Subyuga Israel la sequía

Por Isabel Kershner

The New York Times, Reforma,  México,  6 junio 2015

JERUSALÉN.- En el punto álgido de la sequía, Shabi Zvieli, un jardinero israelí, temió por su medio de sustento.
El consumo excesivo de agua en casa se vio sujeto a un impuesto castigador.
Muchos de los clientes de Zvieli cambiaron a pasto sintético y sustituyeron sus flores de temporada por plantas endémicas y resistentes. "Me preocupaba el futuro de la jardinería", dijo Zvieli, de 56 años.
Se indicó a los israelíes en todo el País que redujeran dos minutos su tiempo en la regadera. Lavar autos con manguera quedó prohibido y los pocos con los recursos suficientes para absorber el costo de mantener un jardín sólo tenían permiso de regarlo en la noche.
"Estuvimos en una situación en la que estábamos muy, muy cerca de que alguien abriera una llave en alguna parte del País y no saliera agua", dijo Uri Schor, vocero del Organismo de Recursos Hidráulicos.
Eso fue hace seis años. Hoy, hay mucha agua en Israel. "El temor ha desaparecido", dijo Zvieli.
Ha ocurrido una revolución en Israel. Un importante esfuerzo nacional para desalinizar agua del Mar Mediterráneo y para reciclar aguas residuales ha proveído al País con suficiente agua para todas sus necesidades, incluso durante sequías severas. Hoy, más del 50 por ciento del agua para los hogares, la agricultura y la industria israelíes se produce artificialmente.
"Ahora no hay problema del agua", dijo Shaul Ben-Dov, agrónomo del kibbutz Ramat Rachel. "El precio es más alto, pero podemos vivir una vida normal en un País que es medio desierto".
Con su clima parcialmente mediterráneo y parcialmente desértico, Israel había sufrido décadas de desabastos crónicos y la explotación de sus recursos hidráulicos naturales.
El agua dulce natural a disposición de Israel en un año promedio no cubre su uso total de unos 2 billones de litros. Está proyectado que la demanda de agua potable se incrementará de 1.2 billones de litros este año a 1.95 billones de litros para el 2030.
El punto de inflexión se dio con siete años de sequía que iniciaron en el 2005 y vieron su peor momento en el invierno del 2008 al 2009. Las fuentes principales de agua natural del País -el Mar de Galilea en el norte y los acuíferos en las montañas y las costas- se vieron seriamente mermadas, amenazando un deterioro irreversible de la calidad del agua.
Se aceleraron las medidas para incrementar el suministro y reducir la demanda, supervisadas por el Organismo de Recursos Hidráulicos, una agencia nueva.
En la última década, han entrado en operación cuatro plantas desalinizadoras y una quinta debe estar lista en unos meses. Producirán más de 492 mil millones de litros de agua potable al año, con un objetivo de 757 mil millones de litros para el 2020.
Mientras tanto, Israel se ha convertido en el líder mundial en el reciclaje de aguas residuales para la agricultura. Somete a tratamiento al 86 por ciento del agua residual doméstica y la recicla para uso agrícola -componiendo alrededor del 55 por ciento del agua total empleada en la agricultura.
El Gobierno israelí empezó haciendo grandes recortes en las cuotas anuales de agua para los agricultores, poniendo así fin a décadas de uso excesivo y extravagante de agua fuertemente subsidiada en el sector agrícola.
El impuesto al uso excesivo doméstico fue retirado a fines del 2009, y se introdujo un sistema de aranceles de dos niveles. El uso regular de agua en casa hoy es subsidiado por una tasa ligeramente más alta pagada por quienes consumen más que la cantidad asignada básica.
Los funcionarios afirman que un mejor uso del agua ha llevado a una reducción del 18 por ciento en el consumo del agua en los hogares.
Y en lugar de que sean las autoridades municipales las responsables del mantenimiento de la red de tubería de agua, se han formado empresas locales. El dinero recaudado por agua es reinvertido en infraestructura.
Mekorot, la compañía de agua paraestatal, construyó hace 50 años un sistema para transportar agua del Mar de Galilea, en el norte, a través del altamente poblado centro del País, hasta el árido sur. Ahora construye nueva infraestructura para transportar agua del oeste al este, de la costa del Mediterráneo al interior del País.
La desalinización, durante mucho tiempo rehuida por muchos como un costoso consumidor de energía con una alta huella de carbono, se está volviendo más económica, más limpia y más eficiente en energía con el avance de las tecnologías. Sidney Loeb, el científico estadounidense que inventó el popular método de ósmosis invertida, se mudó a Israel en 1967 e instruyó a los profesionales del agua aquí.
La planta de desalinización Sorek se yergue sobre el terreno arenoso a unos 15 kilómetros al sur de Tel Aviv. Presuntamente la planta de su tipo más grande del mundo, produce 151 mil millones de litros de agua potable al año, suficiente para abastecer alrededor de una sexta parte de los 8 millones de ciudadanos de Israel.
Algunos israelíes se muestran cínicos respecto a la revolución del agua. Tsur Shezaf, quien produce vino y aceitunas en la parte sur del Negrev, arguye que la desalinización básicamente es una privatización del suministro de agua israelí que beneficia a unos cuantos magnates, mientras que el reciclaje para la agricultura permite al Estado vender dos veces la misma agua.
Los defensores del medio ambiente en Israel sostienen que la carrera a la desalinización se ha realizado, en parte, a expensas de alternativas como el tratamiento a las reservas naturales de agua que han resultado contaminadas gracias a las industrias, particularmente las industrias militares en la planicie costeña.
En el sediento Medio Oriente, el agua también tiene implicaciones estratégicas. Las disputas entre Israel y sus vecinos árabes por los derechos de agua en la cuenca del Río Jordán contribuyeron a las tensiones que desembocaron en la guerra del Medio Oriente de 1967.
Israel, que comparte el acuífero montañés con Cisjordania, dice proveer a los palestinos más agua de lo estipulado en los acuerdos de paz existentes. Los palestinos dicen que no es suficiente y que es muy cara. Una nueva era de generosidad de agua podría ayudar a fomentar las relaciones con los palestinos y con Jordania.