que Darwin llamaba “pueblos salvajes”. Para él y los que “colaboraron” en imponer su visión de la vida, Huxley, Hooker, Galton… los “salvajes” eran poco más que animales (Darwin no se cansa de repetirlo en “El origen del hombre”) y su extinción era “lógica”. Los “colonizadores” nunca se han molestado en comprender a los “primitivos”, a los “inferiores” evolutivamente. Pero cuando se han hecho estudios honestos, cuando se han intentado comprender a los pocos  que han quedado sin “desculturizar”, se ha comprobado que tenían, en muchos casos, culturas bellísimas, de una gran comprensión y comunicación con la Naturaleza. De una gran sabiduría (que no es lo mismo que “datos” ni “tecnología”) que hacía que su modo de vida en armonía con la Naturaleza podría haber durado indefinidamente sin destruirla, como está haciendo el hombre “civilizado”.

Con los grandes simios ha pasado algo parecido. Los estudios sobre sus capacidades cognitivas y emocionales nos obliga a concederles todo el respeto que se merecen. Como al resto de los seres vivos. Se ha descubierto una inteligencia sorprendente hasta en un invertebrado tan “sencillo” (tan “primitivo” evolutivamente, según la versión oficial) como es el pulpo. La idea de que los animales son como “máquinas” guiadas “geneticamente” sólo por el instinto también ha sido superada. Esto debería llevarnos a reconsiderar la utilización de animales con fines experimentales, pero en el caso de los primates en general y los Grandes Simios, dadas sus condiciones, mucho más. Es impresionante mirar a los ojos a un chimpancé o un gorila cautivo. Se te saltan las lágrimas. Se comprende la reacción de incomodidad de muchas personas (a veces se les escapan unas risitas nerviosas) cuando se encuentran frente a ellos. Creo que se sienten reflejados en ellos. Y es lógico.

 


6.- Desde el Proyecto Gran Simio estamos trabajando para que todas las selvas tropicales sean declaradas Patrimonio de la Humanidad, ya que además de conservar en su interior una gran biodiversidad (animales, grandes simios, flora, poblaciones humanas, etc.), es gran reservorio del CO2 y además conservan el sistema de vientos planetario que parten desde el ecuador a los diferentes hemisferios y que si es destruido o alterado (debido a la destrucción por parte del hombre de su ecosistema) acelera igualmente el cambio climático. ¿Qué le parece esta propuesta?

Me parece una medida absolutamente urgente. Pero si no hay un cambio radical en el depredador modelo económico del “libre mercado” no podremos evitar ir hacia el desastre. Si lo que sigue dominando el Mundo son los intereses económicos, fundamentalmente de las grandes empresas, si, como hemos visto tras la “crisis financiera” es un sistema intocable porque interesa a los poderosos, no habrá solución. Como sabrá, las grandes petroleras pagaron a científicos corruptos para que negaran la realidad del cambio climático. Ahora que ya resulta evidente para todos (excepto para los alienados, supongo) se está extendiendo un espíritu “ecológico” que astutamente han dirigido “al chocolate del loro”, es decir hacia actitudes que limpian la imagen, como poner a los ciudadanos a trabajar gratis para las empresas de reciclado, vender “tecnologías limpias” o, incluso, la idea de privatizar el agua “para conseguir un consumo más responsable”, es decir, no sólo no piensan cambiar el modelo, sino que convierten las supuestas soluciones en un negocio más. Para colmo, los países pobres que han entrado en el sistema del “libre mercado” se niegan a implantar medidas para reducir emisiones de gases de efecto invernadero porque dicen, con razón, que después de que los países ricos han provocado esta situación no van a ser ellos ahora los que paguen las consecuencias sin poder “desarrollarse”. Y como todos sabemos, en este sistema el desarrollo, “el crecimiento” ha de ser constante, sin fin, porque si no, no puede mantenerse. Es una verdadera locura.


7.- En Indonesia y en Sumatra, los orangutanes están desapareciendo por culpa principalmente de la deforestación de sus selvas  a cambio de plantaciones de Palma de Aceite que son usadas para alimentación y cosmética, pero sobre todo para biocombustible, un tipo de energía que según Europa, EE.UUl. y Brasil es el futuro energético. Sin embargo, se están matando a lideres indígenas y de campesinos en la lucha contra estos monocultivos empleados para agrocombustibles y se les esta expulsando de sus tierras. Ademas miles de hectáreas de soja, maíz, trigo, caña de azúcar, etc. son empleadas para este tipo de energía, en detrimento de la alimentación humana. ¿Qué opinión tiene al respecto?

Los grandes medios, como sabemos, pertenecientes a empresarios y grandes magnates de la comunicación, dan una información muy controlada, muy dirigida. Nos dicen quienes son “los malos” y “los buenos” y si cuestionan una actividad destructiva o una “innovación” es porque ellos (los que mandan) son partidarios de otra rival.  Para informarse de las cosas terribles que están pasando hay que recurrir a agencias “alternativas” en Internet (aunque he leído que también quieren controlar esta fuente de información, libre por el momento). Los ciudadanos medios, las mayorías, no saben qué está pasando en África, en Indonesia, en Latinoamérica…. Que las grandes compañías contratan asesinos para eliminar a los líderes sociales. Que, por ejemplo, las grandes compañías de la alimentación están comprando las mejores tierras de África para producir alimentos para sus países, alejando aún más a los africanos del acceso a la comida. Que están introduciendo los tóxicos, caros y destructivos cultivos transgénicos en África con la excusa de “luchar contra el hambre”. Les han convencido de que los agrocombustibles, otro gran negocio para las grandes empresas y que están acelerando la deforestación, son una solución al cambio climático, cuando lo que son es otro generador más de hambre… Como sabe, somos “la sociedad de la información”.

 

8.- Darwin fue en un principio ridiculizado por la prensa, caricaturado como si fuera un mono, hasta el punto de quedar inmortalizado en la etiqueta de “Anís el mono”. ¿Cómo ve Vd. estos ataques ridiculizadores de la prensa?

Hay un artículo muy interesante y muy bien documentado que circula por Internet llamado “Las puertas de la percepción” de Tim O’Sea en el que nos informa, con abundantes datos, de que “somos los seres más condicionados y programados que el mundo ha conocido jamás”. Él se refiere a la sociedad norteamericana, pero sus datos son extensibles a todas las sociedades “desarrolladas”. La manipulación interesada de la información llega a extremos inconcebibles y es de una gran sutileza. Las leyendas que se han tejido por los que controlan la información sobre la “revolución darwinista”, que, en realidad fue un reforzamiento de las ideas de los que dominaban el Mundo, convirtiéndolas en una justificación “científica” (la lucha por la vida, la supervivencia del “más adecuado”, la selección “natural”…) han conducido a hacer creer a la sociedad que Darwin, como buen “revolucionario”,  fue “un incomprendido en su tierra”. Las caricaturas de los periódicos conservadores, la reacción escandalizada de la Iglesia anglicana, que no sabían que la evolución (incluida la del hombre) llevaba un siglo siendo estudiada en las universidades europeas, el mítico debate entre Huxley y el obispo Willbeforce… Se han convertido en los tópicos muy bien dosificados que ocultan la realidad. Darwin fue magníficamente acogido por los poderosos de su país y de Norteamérica (no voy a repetir la célebre frase de John Rockefeller).  Sir Joseph Dalton Hooker, Sir Francis Galton y, especialmente, Sir Thomas Henry Huxley, los hombres que le “asesoraron” en su obra y que le encumbraron eran muy poderosos, especialmente Huxley, que fue el que “explicó” a Darwin que de lo que él pretendía hablar con “el origen de las especies” era de la evolución. Al “incomprendido” Darwin, cuyos “sencillos” textos se convirtieron en los primeros best-sellers científicos de la historia (naturalmente, los compraron los que se lo podían permitir), le hicieron miembro de las más importantes sociedades científicas y, a su muerte, fue objeto de un funeral de estado y fue enterrado, al lado de la tumba de Newton,   en la abadía de Westmister, en la que sólo estaban enterradas cinco personas no pertenecientes a la nobleza. Supongo que estos datos históricos pueden ayudar a responder la pregunta.

 

9.- Ante la presentación del Proyecto Gran Simio en el Congreso de los Diputados el 25 de abril de 2006, se originó un debate nacional en pro y en contra de nuestro proyecto, con manipulaciones de la prensa afín a la oposición (Partido Popular). Durante varias semanas los columnistas hablaban de los simios más en sentido ridículo que positivamente, con numerosos chistes al respecto. Posteriormente la prensa fue cambiando y los que nos habían criticado y atacado, comenzaron a realizar reportajes más serios y objetivos. Por otro lado internacionalmente, las agencias veían positivamente la propuesta de la Proposición No de Ley en defensa de los grandes simios. Más tarde acabada la legislatura, la PNL desapareció al disolverse las Cortes. En la segunda legislatura del PSOE (actual), el 5 de junio de 2008, fue aprobada la PNL de defensa de los grandes simios por Comisión de Medio Ambiente del Congreso. Sin embargo hasta la fecha, la PNL sigue sin cumplirse (adhesión al Proyecto Gran Simio por parte del Gobierno y una Ley de grandes simios). Ha pasado más de un año desde que la Comisión lo aprobó y el Gobierno continua mudo. Se ha efectuado una Pregunta parlamentaria del porque no se ha puesto en práctica, y el gobierno continua mudo. Una vez dicho todos estos antecedentes: ¿Por qué cree que está pasando esto? ¿De que se tiene miedo al querer conceder unos derechos básicos a unas especies que se encuentran dentro de nuestra propia familia? ¿Acaso inconscientemente continua el debate de no querer tener un mismo ancestro común?

El Partido Popular y sus medios afines se han pasado años riéndose del cambio climático (el “preclaro líder” aún está en ello). En el caso del problema de los Grandes Simios la actitud tiene el mismo origen: la incultura científica; son “tonterías”. Pero en cuanto a la idea del ancestro común no creo que en nuestro país sea ese el problema. Incluso la  Iglesia católica “admite” la evolución (claro que lo que admite es la explicación darwinista).  De hecho, el darwinismo es una ideología de derecha, porque en su origen eran ideas que justificaban las desigualdades sociales en base a las diferencias biológicas entre los individuos (con leer “El origen del hombre” se puede constatar). Es lo que ahora se denomina el determinismo genético. Pero a pesar de los disfraces nunca ha dejado de serlo. Los “inventores” de la Síntesis “moderna” (de los años 30 del siglo pasado) que se supone que es la versión “actualizada” del darwinismo, eran eugenistas, es decir, partidarios de que las personas que  consideraban “no aptas”, los marginados, alcohólicos (los pobres) y pequeños delincuentes..,  no se pudieran reproducir, y en la actualidad siguen “descubriendo” “genes” del comportamiento humano: “el gen” del alcoholismo, de la infidelidad, de la ludopatía… En el siglo pasado hubo un enfrentamiento entre científicos de distintas ideologías por estas interpretaciones. Los deterministas, es decir, los partidarios de la idea de que el orden social es una manifestación de la naturaleza intrínseca del hombre y, por tanto, inmutable, eran los darwinistas y las ideas contrapuestas que afirmaban que el ambiente y las condiciones sociales en que los individuos se desarrollaban eran responsables de gran parte de esas diferencias eran las de los llamados “ambientalistas”, de orientación lamarckista y partidarios de la construcción de una sociedad que no favoreciese la aparición de las grandes desigualdades sociales existentes. Con el poder que hay detrás del darwinismo, los deterministas van ganando por goleada en la actualidad, porque incluso han convencido a los progresistas de que son “hechos científicamente comprobados”. Y hay unas despreciables interpretaciones de las desigualdades del Mundo, de las características “innatas”, genéticas, de pueblos o grupos despreciados que han calado profundamente en la sociedad. Todo está en “los genes”. Otro gran logro social del darwinismo.

En cuanto a la actitud de los políticos, aunque esto es una opinión personal (es decir, no “científica”) creo que el PSOE tiene el grave problema de intentar hacer compatibles una ideología social de (relativas) izquierdas con una ideología económica de derechas, que es lo que en realidad es el “pensamiento único” de la economía de libre mercado, y en este aspecto las derechas les tienen “atrapados por los fondillos”, porque ellos “sí que la saben aplicar”. Claro que si los líderes sindicales dicen que el “mercado laboral” es “muy competitivo” no podemos esperar mucho más…

Para los políticos en general lo que importa es la economía (este tipo de economía). No cabe esperar que den la importancia que tiene a la extinción de los Grandes Simios. A cualquier extinción. Por lo que les he oído, su incultura científica es tan grande que creen que la Humanidad podrá seguir viviendo aunque no queden animales más que en los zoológicos. Eso sí, las manipulaciones genéticas les parecen magníficas porque son una herramienta para “el desarrollo” y “la competitividad”.


10.- Como científico, amigo y compañero defensor de la igualdad, algo más personal. ¿Qué piensa de mi libro “Voces del Planeta”? Me encantan las críticas aunque sean negativas. Tiene toda la libertad.

Como científico, lo que más valoro de este libro es su compromiso político, su compromiso con la sociedad. El corazón que pone en el amor que refleja por la Naturaleza y por todos los seres vivos y su indignación por la injusticia. Como amigo, su calidad científica en el sentido más puro de la Ciencia. La que busca las raíces, los orígenes de los problemas estudiados.

Intentaré explicar mi punto de vista sobre esto que puede parecer paradójico: Cuando se observa la grave situación ambiental en que se encuentra nuestro Planeta, la actitud de un científico no es (no debe de ser) buscar “parches” para solucionar problemas concretos (es decir, tratar los “síntomas” y dejar que todo siga igual), sino entender el origen de esta situación, porque si no se comprende cual es la causa no se pueden encontrar las verdaderas soluciones. Y si miras a fondo la gran y variada cantidad de problemas que están poniendo en peligro la supervivencia de nuestra “civilización” sobre la Tierra, como se puede ver en su libro, en todos, absolutamente en todos, está detrás la misma causa: un sistema económico aberrante, surgido cuando se pensaba que los “recursos naturales” eran poco menos que infinitos y regido por una mentalidad egoísta con un origen cultural muy concreto según la cual “cada cual busca su propio interés” pero “los vicios individuales hacen la prosperidad pública”. El gran hallazgo de “la mano invisible del mercado” según el cual es el egoísmo de cervecero, del panadero, los que hacen funcionar la sociedad (por cierto, ¿no recuerda esto la “teoría” de que es el egoísmo del “gen” el que hace funcionar la Naturaleza?), está en el origen de todas las catástrofes ambientales provocadas por el Hombre: “El libre mercado”. En mis clases de Ecología humana, que a veces resultan deprimentes, son los propios alumnos los que buscan, paso a paso, científicamente, por razonamiento lógico, el origen de problemas como la deforestación, el agotamiento y la contaminación de los mares y ríos, la falta de acceso al agua y los alimentos en los países empobrecidos (es decir no “pobres”), la extensión creciente de los tóxicos cultivos transgénicos, la vuelta de la peligrosísima energía nuclear, las siniestras actividades de la gran industria farmacéutica… La consecuencia de la investigación científica de las causas de este problema “científico”, la conclusión, es que el origen es de tipo político. Me resultan divertidos los colegas que me acusan de “mezclar ciencia con ideología”, porque hablo de “cooperación”, “igualdad y necesidad de todos los seres vivos”, “influencia del ambiente”…  porque “se me ve el plumero”, especialmente cuando critico el componente ideológico del darwinismo. Pero cuando ellos explican los fenómenos naturales en términos de “competencia por los recursos”, “coste-beneficio”, “explotación de una fuente de alimento”, “éxito evolutivo”, “el gen del alcoholismo”… me gustaría que pensaran sobre qué tipo de ideología están expresando. Los científicos que se proclaman “objetivos” y “asépticos” mientras emplean estos términos, esta concepción de la Naturaleza son, en realidad, defensores, mantenedores de las “ideas dominantes”. ¿Y qué otra cosa es el darwinismo? Por eso es por lo que considero este libro muy importante desde el punto de vista científico. De la verdadera Ciencia. La del que va a las raíces de los problemas y se implica en ellos, y pone el corazón, no sólo la cabeza, en el trabajo.

Como amigo, me admira la intensa labor científica realizada para la elaboración del libro. La visión de conjunto que los lectores pueden adquirir de los verdaderos problemas a los que se enfrenta la Humanidad y los lúcidos análisis sobre ellos. Especialmente interesante me resulta el referente al cambio climático, porque creo que la sociedad y, especialmente los políticos, no tienen conciencia de la gravedad de este problema. Incluso algunos científicos, que afirman que “la Humanidad ha sido capaz de adaptarse a cambios climáticos más graves”, porque es absurdo comparar a los cazadores-recolectores que vivían en pequeños grupos en los que todos eran capaces de asegurarse el alimento y que podían emigrar a donde hiciera falta en caso de cambios ambientales, con una sociedad hacinada en grandes ciudades que dependen, gracias al sistema del “libre mercado”, de alimentos llegados, a veces, de las antípodas y en la que nadie es capaz de buscarse el alimento por sí mismo. En ciudades e incluso países que han dejado de ser autosuficientes en términos de alimentación. ¿Se imaginan estos políticos y estos científicos que puede pasar si un aumento de tres o cuatro grados en le temperatura media anual hace que las enormes explotaciones “industrializadas” (incluidos los transgénicos), de las que depende la mayor parte de la alimentación mundial, con cultivos muy “seleccionados” y, por tanto muy homogéneos y sensibles a las condiciones ambientales, sufrieran una catástrofe en su producción? ¿Qué situación se produciría en sus ciudades?

También como amigo, este libro me hace sentirme acompañado. Lo difundiré todo lo que me sea posible. Lo recomendaré a mis alumnos de Ecología humana para transmitirles los valores de los verdaderos científicos: los que ponen el corazón, además de la cabeza, en trabajar por el bien de la Humanidad, no para hacerse ricos y famosos. Me encanta el prólogo de Miguel Jara porque creo que ha comprendido perfectamente el espíritu del libro: “las palabras de Pedro Pozas exhalan verdad por sus poros verdes. Esa verdad se basa en la sencillez de su narrar; letras, palabras, frases y párrafos, surgen de su corazón antes que de su cabeza, por eso dejan un poso de autenticidad, de coherencia y honestidad. Son las palabras necesarias”. Y también para transmitirles alguna esperanza, porque yo me siento muy pesimista y creo que, a muchos, se lo contagio. Me gustaría creer en lo que Miguel Jara afirma en el final de su prólogo: “Otro modelo de sociedad está por crear; ha comenzado a crearse, para ser más exactos. Libros como este y personas como Pedro Pozas son la simiente de verdad de esa nueva sociedad cuyo resurgir de entre las cenizas del modelo de codicia actual ya se vislumbra”.

 

11.- Por último, sin tapujos, con la verdad por delante como es habitual en Vd., comente todo lo que no haya preguntado y que cree importante decir, sea el tema que sea.

A  veces tengo la sensación de representar un papel de “rebelde incomprendido”. De “alternativo” entre los muchos que proliferan en esta sociedad desencantada, abrumada y harta de las mentiras con que pretenden adormecerla, manejarla. En palabras de Edward Bernays, sobrino de Freud y pionero en las técnicas de manipulación de masas: “Aquellos que manipulan el mecanismo oculto de la sociedad constituyen un gobierno invisible, que es el verdadero poder que gobierna nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes moldeadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas mayormente por hombres de los que nunca hemos oído hablar. /…/ En casi cualquier acto de nuestras vidas, sea en la esfera de la política, de los negocios,  en nuestra conducta social, o en nuestro pensamiento ético, estamos dominados por un número relativamente pequeño de personas que entienden los procesos mentales y los patrones sociales de las masas. Son ellos quiénes manejan los hilos que controlan la opinión pública". Pero nunca he tenido la intención de convertirme en eso. Ha sido un proceso al que me ha llevado el intentar, simplemente, cumplir con mi trabajo. Cuando comprobé las enormes “lagunas” de las explicaciones darwinistas de la naturaleza, de los dogmas que me habían enseñado, intenté buscar explicaciones científicas que pudieran “rellenar” esas lagunas. Abandoné la investigación convencional (la verdad es que no me costó, porque cuando escribía por centésima vez “Material y métodos” se me producían picores por todo el cuerpo) y me dediqué a recopilar y relacionar los datos más actualizados sobre la evolución. Cuando en 1995 publiqué “Lamarck y los mensajeros” no esperaba aplausos de mis colegas, pero tampoco las descalificaciones totales sin molestarse en leerlo que recibí de la mayoría. Comprobé que la reacción no era de un debate científico razonable, mesurado. Era una reacción visceral, emocional, como si atacase a un padre, a un profeta. A unas ideas indiscutibles. Entonces me fui a los orígenes de esta situación para intentar comprenderla. Y leí a Darwin. Y me quedé estupefacto. ¿Cómo es posible que un libro de semejante simpleza, con una confusa mezcla de algunas ideas científicas que ya se conocían, argumentos de un aficionado no especialmente brillante e ideas “populares” se haya convertido en “la obra de la que nace toda la biología moderna” y en “la más alta cumbre del pensamiento humano”? Comprobé que la única manera de conseguir una cosa así es, primero, convertir al autor en un mito y, segundo, procurar que los seguidores del mito no lo lean directamente, sino “explicar” sus grandes descubrimientos y “lo que quería decir” en realidad. Es sorprendente todo lo que se ha escrito sobre “la revolución darwinista”. Las mixtificaciones de la historia por los historiadores darwinistas. Las disquisiciones filosóficas sobre el significado del darwinismo elaboradas por filósofos sin conocimientos de biología y convencidos de que Darwin fue “el descubridor de la evolución”. “El primero que dio una explicación materialista de la vida”. La enorme cantidad de retórica de los darwinistas para explicar el poder omnipotente de la selección “natural”, idea a la que llaman “descubrimiento”. Y, finalmente, el falseamiento de las verdaderas ideas de Darwin que se pueden constatar, simplemente, leyendo sus libros. Por eso no quieren que sus adeptos lean sus libros. Porque he comprobado que una característica muy habitual de los darwinistas más fervorosos es que no han leído a Darwin. Actúan como una secta en la que siguen ciegamente a los “predicadores”. Hace poco, un honesto “darwinista convencido” me reconoció que no había leído a Darwin, porque lo que había aprendido es la versión “actualizada”. Pero la versión actualizada de un bodrio es un bodrio más grande aún. Me agobia que muchas buenas personas, gente inteligente, estén adoctrinados por el montaje darwinista y convencidos de que el darwinismo es la explicación científica de la vida, de la realidad, sin detenerse a pensar que, si en su vida, actuasen según la visión darwinista de las relaciones entre los seres vivos, la vida junto a ellos sería insoportable. Me angustia que jóvenes biólogos consideren a Richard Dawkins “un genio” por su paranoica visión de la vida que da en su “Gen egoísta”. Claro que han creado ex profeso para él la “Cátedra Simonyi para la comprensión pública de la Ciencia” ¡Menuda “comprensión” aporta Dawkins! Pero los científicos que propagan los “valores” darwinistas son muy bien recompensados.
Fue necesario mucho poder, mucha capacidad para controlar las instituciones científicas, para instaurar el darwinismo y es necesario mucho poder para mantenerlo. Las pocas personas que constituyen el verdadero poder, que son las mismas que controlan las fuentes de energía, las multinacionales farmacéuticas y biotecnológicas, tienen un gran interés en que se mantenga la concepción darwinista de la realidad (el mundo es así de terrible porque, según la Ciencia, son “leyes naturales”, y ellos están, lógicamente, en la cumbre), y la concepción reduccionista de “los genes” y el azar es fundamental para sus negocios. Las principales revistas científicas parecen un catálogo de anuncios de las empresas biotecnológicas. La investigación “aplicada”, es decir la enfocada a fines comerciales, está financiada, es decir, controlada por estas grandes empresas. Los medios de comunicación, en los que sus “expertos” son siempre fervientes darwinistas, no se cansan de transmitirnos los grandes logros que se producirán “para la Humanidad” como consecuencia de estas investigaciones… Las grandes multinacionales tienen tanto poder que son capaces de controlar las instituciones internacionales como la FAO, la OMS, algunos parlamentos e incluso las concesiones de los premios Nóbel, que son la mejor publicidad para sus negocios, como se ha comprobado con la fraudulenta concesión de este premio a Zur Hausen y el peligroso negocio de la vacuna contra el papilomavirus. Después de la “lucha contra las bacterias”, nuestras “competidoras” bajo la óptica darwinista, que ha conseguido que se extienda la resistencia a los antibióticos gracias al abuso de su utilización (de su comercialización),  ha comenzado la “lucha contra los virus”, comenzando por extender el terror en la población. El motivo real de la aparición de estos nuevos enemigos es que las patentes de los antibióticos están caducando y dejarán de ser negocio. Hay que buscar nuevos negocios, y la lucha contra los virus y las vacunas son el mejor negocio. No importa cuales serán sus efectos.
Aunque pueda parecer una extrapolación exagerada, todos estos problemas derivan de la concepción darwinista de la realidad. Pero no pretendo atribuir la responsabilidad a Darwin (al menos, no toda). Él se limitó a reforzar (como he podido comprobar, de un modo simplistamente inconsciente) las ideas de los poderosos al aplicarlas a la Naturaleza y convertirlas en “conceptos científicos”. El azar, la competencia y la supervivencia del “más apto”  no son más que una proyección sobre la Naturaleza de los conceptos del “libre mercado”. Y del mismo modo que éste ha convertido a las sociedades, a la Humanidad en “competidores” y a la Tierra en un campo de batalla en el que los pobres tienen siempre las de perder, porque es un sistema generador de pobreza, y en un ecosistema en creciente degradación como consecuencia de la sagrada “libertad de mercado” que ha dejado al Mundo en manos de personas sin escrúpulos que sólo buscan “su propio interés”, el darwinismo, el apéndice científico del pensamiento de los poderosos, ha convertido a la Naturaleza en un campo de batalla en la que todos sus componentes son competidores (como sabemos, determinadas concepciones de la realidad necesitan enemigos para justificarse). Sin embargo, ya se sabe que las bacterias y los virus patógenos son extraordinariamente minoritarios en relación con el inconcebible número existente. Su carácter patógeno se debe a alteraciones de sus procesos naturales, muchas de ellas causadas por el Hombre. Pero el fanatismo darwinista y sus delirios de poder manipular, “dominar” a la Naturaleza encuentra enemigos incluso en los componentes que son esenciales para su funcionamiento equilibrado. Las bacterias y los virus, cuyas secuencias genéticas son muy abundantes en los genomas de los seres vivos también cumplen unas actividades fundamentales en el interior y el exterior de los organismos. Pero además, se han mostrado extraordinariamente abundantes en todos los ecosistemas, participando en importantes ciclos biogeoquímicos, en transferencia horizontal de genes, cumpliendo una función de de almacenamiento de información genética y contribuyendo a la dinámica evolutiva del sistema y a su estabilidad, ya que mantienen el equilibrio de la diversidad ambiental y son los portadores de información genética entre diferentes ambientes. En definitiva, son los elementos que conectan el mundo orgánico con el inorgánico.
Lo que pretendo transmitir es que la Naturaleza no es el sórdido campo de batalla de los darwinistas. Es un gran ecosistema lleno de vida y de belleza en el que todos sus componentes, absolutamente todos, son necesarios para su funcionamiento equilibrado. Que es mucho más poderosa que los hombres y tiene sus propias reglas. Pero si dejamos que se le continúe tratando de este modo seremos los seres humanos los que paguemos las consecuencias.