Se prepara Chicago para pronóstico caluroso

Por Lellie Kuafman
The New York Times, 25 junio 2011

CHICAGO - La Ciudad del Viento se prepara para una ola de calor, de índole permanente.
Los climatólogos les han informado a los urbanistas que, con base en las tendencias actuales, Chicago se parecerá más a Baton Rouge, Louisiana, que a una metrópolis del norte estadounidense antes del fin de este siglo.
Chicago se alista, entonces, para un porvenir más húmedo y cálido.
"Las ciudades se adaptan o desaparecen", dijo Aaron N. Durnbaugh, comisionado adjunto del Departamento de Medioambiente de Chicago. "El cambio climático ocurre en formas reales y dramáticas, pero también lentas y profundas. Podemos lidiar con él, pero tenemos que reconocerlo".
En todo Estados Unidos y en su Congreso, la existencia misma del calentamiento global aún es puesta en entredicho, particularmente por los conservadores. Pero mientras arde el debate, urbanistas municipales y estatales se alistan.
En Chicago, el esfuerzo inició en e12006, bajo la administración del entonces alcalde Richard M. Daley. Como primer paso, la ciudad quería proyectar cómo podría manifestarse el calentamiento global.
Los pronósticos dejaron conmocionados a los urbanistas.
Los científicos indicaron que, de mantenerse las actuales emisiones de carbono a nivel mundial, Chicago tendría veranos comparables a los del Sur de Estados Unidos, con hasta 72 días de temperaturas superiores a los 32 grados centígrados antes del fin del siglo. Durante la mayoría del siglo 20, la ciudad tuvo menos de 15 por año en promedio.
Para el 2070, Chicago podría anticipar precipitaciones 35 por ciento superiores en invierno y primavera, pero 20 por ciento inferiores en verano y otoño. La ciudad podría ver el número anual de muertes vinculadas por el calor ascender a mil 200 al año. Las crecientes incidencias de heladas y deshielos (causantes de baches) infligirían daños estimados en miles de millones de dólares a fachadas de edificios, puentes y carreteras. Las termitas, incapaces de resistir a los inviernos de Chicago en el pasado, empezarían a devorar los marcos de madera.
Con las proyecciones en mano, la ciudad priorizó las acciones de adaptación más factibles.
Gran parte de la labor de adaptación de Chicago está dedicada a transformar espacios pavimentados. "Las ciudades son espacios duros que retienen el agua y el calor", explicó Janet L. Attarian, directora de paisajismo urbano en el Departamento de Transportes local.
Los 13 mil callejones de concreto de la ciudad fueron edificados originalmente sin alcantarillado y son una pesadilla cada vez que llueve.
El trabajo planeado para un cruce de seis calles aquejado de inundaciones y otros problemas es un prototipo. La banqueta frente a una preparatoria ha sido ensanchada para incluir áreas de plantación a un nivel inferior al de la calle. Este hecho no sólo estimula el tráfico peatonal sino que también brinda sombra y paisajismo. Estás áreas serán llenadas con plantas que absorban el exceso de agua y ayuden a filtrar los contaminantes. En algunos lugares, el agua escurrirá a tanques para poder ser empleada en el riego de las plantas o en nuevas fuentes.
La toma de conciencia del cambio climático ha redundado en una profunda preocupación por los árboles por parte de los urbanistas de Chicago.
La ciudad ya ha pasado de una zona de crecimiento vegetal a otra en los últimos 30 años y se espera que cambie varias veces más para el 2070.
A raíz de ello, los urbanistas les pidieron a los expertos que evaluaran su lista de sembrado. Se les aconsejó que eliminaran de ella seis de las especies arboríferas más comunes, entre ellas el fresno y el arce real, más susceptibles a las plagas acarreadas por el calentamiento climático. Se plantarán en su lugar roble bicolor y ciprés de los pantanos.
Es como el resto de la estrategia, indica al respecto Suzanne Malec- McKenna, comisionada del Departamento de Medioambiente de la ciudad: "un proceso constante y activo destinado a asegurar que seamos lo más resilientes posibles para al futuro".