Reforestan contra el calentamiento

Buscan eliminar carbono del aire frenando deforestación y sembrando más árboles.

POR JUSTIN GILLIS
The New York Times, 3 enero 2015

Fotografia de Adriana Zehbrauskas para The New York Times

 

LA VIRGEN, Costa Rica — En el plazo de unas cuantas décadas, a mediados del siglo XX, este pequeño país taló la mayoría de sus antiguos bosques. Sin embargo, tras una inmensa campaña de conservación y una oleada de crecimiento forestal nuevo, hoy los árboles cubren más de la mitad de Costa Rica.

Mucho más al sur, hubo una época en que la selva del Amazonas era rápidamente despejada para hacerle espacio a la agricultura, pero Brasil ha frenado a tal grado la pérdida que ha hecho más que ningún otro país para limitar las emisiones que conducen al calentamiento global.
Y del otro lado del mundo, en Indonesia, se han hecho promesas nuevas para detener la tala desmesurada de los bosques del país, respaldadas por intereses de negocios con el poder para cristalizarlas.
En la batalla para limitar los riesgos del cambio climático, desde hace décadas ha estado claro que concentrar la atención en los inmensos bosques tropicales del mundo —salvando los que quedan y quizás permitiendo que crezcan nuevos— constituye la estrategia más prometedora a corto plazo.
Ello se debe al papel primordial que juegan los bosques en lo que se denomina el ciclo de carbono del planeta. Los árboles extraen el dióxido de carbono —el principal gas con efecto invernadero— del aire y encierran el carbono en su madera y en la tierra. Destruirlos, típicamente mediante la quema, reintroduce gran parte del carbono al aire, contribuyendo al cambio climático.
A través del tiempo, los humanos han talado o dañado por lo menos tres cuartas partes de los bosques del mundo, y esa destrucción ha sido responsable de gran parte del carbono en exceso que hoy calienta al planeta.
Sin embargo, impulsados por un creciente movimiento ambientalista en países que son hogar de bosques tropicales y por una mayor presión de consumidores occidentales partidarios de prácticas sustentables, hoy los líderes gubernamentales y corporativos emprenden una nueva ofensiva para frenar la tala, y detenerla por completo con el tiempo. Además, hay planes para estimular el crecimiento forestal nuevo a una escala tan masiva que podría extraer del aire una cantidad considerable del dióxido de carbono liberado por el hombre y encerrarlo a largo plazo.
“El público debería animarse”, dijo Rolf Skar, del grupo ambientalista Greenpeace. “Nos encontramos en un momento potencialmente histórico en el que el mundo está empezando a despertar a la problemática y a aplicar soluciones reales”.
Aún así, Greenpeace y otros grupos prevén que años de ardua labor les esperan. En todo el mundo, con frecuencia se talan árboles para hacer espacio para la agricultura. Salvar a los bosques, de lograrse, requerirá producir más alimentos de manera más intensiva en menos tierra.

Notable recuperación
En las profundidades de la selva tropical costarricense, monos capuchinos de rostro blanco brincaban en las copas de los árboles. Tucanes y monjas surcaban el aire y una inmensa mariposa, batiendo sus alas de color azul iridiscente, revoloteó cerca.
Bernal Paniagua Guerrero centró su atención en un solo árbol de seis metros de altura, dictándole un número a su hermana, Jeanette Paniagua Guerrero, que lo registró en una tabla sujetapapeles.
Con eso, el árbol, un manú negro de poco más de cinco centímetros de diámetro, ingresó a la base de datos de conocimiento científico del mundo. Su crecimiento será rastreado hasta que muera por causas naturales —o alguien decida talarlo por la valiosa madera resistente a la pudrición.
Los hermanos Paniagua trabajan para una científica estadounidense, Robin Chazdon, ayudándola a hacer una crónica de una notable recuperación.
Cuatro Ríos, la selva donde se encontraban recientemente, parecía haber estado allí eternamente. Sin embargo, el lugar había sido tierra de pastoreo para ganado hace solo 45 años. Cuando sufrió una caída el mercado para la carne de res, los propietarios dejaron que la selva lo invadiera.
Hoy, la selva es un sitio de estudio para Chazdon, de la Universidad de Connecticut, quien se ha convertido en una destacada proponente de que el crecimiento forestal nuevo a gran escala puede ayudar a solucionar algunos de los problemas del mundo.
Durante toda la historia geológica de la Tierra, el carbono ha fluido entre la tierra, el aire y el mar. Las evidencias muestran que la cantidad de carbono el aire, en la forma de dióxido de carbono, determina en gran medida la temperatura del planeta.
La quema de carbón, petróleo y gas natural traslada al carbono de la tierra y lo introduce al ciclo de carbono activo que opera en la superficie de la Tierra, causando el calentamiento que los científicos hoy creen es más rápido que en cualquier otro periodo similar.
Aunque las mayores temperaturas están causando amplios problemas, incluyendo olas de calor y aumentos en los niveles del mar, el creciente dióxido de carbono también actúa como un tipo de fertilizante vegetal. El gas es la fuente primaria de carbono que las plantas convierten en azúcares y tejido leñoso empleando la energía de la luz solar.
Los reportes científicos sugieren que del 20 al 25 por ciento del dióxido de carbono que la gente introduce al aire está siendo absorbido por árboles y otras plantas.
Pero cuando la gente daña o destruye los bosques, eso libera dióxido de carbono, empeorando el problema del calentamiento. Históricamente, en todo el planeta se han talado bosques. Hoy, están en proceso de crecer de nuevo en grandes extensiones del Hemisferio Norte, y la destrucción más preocupante se da en los países tropicales más pobres.
Los científicos llegaron hace décadas a la conclusión de que se tiene que detener la deforestación, tanto para limitar el cambio climático como para conservar la diversidad biológica. Ahora se empieza a comprender el enorme potencial de bosques y selvas nuevas o en recuperación para ayudar a extraer emisiones del aire.
Qué tanta diferencia puede hacer una ambiciosa estrategia de crecimiento renovado de bosque es algo que los científicos aún tratan de determinar. Sin embargo, una figura destacada en la discusión —Richard A. Houghton, del Centro de Investigación Woods Hole, en Massachusetts— ha argüido a favor de convertir unas 486 millones de hectáreas de tierras agrícolas degradadas o muy poco productivas en bosques.
Los investigadores dicen que esa cifra sería posible si la agricultura en los países pobres se volviera mucho más eficiente.
Houghton cree que si ese objetivo fuera buscado de manera agresiva y a ello se aunaran esfuerzos más serios para proteger los bosques existentes, el rápido crecimiento del dióxido de carbono en la atmósfera podría ser frenado de manera pronunciada o incluso detenido.
Eso, en su opinión, le daría al mundo unas décadas para una transición ordenada de alejamiento de los combustibles fósiles. “Ésta no es una solución, pero ayudaría a ganarnos un poco de tiempo”, dijo Houghton.

Táctica efectiva
El Amazonas, que se extiende por nueve países sudamericanos, es el bosque tropical más grande del mundo. La mayoría de la selva amazónica se encuentra en Brasil, que la trató durante décadas como un recurso ilimitado.
Para mediados de la década pasada, el 17 por ciento de la selva amazónica había sido talada. Los grupos ambientalistas hicieron sonar la alarma, al igual que personas cuyos ancestros habían vivido en la selva durante miles de años.
Al tiempo que la deforestación llegó al máximo, en el 2004, Brasil se vio objeto de la condena internacional. En el 2006, los grupos ambientalistas encontraron una manera para que la presión del mercado se dejara sentir.
Cultivos en tierras deforestadas, particularmente soya, se utilizaban para producir carne para compañías de Occidente, como McDonald’s, lo que creaba una potencial responsabilidad en ojos de sus clientes. Greenpeace invadió los restaurantes McDonald’s y pegó por todas partes pósteres de Ronald McDonald esgrimiendo una sierra eléctrica. Esa compañía y otras respondieron presionando a sus proveedores, que impusieron una moratoria a productos vinculados con la deforestación.
La intensa presión resultó en una caída del 83 por ciento en la deforestación durante la última década. Al mismo tiempo, el ministerio de agricultura de Brasil empezó a enforcarse en ayudar a los agricultores a elevar sus rendimientos sin tierra adicional.

Pruebas de fuego
Con la deforestación relativamente bajo control en Brasil, Indonesia se convierte en el gran escenario de prueba para las estrategias de los grupos ambientalistas. Allí, la gente tala incluso los bosques nacionales impunemente. La principal razón es despejar tierras para la lucrativa producción de aceite vegetal de la fruta de un tipo de palma.
Solo unas cuantas compañías venden el aceite —empleado en bienes de consumo como jabón, nieve y lápiz labial— en los mercados globales, y los grupos ambientalistas han convertido a esos grandes intermediarios en su blanco. Las compañías que controlan el grosor del comercio global del aceite de palma recientemente firmaron promesas de no deforestación, y la influyente cámara de comercio de Indonesia respaldó un llamado por nueva legislación relativa a los bosques del País.
Pero incluso si Indonesia toma acciones contundentes, hay temores de que los avances pudieran ser fugaces. El incentivo económico por talar bosques sigue siendo poderoso y las medidas enérgicas solo mandan a los especuladores a otras regiones.
“Compañías asiáticas están corriendo a África y comprando la mayor cantidad de tierras posible”, dijo Glenn Hurowitz, de Climate Advisers, una consultoría en Washington. “Eso despierta temores”.
Aún así, con el progreso visto en la deforestación, la atención de muchos se vuelve a la posibilidad del crecimiento nuevo de bosques a gran escala.
Chazdon, que cree firmemente en detener la deforestación, dijo que muchos de los terrenos de selva de crecimiento antiguo que ya se han salvado son muy pequeños como para asegurar la supervivencia de las plantas y animales que contienen.
La expansión a tierras cercanas podría ayudar a conservar esa diversidad biológica, además de extraer dióxido de carbono del aire.
Sin embargo, la estrategia requerirá abandonar tierras agrícolas marginales, lo que significa que las granjas restantes tendrán que volverse más eficientes para poder satisfacer las necesidades de alimentos y biocombustibles. Algunos científicos han advertido que de llevarse a cabo deficientemente la estrategia, la agricultura simplemente podría ser empujada a las sabanas o praderas, que también contienen inmensas cantidades de carbono que podrían escapar a la atmósfera.
Costa Rica, una “república verde” conocida a escala mundial por sus esfuerzos por proteger los bosques, muestra lo difícil que puede ser en la práctica una estrategia de reforestación.
Trabajadores que ayudan a Chazdon en el seguimiento de sus tierras con frecuencia ven señales de caza y tala ilegal, pero dicen que las autoridades se muestran flexibles en cuanto a detenerlas.
Pero por ahora, los bosques de segundo crecimiento de Costa Rica, que cubren alrededor del 14 por ciento del área terrestre del país, muestran lo que puede ser posible si el mundo se torna más ambicioso respecto de abordar el cambio climático. Brasil asimismo empieza a ver crecimiento nuevo a gran escala en el Amazonas y gasta millones de dólares para restaurar las selvas a lo largo de su costa atlántica.
“Los bosques saben cómo hacer esto”, dijo Chazdon. “Eternamente han estado recuperándose”