Son las termitas guardianes del suelo

Por NATALIE ANGIER
The New York Times, Reforma, México, 14 de marzo 2015

Los montículos gigantes de termitas que se levantan desde las arenas de la sabana africana son tan distintivos que resulta tentador ponerles nombre, como "Elefante que Brama" o "Tótem de Fertilidad Flagrantemente Obvio".

Independientemente de la metáfora, estas megaformas dominan su paisaje, y no sólo visualmente. Como los científicos apenas empiezan a apreciar, las termitas y sus hábitats son cruciales para la salud y robustez de una variedad de ecosistemas: desde desiertos hasta bosques tropicales y el parque de su localidad.

Los investigadores de la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey, reportaron en la revista Science que los montículos de termitas podrían servir como oasis en el desierto, permitiendo a las plantas que los rodean persistir con una fracción de la precipitación pluvial anual normalmente requerida y recuperarse tras una sequía devastadora.

"Incluso cuando uno ve que empieza a ocurrir desertificación entre los montículos, a la vegetación en o alrededor de los montículos le va tan bien que seguirá brindando semillas al entorno", dijo Corina Tarnita, profesora en Princeton y una de los autores del reporte.

Si bien el público podría ver a las termitas como una plaga pálida, ciega y de un centímetro de largo que puede dañar casas, sólo un puñado de las 3 mil o más especies conocidas de termitas son pestes para la gente. A muchas del resto, se les debe las gracias por el suelo bajo los pies, que es donde la mayoría vive y trabaja.

"Son los máximos ingenieros del suelo", dijo David Bignell, profesor emérito en la Queen Mary University of London.

Al hacer hoyos mientras cavan, las termitas permiten que la lluvia penetre en el suelo en lugar de correr o evaporarse. Mezclan arena, piedra y arcilla con pedacitos de hojas, exoesqueletos desechados y la ocasional cola de ardilla, una combinación que ayuda al suelo a retener nutrientes y resistir la erosión.

Lo pegajoso de las heces y otras excreciones corporales de una termita brindan estructura y coherencia al suelo, lo que también previene la erosión. Las bacterias en los intestinos de este insecto pueden fijar al nitrógeno, extrayéndolo del aire y convirtiéndolo en un fertilizante.

"Sobre todo, las termitas son sumamente buenas para la salud del suelo" del que todo lo demás depende, indicó Bignell.

Las termitas también proporcionan un modelo para entender los orígenes de la vida social, la división laboral y una especie de comportamiento altruista y de autoabnegación. En un nuevo estudio de comportamiento de "escape de pánico" entre termitas mientras buscan huir del peligro, investigadores del Centro Agrícola de la Universidad Estatal de Louisiana determinaron que lo que las termitas no hacen cuando son perturbadas es entrar en pánico. No empiezan a correr o a empujarse, ni pasan por encima de las caídas. No se comportan como la gente en un teatro atiborrado cuando alguien grita fuego, ni como hormigas cuyo nido ha sido destrozado.

En lugar de ello, los investigadores encontraron que cuando colocaron 110 termitas en platos redondos de plástico y los sacudieron, las termitas comenzaron a correr ordenadamente. Las obreras se formaron en una sola fila. Las del frente decidían si tomaban a la izquierda o a la derecha, y el resto las seguían a un paso uniforme y espaciado.

Las soldados se desplazaban a los lados del flujo, abriendo las mandíbulas como preparándose para la batalla. Si una termita se tropezaba o retrasaba, las de atrás se detenían y esperaban a que se enderezara.

"(Las termitas) fueron los primeros animales en formar sociedades", hace unos 200 millones de años, dijo Gregg Henderson, entomólogo en el Centro Agrícola y uno de los autores del reporte que apareció en la revista Insect Science.

Con la ayuda de bacterias y protozoos simbióticos dentro de sus estómagos, las termitas prosperan comiendo lo que otros insectos no comen: madera, estiércol, incluso tierra.

Las grandes artistas termitas de África, las constructoras de montículos, cultivan un hongo en túneles y galerías. Estos insectos comen una pequeña porción de las esporas micóticas y usan las enzimas del hongo para ayudar a desintegrar fuentes de alimentos fibrosos.

Los montículos africanos más grandes pueden medir 9 metros de altura y albergar a millones de termitas. En el Parque Nacional Gorongosa de Mozambique, los antílopes se congregan alrededor de los montículos de termitas, y no sólo por las oportunidades para pastar.

"Los montículos son más frescos en el calor del día y más cálidos en la noche", dijo Robert Pringle, ecologista en Princeton y autor del reporte en Science. "Son un lugar muy agradable para pasar el rato".