Fallan los transgénicos

 

Artículo publicado en The New York Times, en colaboración con el diario Reforma, México, el 19 de enero, de 2016.

Modificación genética incumple promesa

Semillas alteradas no reducen uso de pesticidas

Firmado por Danny Hakim

LONDRES.- El debate sobre los cultivos transgénicos tiene mucho tiempo de centrarse en temores a gran medida no corroborados de que su consumo encierra peligros.
Sin embargo, un análisis de The New York Times indica que el debate ha pasado por alto un problema más básico -la modificación genética en Estados Unidos y Canadá no ha acelerado incrementos en el rendimiento de las cosechas o llevado a una reducción generalizada del uso de pesticidas químicos.
La promesa de la modificación transgénica era doble: al hacer a los cultivos inmunes a los efectos de los herbicidas e inherentemente resistentes a muchas plagas, crecerían con tal ímpetu que se volverían indispensables para alimentar a la creciente población del mundo, mientras también requerían una menor aplicación de pesticidas rociados.
Hace 20 años, Europa rechazó en gran medida la modificación genética al mismo tiempo que Estados Unidos y Canadá la acogían. Una comparación de los resultados en los dos continentes, recurriendo a datos independientes así como investigación académica y de la industria, muestra cómo la tecnología no ha cumplido su promesa.
El análisis arrojó que Estados Unidos y Canadá no han obtenido una ventaja perceptible en rendimientos -comida por hectárea- en comparación con Europa Occidental, una región con productores agrícolas comparablemente modernizados, como Francia y Alemania.
Al mismo tiempo, el uso de herbicidas ha aumentado en Estados Unidos, aún al tiempo que cultivos importantes, como maíz y frijol de soya, han cambiado a variedades transgénicas. Y EU ha quedado rezagado del productor número uno de Europa, Francia, en la reducción del uso general de pesticidas, que incluye herbicidas e insecticidas.
Desde que llegaron a Estados Unidos las variedades transgénicas de cultivos como maíz y soya, hace 20 años, el uso de toxinas que matan insectos y hongos se ha reducido en una tercera parte, pero el rociado de herbicidas, que son empleados en volúmenes mucho mayores, ha aumentado en un 21 por ciento.
En Francia, el uso de insecticidas y fungicidas ha caído en un porcentaje mucho mayor -65 por ciento- y el uso de herbicidas también ha disminuido, en un 36 por ciento.
Diferencias profundas en torno a la ingeniería genética han dividido a los estadounidenses y europeos. Aunque manifestantes estadounidenses arrancaron de la tierra plantas de papa prototipo allá por 1987, el encono europeo ha sido mucho más sostenido. En los últimos años, la Marcha Contra Monsanto ha atraído a miles de manifestantes en ciudades como París y Basilea, Suiza, y la oposición a los alimentos transgénicos es una de las piedras angulares del movimiento político Verde. Aún así, los europeos comen esos alimentos cuando compran importaciones de EU y otras partes.
Los temores sobre los efectos dañinos de ingerir alimentos transgénicos han demostrado no tener gran base científica. Sin embargo, el potencial perjudicial de los pesticidas ha atraído la atención de los investigadores.
Los pesticidas son tóxicos a propósito -versiones empleadas como armas, como el sarín, fueron desarrolladas en la Alemania nazi- y han sido vinculados con retrasos en desarrollo y cáncer.
La industria está ganando por partida doble -porque las mismas compañías elaboran y venden tanto las plantas genéticamente modificadas y los venenos.
Robert T. Fraley, ejecutivo de Monsanto, dijo que The Times había escogido selectivamente sus datos para que la industria se viera mal. "Todo agricultor es un hombre de negocios inteligente, y un agricultor no va a pagar por una tecnología si no cree que arroje un beneficio importante", dijo.
Con el avance en la ciencia de la modificación genética, primero llegó el tomate Flavr Savr en 1994, que presuntamente tendría una descomposición más lenta. El siguiente año llegaron las papas resistentes a los insectos. Y para 1996, importantes cultivos genéticamente modificados estaban siendo sembrados en Estados Unidos.
Originalmente, las dos clases principales de cultivos genéticamente modificados eran resistentes a los herbicidas, permitiendo que los cultivos fueran rociados con herbicidas, o resistentes a algunos insectos.
Las cifras muestran que el uso de los herbicidas se disparó en la soya, un importante cultivo transgénico, al multiplicarse en un 250 por ciento en las últimas dos décadas, en un tiempo en que las hectáreas plantadas del cultivo crecieron en menos de un tercio. Su uso en el maíz ya tenía una tendencia a la baja aún antes de la introducción de los cultivos transgénicos, pero luego casi se duplicó del 2002 al 2010, antes de estabilizarse. Problemas de resistencia de hierbas en esos cultivos han incrementado su uso.
Para algunos, este desenlace era predecible. Todo el punto de modificar genéticamente las plantas para hacerlas resistentes a los insectos "era reducir el uso de insecticidas y así sucedió", dijo Joseph Kovach, investigador retirado de la Universidad Estatal de Ohio. Pero el objetivo de las semillas resistentes a los herbicidas era "vender más producto", dijo - más herbicidas.
En vista de que se espera que la población mundial alcance casi los 10 mil millones para el 2050, Monsanto tiene mucho tiempo de promover sus productos como una forma "de ayudar a satisfacer las demandas alimenticias de estos miles de millones más", afirmó en una declaración en 1995.
Sin embargo, no ha surgido una amplia ventaja en rendimientos. The Times analizó datos regionales de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), comparando cultivos transgénicos en Estados Unidos y Canadá con variedades cultivadas en Europa Occidental. Canadá es un gran productor de semilla de colza, pero los datos arrojan que las líneas de tendencia en los rendimientos relativos no se han movido en su favor desde la introducción de los cultivos transgénicos. En el caso del maíz, The Times comparó Estados Unidos con Europa Occidental y encontró que en un periodo de tres décadas, las líneas de tendencia entre los dos prácticamente no cambian. Y la remolacha de azúcar ha mostrado un mayor crecimiento en rendimientos recientemente en Europa Occidental que en Estados Unidos, pese al dominio de las variedades transgénicas en la última década.
La aceptación de los organismos genéticamente modificados "es excepcionalmente baja en Europa", dijo Liam Condon, ejecutivo de Bayer.
"Pero hay muchos sitios alrededor del mundo donde la necesidad es mucho mayor y donde lo transgénico es aceptado. Iremos a donde el mercado y los clientes exijan nuestra tecnología", añadió.