Complejidad, sistemas de salud y calidad(NOTA 1)

Dr. Enrique Ruelas
Dr. Germinal Cocho
Dr. Moisés Villegas

(NOTA 2)

[Agradecemos a los doctores Enrique Ruelas Barajas, Ricardo Mansilla, Javier Rosado,  coordinadores del libro, así como al autor del artículo la autorización para su publicación.]

Todo es simple y ordenado,
excepto por supuesto el mundo
LEO KADANOFF(NOTA 3)

Desde mediados del año 2002 y hasta finales de 2004, iniciamos en la Secretaría de Salud un proyecto que nos dejó ricas experiencias interdisciplinarias, el cual consistió en intercambiar conocimientos entre médicos, físicos, biólogos y matemáticos. Al analizar los resultados podemos observar que no nos equivocamos cuando planteamos la relevancia que esto podría tener para los sistemas de salud.

La calidad se ha convertido en un tema muy importante en todo el mundo; la investigación que se realiza sobre ella en el campo de la salud constituye un aspecto clave, en especial para los servicios médicos que se brindan; ya sea que se trate de grandes centros hospitalarios, clínicas, consultorios o bien facultades y escuelas que imparten conocimientos sobre ciencias de la salud. En este capítulo proponemos el uso de las herramientas que nos proporcionan las Ciencias de la Complejidad para entender y precisar mejor los problemas, con la finalidad de extrapolar en forma reflexiva y mesurada los nuevos hallazgos de la biofísica y de las matemáticas a un sistema social como el que se aboca a los cuidados de la salud. Por ello en este primer capítulo se tratan algunos conceptos que pueden trastocar las ideas que se consideran clásicas en lo que atañe a calidad, que, como mencionamos, plantean un nuevo paradigma.
Partimos, entonces, de una revisión crítica del modelo clásico que sustenta el quehacer médico en sus diferentes áreas de acción. Al proceder de esta manera, nos percatamos de que los métodos que utilizamos para estudiar los fenómenos de la realidad tienen como limitación que efectúan esta tarea de manera aislada sin considerar las interacciones de sus múltiples componentes internos ni las propiedades que surgen como resultado de esas interacciones y las que se dan con el entorno.
Advertimos, en consecuencia, que el paradigma que nos lleva a considerar los sistemas como la simple suma de las partes, es decir, como un resultado lineal de la adición de insumos y productos tiene limitaciones.
Asimismo, nos percatamos de que las teorías de la organización y la administración no dan respuesta satisfactoria a los viejos ni a los nuevos problemas; la burocratización, la heterogeneidad en las formas de dirección, la estructuración centralizada y vertical, así como la visión lineal en el diseño y planeación son, entre otros, obstáculos importantes que impiden el buen funcionamiento de los sistemas de salud.
Por ende consideramos que la calidad y sus múltiples componentes: entre ellos su control, aseguramiento, reingeniería o su garantía, requieren de una revisión que conduzca a encontrar un nuevo sustento epistémico. Así, nos hemos propuesto “viajar por estas mismas tierras, pero tratando de verlas con nuevos ojos”.

Los problemas y su aproximación

En el epígrafe de este capítulo citamos a Leo Kadanoff, quien nos previene de la que tal vez es la mayor dificultad que podemos hallar en nuestro recorrido: la contradicción dialéctica entre lo simple y lo complejo.
En el umbral del siglo XXI, encontramos una problemática diversa y complicada para los sistemas de salud, inmersos en crisis “globalizadas” que configuran un entorno difícil, con transiciones epidemiológicas en las cuales los padecimientos crónicos, otrora más frecuentes en los países desarrollados, se manifiestan prácticamente en forma epidémica, como sucede con las ahora llamadas enfermedades complejas, que representan casi el 65% de los problemas de salud pública: diabetes mellitus, hipertensión arterial, obesidad, cáncer, etc. Pero esto se complica porque, además, no han sido erradicadas patologías infecciosas como la tuberculosis y, para colmo, han aparecido otras entre las que destaca el VIH-SIDA. A lo anterior se añaden problemas no resueltos en la atención materno-infantil o los relacionados con los cambios sociales de vida y ambientales como los accidentes, intoxicaciones, contaminación, adicciones, etcétera.
Podemos afirmar que éste es el entorno que favorece el surgimiento de la percepción social, expresada individual o colectivamente, según la cual la atención médica es insatisfactoria.
El entorno general está determinado por las estructuras económica, política y social en el cual problemas como la transición epidemiológica han hecho evidentes las limitaciones de los sistemas de salud.

Complejidad, multiescalas y el binomio eficacia-eficiencia

Kadanoff plantea que los objetos, organismos o sistemas de la vida real suelen tener diversos aspectos, unos simples y otros complejos. Sin importar el fenómeno que se quiera estudiar o la pregunta que se pretenda contestar, se emplean técnicas de tipo reduccionista, propias de los sistemas simples o algunas herramientas de los sistemas complejos. Como ejemplo, podemos mencionar que en muchos de los aspectos y escalas propios de los sistemas de salud, a nivel práctico, hay aspectos relativamente simples los cuales consisten, en su mayor parte, en tareas simples y repetitivas. Así mismo existen aspectos complejos, en cada caso, casi únicos, en los que resultan ineficaces las técnicas repetitivas estandarizadas. Por lo regular, es necesario efectuar un continuo de tareas de complejidad variable, para lo que se requieren diversos tipos de técnicas. Por un lado, es necesario un sistema de alta eficiencia capaz de llevar a cabo tareas repetitivas relativamente simples, tales como pruebas diagnósticas de SCREENING, inoculaciones y cuidados generales de salud; por otro, se precisa de un sistema de complejidad grande para tratar problemas médicos complejos de pacientes individuales. Sólo si se tiene esto en mente podremos realizar cambios en la estructura de los sistemas de salud que mejoren la calidad de sus servicios y reduzcan los costos. Es factible establecer un equilibrio entre la eficiencia asociada a las técnicas estandarizadas, inherentes a los sistemas simples, y la eficacia relacionada con los casos complejos individuales. Como en general las escalas de ambos tipos de problemas son diferentes, (dado que la de los sistemas simples es mayor), este enfoque se denomina análisis de multiescalas, aunque en ciertas ocasiones el tamaño de las escalas resulta similar.
Existen herramientas para estimar la complejidad de los diversos aspectos y escalas de un sistema, que se pueden aplicar con provecho al análisis de los sistemas de salud.
Se debe tomar en cuenta que los sistemas complejos, entre ellos las organizaciones, trabajan mejor cuando se diseñan los procesos con el menor número de pasos y gente. Si los procesos son cortos y simples habrá menos oportunidades de que se cometan errores. Sin embargo, no se ha de olvidar que la redundancia es necesaria en los procesos, ya que los robustece y evita que se colapsen cuando falla un eslabón. Por ende, se requiere un equilibrio entre la economía de pasos y la redundancia que confiere solidez. De nuevo, resulta obvio que este tipo de análisis ofrece múltiples beneficios a los sistemas de salud.
A nivel básico se ha aprendido del estudio de otros sistemas complejos (en especial las redes complejas), sin importar que su comportamiento sea bueno o malo, que el resultado no corresponde al dado por la suma de las partes. Por ello advertimos que aunque personal médico altamente calificado realice de manera correcta su labor individual, el resultado puede ser malo para el paciente, si no se coordinan los esfuerzos y se comparten las decisiones. Esto sólo es posible si se evita que haya demasiadas restricciones asociadas a protocolos y mecanismos de acción estereotipados. Una red compleja bien organizada tiene capacidad para resistir, adaptarse y compensar fallos locales, amén de que su desempeño conjunto (como un todo) puede exceder por mucho la adición de las capacidades individuales.
Existe la posibilidad de que muchos de los problemas se deban al modo como son educados los médicos y demás personal de salud. Esto fue reconocido por el American Council for Graduate Medical Education que estableció nuevos lineamientos que incluyen “prácticas basadas en sistemas”, “habilidades de comunicación” y “aprendizaje basado en la práctica común”.
El estudio de diferentes sistemas complejos puede permitir, por analogía, un diseño más adecuado de diversos aspectos de los sistemas de salud y hacernos conscientes de sus fortalezas y debilidades, a la vez que nos sugieren modos y caminos para reforzar las fortalezas y disminuir las debilidades.
Para obtener información sobre el análisis multiescalas y su relación con el binomio eficiencia-eficacia, se pueden consultar los artículos de Y. Bar-Yam en la página web:
http://necsi.org, que ofrecen una amplia descripción del tema.

Fenómenos críticos, robustez y adaptabilidad

Como es sabido cuando los sistemas sufren un cambio de fase experimentan fenómenos colectivos en los que participan muchos de sus componentes con correlaciones en todas las escalas.
Por ejemplo, si calentamos agua cuando alcanza la temperatura de 1000 C se transforma en vapor. Poco antes de que esto suceda, surgen en el líquido pequeñas burbujas que luego desaparecen. Al llegar a los 1000 C, una de esas burbujas sigue creciendo, hasta convertirse en vapor, aunque quedan pequeñas gotas de agua, que aparecen y desaparecen; poco después disminuyen rápidamente y desaparecen por completo, conforme se supera la temperatura de evaporación. Esto permite apreciar una característica fundamental de los cambios de fase: la aparición de fluctuaciones y de mecanismos de amplificación de dichas fluctuaciones. En el punto crítico, en el cual hay gotitas de todos los tamaños, éstas dispersan la luz, lo que hace que el líquido pierda su transparencia y se vuelva opalescente. Este fenómeno es lo que se denomina opalescencia crítica.
Los cambios de fase comprenden dos conceptos importantes denominados parámetros de orden (los que describen propiedades importantes del sistema en cuestión y cambian de manera drástica en el punto crítico) y parámetros de control (aquellos cuya variación da lugar al cambio de fase). En la transición de líquido a vapor, el de orden corresponde al porcentaje de agua y el de control a la temperatura. En el ejemplo expuesto, se aprecia con claridad cuál es el parámetro de orden y cuál el de control, ya que se trata de un sistema relativamente simple, pero en los sistemas complejos puede haber varios de esos parámetros y con frecuencia resulta difícil encontrarlos.
En los párrafos anteriores tomamos como ejemplo un sistema físico, no obstante los sistemas biológicos y sociales pueden tener un comportamiento similar. Entre los primeros podemos mencionar cambios de fase asociados al plegamiento de proteínas y el cambio en el comportamiento de las hormigas, las cuales cuando se hallan aisladas realizan movimientos azarosos o caóticos, pero modifican esta conducta y actúan de manera sincronizada cuando aumenta la densidad de su población e interactúan con sus congéneres.
Cabe mencionar que los sistemas biológicos en su punto crítico muestran una gran capacidad de adaptación y de cómputo, lo que podríamos llamar capacidad cognoscitiva. En la zona crítica es posible distinguir componentes de un continuo tanto de tamaños como de tiempos de relajación, que van desde los que son sumamente cortos hasta los muy largos. Hay estructuras que permanecen invariables durante largo tiempo y otras que cambian con rapidez. Las que tienen larga vida, corresponden a lo que podríamos denominar hardware, y se asocian a la robustez, mientras que las que cambian rápidamente y concuerdan con lo que sería el software, pueden ser la base de la adaptación y el aprendizaje. Los organismos vivos, en sus diversas escalas y niveles trabajan en zona crítica, lo que los hace a la vez robustos y adaptables. Lo anterior sugiere estrategias de aprendizaje en nuestro mundo de cambios rápidos. En un ambiente variable y en revolución permanente se tiene el problema de la obsolescencia del conocimiento. Waddington advierte esto en su libro Instrumental para el pensamiento(NOTA 4) y propone lo siguiente:
Seríamos demasiado optimistas si creyéramos que alguien realmente sabe lidiar con este ambiente, la solución tal vez depende de que se promuevan los siguientes aspectos:

  1. Enseñanza de principios generales que se volverán anticuados de un modo más lento.
  2. Métodos de enseñanza para buscar rápidamente en una zona amplia la información fáctica actualizada, que colocará la “carne sobre los huesos” cuando sea necesario aplicarla.
  3. Métodos de enseñanza para clasificar la información conforme a un orden jerárquico de categorías, de manera que los elementos (ítems) relevantes a un contexto particular puedan ser filtrados con rapidez.
  4. Fomentar la autoeducación continua después de haber terminado la instrucción formal.

Todavía queda por estudiar los resultados que produciría exactamente la mezcla de estos elementos y cómo se alcanzarían los objetivos propuestos.

Peligro−oportunidad

En estas condiciones, como lo plantean los ideogramas chinos, si consideramos las crisis como situaciones de peligro y oportunidad, es posible construir sistemas de salud que den respuesta a la problemática existente, para superar las dificultades que no pueden ser resueltas con el paradigma clásico, dadas sus limitaciones.
Lo más adecuado sería que la planeación y el diseño de los sistemas de salud requeridos no sólo den respuesta a los problemas actuales, sino que además tengan la capacidad de adaptación al entorno. Es decir, se deben crear estructuras cuya propiedad esencial sea la robustez.
De esta manera no sólo podremos replantear la organización, sino también el concepto de calidad. Más aún no sólo será factible mejorar el funcionamiento mediante el diseño con redes complejas, sino que además se podrán utilizar mecanismos como la redundancia, automatización, simplificación y reducción de complejidad en el manejo de la multiplicidad de variables, que en la actualidad resulta muy difícil.

Los hilos de continuidad y la herencia a la que renunciamos

Si bien, desde una perspectiva histórica podemos considerar que los sistemas de salud constituyen una respuesta social organizada, las estructuras centralizadas y verticales, que fueron producto de una necesidad concreta, se volvieron sumamente burocratizadas y en la actualidad son una de las principales trabas para que cumplan las funciones para las que fueron creadas.
Podemos considerar que las funciones básicas de los sistemas de salud son: la promoción, prevención, curación y rehabilitación, responsabilidades de las que no pueden desvincularse la docencia y la investigación. Además, los sistemas tienen como meta proporcionar salud a las personas y se hallan mediados por su carácter que puede ser privado o público.
En México el sistema de salud depende de instituciones públicas y privadas, cuyo auge se vio condicionado, entre otras razones, por el desarrollo de las instituciones y de las empresas industriales y de servicios durante el periodo en que se alentó la substitución de importaciones. Dado que esto propició que cada vez se requirieran más servicios para atender a un número mayor de usuarios, llegó el momento en que no fue suficiente sólo el aspecto cuantitativo, sino que se agregaron dos necesidades más que devinieron en propiedades imprescindibles: la eficiencia y la calidad.
El estudio de los fenómenos y objetos de la realidad nos muestra, de manera permanente, la contradicción dialéctica entre cantidad y calidad, sobre todo en las transiciones de fase. Durante mucho tiempo acorde con los sistemas simples, la cuantificación se volvió casi una obsesión. Sin embargo, hoy con el paradigma de la complejidad, será posible utilizar herramientas que nos permiten una aproximación más de índole cualitativa, sin hacer a un lado los aspectos cuantitativos. De hecho, podremos estudiar las dinámicas de los sistemas complejos, a nivel multiescala, con el fin de conocer las propiedades emergentes que son producto de la interacción de sus componentes para encontrar en ellas no sólo respuestas complejas, sino también respuestas simples y, como plantea Leo Kadanoff, lograremos explicarnos comportamientos complejos con ideas muy básicas. Pero además encontraremos seguramente información que nos permitirá incidir en parámetros de control para dar respuesta a diversos problemas.

Por la ruta de la complejidad

Nos hemos propuesto inicialmente aproximarnos a los sistemas de salud en tres niveles: el análisis de una estructura clave del sistema de salud en la organización, la atención al paciente a través del análisis del error médico y el análisis de la situación de los usuarios.
Para el primer análisis aplicaremos la variedad multiescala, que hace posible identificar la eficiencia funcional del sistema al considerar el conjunto de acciones que pueden llevarse a cabo en las diferentes escalas. En este caso la eficiencia estará determinada no sólo por el número de componentes sino por la coordinación entre estas últimas. Este tipo de estudio nos permitirá observar los comportamientos emergentes y los subcomponentes que participan en dichas conductas, al ponderar la importancia relativa de los mismos.
Más aún, por medio de la simulación multiagentes, algoritmos genéticos y la red de mapeos acoplados será factible completar la información necesaria para conocer el sistema en su esencia, es decir su robustez. Adicionalmente se propone una estructura a manera de red compleja que dé cabida a la simulación del comportamiento deseado sin excluir la respuesta a las perturbaciones.
Se podrá concebir el error médico como una conducta emergente resultado de las interacciones de los componentes del sistema, de tal manera que para analizar su complejidad, se aplicará también la variedad multiescala y se utilizarán elementos como la redundancia, automatización y reducción de complejidad para propuestas de corrección.
En lo que atañe al conocimiento de la situación de los usuarios, se tomará en consideración la experiencia alcanzada en la Cruzada Nacional por la Calidad. Se podrán, además, agregar otros elementos, entre ellos un mayor acercamiento mediante la conformación de comunidades de práctica y la creación de puentes o interfases inteligentes, alrededor de enfermedades complejas, con el fin de aplicar el análisis de variedad multiescala, así como los modelos de simulación para construir redes que les confieran sincronía a los componentes más numerosos del sistema de salud. Aquí, también cabe la posibilidad de aplicar medidas que incidan en los parámetros de control de algunas enfermedades complejas, como lo planteó el Dr. Germinal Cocho en el libro Las Ciencias de la Complejidad y la Innovación Médica.
En estos tres casos se buscará: la topología adecuada de la red y la asignación de funciones a los componentes. Con las aproximaciones antes expuestas se iniciará la propuesta de reconceptualización de la calidad, así como las nuevas herramientas que contribuirán a garantizarla.
Comunidades de práctica y ayuda mutua: la problemática del primer nivel en el sistema de salud.

Comunidades de práctica

Se definen como redes informales que coexisten con la estructura formal de las organizaciones y sirven para resolver conflictos entre las metas de la institución a la cual pertenecen, solucionar problemas del modo más eficiente y contribuir a que sus miembros alcancen sus objetivos.
A pesar de que no se les reconoce ni acepta, estas redes informales confieren a sus integrantes un sentido de pertenencia y pueden dar lugar a formas efectivas de aprendizaje. Pero además, si se les incentiva de manera adecuada se puede aumentar la productividad de la organización formal. Desde un punto de vista social, cuando surgen generan sus propias normas, patrones de interacción, con lo que constituyen lo que se ha denominado comunidades de práctica.
Cada miembro de una comunidad puede interactuar con varias personas, lo que da lugar a diversos patrones de interrelación, de conformidad con una estructura uniforme, en la que cada individuo se comunica con los demás, hasta una estructura en cúmulos en la que un sujeto colabora con un número pequeño de compañeros.
Si nos proponemos conocer cómo evolucionan estas comunidades y de qué modo las estructuras resultantes dependen del tamaño del grupo y de la diversidad de sus habilidades, deberemos tomar en cuenta que es posible propiciar que un individuo resuelva un problema mediante el intercambio de información con otros miembros de la comunidad, y que esta información, en general, no suele ser perfecta e incluso cabe la posibilidad de que resulte inadecuada para la tarea.
Cada sujeto tiene que aprender a identificar a los miembros de su comunidad con quienes la interacción puede ser más fructífera, y con frecuencia esto da por resultado un patrón en el cual la escala de interacciones crece con base en la percepción de la utilidad mutua. Se debe mencionar que dicho patrón casi nunca es estático, porque aunque el problema sea el mismo, conforme transcurre el tiempo son distintos individuos los que hacen contribuciones importantes.
Si tomamos en cuenta los puntos antes expuestos, podemos formular modelos matemáticos que consideren la diversidad y el tamaño del grupo, la estructura de la red cuando cambia a través del tiempo el número de sus integrantes y la estabilidad que ésta mantiene frente a las fluctuaciones. Es posible modificar la estructura al introducir un mecanismo de aprendizaje determinado que genere cambios locales, los cuales, a su vez darán lugar, de manera manifiesta, a un mayor rendimiento de la comunidad en su conjunto.
En estas comunidades, además, hay relaciones entre niveles jerárquicos o con otras instituciones del mismo nivel. Algunos ejemplos que ilustran esto y que tienen ciertas implicaciones positivas son las relaciones de familia, de amistad o las cofradías y grupos religiosos que comparten hábitos y creencias, los cuales muchas veces propician la creación de puentes que son más eficaces que los que derivan de relaciones formales. En contraste, existen otros casos en los cuales las comunidades de práctica, como las mafias delictivas, comprenden aspectos negativos. En conclusión lo importante es tener en mente que las relaciones humanas, más allá de las reglas formales, pueden ser un punto de partida para la resolución de muchos problemas.
Debemos agregar que, además de buscar soluciones y planteamientos generales en gran escala, es conveniente observar en la práctica a organizaciones experimentales, en pequeña escala, que permitan recopilar la información necesaria para encontrar soluciones generales.
Existen diversas publicaciones sobre cómo organizar comunidades de práctica. En particular resulta conveniente consultar la página web:
www.icohere.com (se pueden bajar la información): “Creating Communities for Collaboration and Learning”, S. Kaplan y P. Bartlett. “Community of Practice: Design Guide (A step-by-step guide for creating collaborative communities of practice).”

Comunidades de ayuda mutua

Aunque, en general, se ha considerado que el intercambio recíproco es característico de las sociedades primitivas, como lo expone Kropotkin,(NOTA 5) este intercambio basado en la solidaridad, la confianza y la ayuda mutua, fue fundamental en los gremios y estructuras sociales de la Edad Media europea. Así mismo ha sido y es predominante en grupos sociales marginales que apenas sobreviven. El mismo autor comenta que esto se observó en la Inglaterra de finales del siglo XIX. También se ve en los grupos marginales de nuestras ciudades.(NOTA 6) Los estudios y experiencias sobre las comunidades de práctica pueden ayudar a establecer una mejor organización de las comunidades de ayuda mutua.
Por otro lado, aunque algunas sociedades actuales tengan resueltos los problemas de sobrevivencia, muchos de sus miembros son cada vez más ignorantes y menos creativos. En estos casos, se pueden proponer formas organizativas, tomadas o aprendidas de las comunidades de práctica, que potencien la creatividad individual y social.
Lo que se ha mencionado en párrafos previos habría que tomarlo en cuenta para hacer el análisis y diseño de los sistemas de salud, en particular a lo referente al primer nivel. En lo que atañe a éste, entre problemas que se consideran muy importantes, está la sobrecarga de expedientes de los médicos, los largos periodos de espera y el comportamiento, en muchas ocasiones arrogante de médicos y enfermeras, que en parte puede ser debido al exceso de trabajo. Además, dado que muchas veces los pacientes van en busca de comprensión, cariño o de apoyo psicológico se sienten desilusionados. Otro de los problemas es la “mala automedicación”. Tal vez las comunidades de práctica y de ayuda mutua puedan encargarse de “brindar cariño”, lo que aligeraría la carga de trabajo del personal médico, con la consecuente reducción de los tiempos de espera, que podrían utilizarse para presentar y difundir medidas profilácticas y procedimientos de “automedicación adecuados”.

Comentarios finales

En este capítulo, hemos comentado algunos aspectos de la interrelación entre la dinámica simple y la compleja en el campo de la salud. En particular, se ha hecho énfasis en la conveniencia de analizar el grado de complejidad de las diversas regiones y escalas que comprende el sistema de salud, con el fin de determinar cómo podrían servir los resultados de dicho análisis para mejorar tanto la eficiencia como la eficacia de los servicios que ofrece. Comentamos, así mismo, que los organismos biológicos operan en zona crítica, de lo que depende, en gran parte, su creatividad y adaptabilidad. Planteamos también la reconceptualización de los elementos clave de la calidad e iniciamos procesos para alcanzarla.
Expusimos también algo de la problemática del primer nivel de atención del sistema de salud y explicamos de qué manera las comunidades de práctica y de ayuda mutua podrían contribuir a solucionar algunos de los problemas que no han podido ser resueltos.
Se debe tener en cuenta que muchas de las dificultades que enfrentan los sistemas de salud son inherentes al marco sociopolítico en que se desenvuelven. Es obvio que el conocimiento de la dinámica de los sistemas complejos no hará milagros. Hay que recordar que países con un marco sociopolítico diferente, como es el caso de Cuba, han podido resolver sus problemas de salud y “exportar” medicina y médicos.

Fecha de publicación: mayo 2007

 


 

Referencias bibliográficas

(NOTA 1) Del libro: Las ciencias de la complejidad y la innovación médica, Ensayos y Modelos. Coordinadores: Enrique Ruelas Barajas, Ricardo Mansilla, Javier Rosado. México, Secretaría de Salud e Instituto de Física del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, Universidad Nacional Autónoma de México, Grama Editora, S.A., 2006
(al texto)
(NOTA 2) Dr. Enrique Ruelas. Subsecretario de innovación y calidad, SSa. maestro en administración de servicios de salud, Universidad de Toronto, Canadá; Maestro en Administración Pública, centro de Investigación y Docencia económica, UNAM.
Dr. Germinal Cocho. Médico cirujano por la UNAM. Posteriormente realizó estudios de física en esta misma institución. También hizo estudios de doctorado en física en la Universidad de Princeton. Actualmente es investigador del Departamento de Sistemas Complejos del Instituto de Física de la UNAM. Lleva a cabo investigaciones relacionadas con la evolución del ADN, dinámica de poblaciones y formación de patrones en biología. Uno de los científicos mexicanos que ha recibido más premios y reconocimientos internacionales.
Dr. Moisés Villegas. Médico cirujano Pediatra, Neonatólogo, profesor Investigador de UACM; cursa actualmente la maestría de No Linealidad y sistemas Complejos en la UACM.
(al texto)
(NOTA 3) Kadanoff LP, Goldenfeld N. Simple Lessons from Complexity. Science 1999;284:87-89.
(al texto)
(NOTA 4) Waddington H. Instrumental para o pensamento (traducción del autor). Brasil: Editorial de la Universidad de S. Paolo 1979:35.
(al texto)
(NOTA 5) Kropotkin P. Mutual aid: A factor of evolution. Montreal, Canada: Black Rose Books 1989:262-294.
(al texto)
(NOTA 6) Lomnitz LA de. Cómo sobreviven los marginados. México: Siglo XXI 1975:25.
(al texto)