Resulta vulnerable amo de los virus

Natalie Angier
Reforma, México, 1 febrero, 2015

Lewisburg, Pensylvania – Los científicos creen que un conocimiento más profundo de la biología de los murciélagos no sólo ayudaría a evitar el siguiente brote de ébola y otros virus, sino también ofrece un asomo a desordenes inmunológicos e inflamatorios como la diabetes y las cardiopatías e incluso el cáncer.
Sin embargo miles de murciélagos están sucumbiendo a lo que los científicos llaman el síndrome de la nariz blanca. Esta devastadora enfermedad causada por un hongo, que ataca a murciélagos mientras invernan en  las cuevas, ha causado la muerte de por lo menos6 millones de murciélagos norteamericanos desde que apareció por primera vez, hace una década, en Albany, NY. Amenaza con aniquilar por completo a algunas especies de murciélagos.
Cada vez hay más evidencia de que los murciélagos pueden servir como depósito de muchos de los virus más mortales del mundo, incluyendo los patógenos detrás del ébola, del marburgo y fiebres hemorrágicas relacionadas; síndromes respiratorios agudos, como el SARS y el MERS; e incluso villanos conocidos como el sarampión y las paperas.
Los murciélagos parecen ser inmunes en términos generales a estos virus, pero son susceptibles al síndrome de la nariz blanca.
“Aquí tenemos a un animal que puede sobrevivir a algunos de los virus más atemorizantes que conocemos, y es aniquilado por un hongo común de la tierra”, dijo David Blehert, del Centro Nacional de Salud de Fauna del Servicio Geológico de Estados Unidos, en Madison, Wisconsin.
Los murciélagos también pudieran ser resistentes al cáncer.
Los científicos han descubierto que los murciélagos tienen una esperanza de vida extraordinariamente larga para su tamaño. Por ejemplo, el murciélago Myotis brandtii de Eurasia pesa en promedio sólo 6 gramos, en comparación con los 20 gramos de un ratón. Pero mientras que un ratón con suerte vivirá un año, el Myotis brandtii puede vivir más allá de 40 años –una disparidad entre esperanza de vida y masa corporal que un reporte en la revista Nature Communications calificó como “la más extrema” de todos los mamíferos.
“Un político en Australia dijo, ‘Hay que bombardear a los murciélagos’”, dijo Lin-Fa Wang, virólogo especializado en murciélagos en la Escuela de Graduados Duke-NUS en Singapur y el Laboratorio Australiano de Salud Animal, en Geelong. “Pero si se hace eso, se destruirá el ecosistema y entonces se tendrán más enfermedades infecciosas, no menos”.
Los investigadores sugieren que los cambios al sistema inmunológico del murciélago originaron como parte de una mayor demanda para reparación de ADN y más tarde resultaron valiosos para su estrategia de vida en general.
Cuando vuela un murciélago, su corazón late mil veces por minuto y su metabolismo se dispara a 15 veces el índice que tiene en descanso. En contrate, dijo Blehert, el metabolismo de un roedor que corre es de 7 veces lo normal “y eso es sólo durante un periodo muy corto, mientras que un murciélago puede volar durante horas a un índice metabólico multiplicado por 15”.
Todo ese batir de alas termina generando una inmensa cantidad de productos derivados metabólicos llamados radicales libres, que podrían mutilar el ADN del murciélago si no fuera por su cuadrilla de reparación molecular súper eficiente. Y resulta que contrarrestar el daño al ADN es una estrategia fabulosa para la salud en general, lo que podría explicar la excepcional esperanza de vida y aparente resistencia al cáncer de los murciélagos.
En el perfil molecular del murciélago, los factores inmunes que sirven como la defensa inicial del cuerpo han sido intensificados, mientras que las moléculas inmunes que en la mayoría de los mamíferos se vuelven agresivos en etapas posteriores de una infección están mermadas en los murciélagos.
Como resultado, dijo Wang, “cuando aparece un virus, los murciélagos son muy eficientes para manejarlo, pero no reaccionan de manera exagerada”. Y los científicos han hallado que la reacción exagerada del sistema inmune del cuerpo con frecuencia resulta ser mucho más peligrosa que la infección viral en sí.
Los murciélagos frecuentemente viven en colonias de cientos de miles, viajan distancias largas y están expuestos a una impresionante variedad de patógenos. Son increíblemente resistentes a los microbios, con excepción del hongo que causa el síndrome de la nariz blanca.
Blehert y sus colegas hallaron que, a partir de las primeras etapas de la infección los murciélagos afectados empiezan a quemar el doble de energía que los murciélagos no infectados.
El golpe final podría proporcionarlo la respuesta inmune de murciélagos al hongo, que la evidencia inicial arroja es inusitadamente fuerte.
“Y eso podría ser lo que está condenando a los murciélagos”, dijo Kenneth Field, de la universidad Bucknell, en Pennsylvania.