¿Carácteres adquiridos?

Se reflejaría en los genes algunos cambios de la vida.

Por BENEDICT CAREY
The New York Times (Reforma)
20 noviembre 2010

Durante décadas, los investigadores han peinado la genética de las personas con enfermedades mentales, en busca de variaciones comunes que se combinan para causar padecimientos como esquizofrenia y trastorno bipolar y aunque estos trastornos pueden involucrar alteraciones genéticas, no ha salido a la luz ningún patrón subyacente. Por ello, los científicos ahora se vuelven a un campo emergente: la epigenética, el estudio de cómo la experiencia y el entorno de las personas afectan la función de los genes.
Muchos genes portan complementos químicos: compuestos que actúan en la molécula de ADN que regula cuándo, dónde y cuánta proteína se produce, sin alterar la receta en sí. Varios estudios sugieren que esos marcadores complementarios, o epigenéticos, se desarrollan al tiempo que un animal se adapta a su medio ambiente, ya sea que esté en el útero o en el mundo, y que pueden afectar profundamente la conducta.
En estudios con ratas, los investigadores han demostrado que los cuidados maternales cariñosos alteran la expresión de los genes, permitiéndoles disminuir su respuesta psicológica al estrés. Estos amortiguadores biológicos son entonces pasados a la siguiente generación: los roedores y primates no humanos preparados biológicamente para manejar el estrés tienden a una mayor inversión emocional con sus propias crías, y se cree que el sistema funciona en forma parecida en los humanos.
Los marcadores epigenéticos pueden, de la misma manera, dificultar el desarrollo normal: los hijos de padres que sufren hambruna tienen un riesgo intensificado de desarrollar esquizofrenia, sugieren algunas investigaciones (debido quizá a las firmas químicas en los genes transmitidos por los padres). Otro estudio reciente encontró que, en algunas personas con autismo, los marcadores epigenéticos habían desactivado el gen que produce el receptor para la hormona oxitocina. La oxitocina lubrica los circuitos sociales del cerebro. Un cerebro escaso de la hormona muy probablemente batallará socialmente.
Cuando menos un grupo de investigadores argumenta que los marcadores químicos ayudan a resolver una competencia biológica entre los genes maternos y paternos en el feto. En la visión tradicional de la reproducción, los genes de la madre y del padre funcionan como colaboradores. Sin embargo, una nueva teoría sostiene que los genes están en competencia. Si el sistema falla y el desarrollo del cerebro se inclina marcadamente hacia el padre, un resultado puede ser el autismo, sugieren los científicos; de hacerlo marcadamente hacia la madre, el hijo puede desarrollar trastornos de estado anímico.
"Muchos de los sistemas modelo que hemos estudiado sugieren que las modificaciones epigenéticas impactan en la conducta, y también que esos efectos pueden revertirse", dijo Thomas Lehner, jefe de la división de investigación genómica del Instituto Nacional de Salud Mental.