Potente torrente es hoy riachuelo

Michael Wines.
Coral Davenport contribuyó con reportes a este artículo
Reforma, New York Times, México, 18 abril 2015

 

FABENS, Texas.- En los mapas, el imponente Río Bravo se extiende 3 mil 57 kilómetros, desde las Montañas de San Juan, en Colorado, hasta el Golfo de México. Pero en tierra, granjas y ciudades lo beben prácticamente todo antes de que llegue en forma de riachuelo al canal que riega la granja de Bobby Skov, en las afueras de El Paso, a más de mil 600 kilómetros del Golfo de México.
Ahora, reducido por la sequía histórica que ha consumido a California y la mayor parte del suroeste estadounidense, ese riachuelo se ha convertido en una exhalación húmeda.
"Se ha vuelto cada vez peor desde principios de la década del 2000", apuntó Skov, al añadir que su granja saldría dificultosamente adelante, si no continuaba la tendencia.
El azote de la sequía en California acapara los encabezados noticiosos. Pero de Texas a Arizona y Colorado, todo el oeste estadounidense está bajo sitio por los patrones climáticos cambiantes que han aminorado las acumulaciones de nieve, elevado las temperaturas, provocado evaporación y reducido los embalses a niveles récord.
En una región que ha reencauzado sistemas fluviales enteros para construir ciudades y granjas donde no florecerían de otra forma, la sequía es un reto histórico. Muchos científicos dicen que este es el precursor del Oeste permanentemente más seco y más caliente que el calentamiento global asestará más tarde este siglo. De ser así, la orden de racionamiento de agua emitida este mes por el Gobernador Jerry Brown, de California, sería un indicio de lo que vendrá.
Sally Jewell, Secretaria del Interior de EU, ha elevado la administración del agua en el Oeste a una prioridad de la agencia. "Necesitamos mejor infraestructura, mejor arreglos de operación y mejores formas de compartir y mover agua", dijo Michael Connor, Subsecretario del Interior.
Los peligros de la sequía son ampliamente visibles a lo largo del Río Bravo, donde una creciente sed ha puesto a prueba a los agricultores y llevado a la Suprema Corte una disputa sobre los derechos del agua entre Texas y Nuevo México.
Pero hay dejos de esperanza. Albuquerque, la ciudad más grande de Nuevo México a lo largo del Río Bravo, ha reducido su consumo de agua en una cuarta parte en 20 años, a medida que su población ha crecido en una tercera parte. Los distritos de irrigación y los agricultores -que consumen alrededor de 26 de cada 38 litros de agua del río- están recurriendo a la tecnología y el ingenio para aprovechar cada gota de agua que se les da.
John Fleck, experto en el Programa de Recursos Hidráulicos de la Universidad de Nuevo México, dijo que nadie debe desestimar la gravedad de la situación del Oeste de EU, pero tampoco es necesariamente una situación catastrófica. "Cuando el agua escasea, los agricultores se vuelven muy ingeniosos", dijo.
Hoy, gran parte del Río Bravo es poco más que un ducto de magnífica labor ingenieril -desviado, enderezado, embalsado, sangrado por canales, unido vía túnel con la cuenca del Río Colorado en el norte, vertiendo su último chorro en el sur a una acequia que suministra agua a agricultores cerca de El Paso. No es hasta kilómetros más tarde que los afluentes mexicanos renuevan su trayecto al Golfo.
Skov, de 44 años, está al extremo de ese ducto. En un mundo perfecto, sus cosechas consumirían hasta 1.2 metros de agua en una temporada y hace 15 años el canal le proveía la mayoría de eso. "Solíamos cultivar muchos chiles, muchos jalapeños. Cuando abundaba el agua podías hacer una variedad de cosas", dijo.
Hoy, Skov tiene en barbecho una quinta parte de sus campos y el agua del canal que alguna vez fluyó de marzo a octubre llega en junio y desaparece tan pronto como agosto. Compensa el déficit con 5 centímetros de agua tratada de la planta de aguas residuales de la Ciudad y un diluvio de agua freática salada, obtenida de pozos antes abandonados. El agua salobre envenena las plantas aún cuando las salva, reduciendo su cosecha hasta en una quinta parte. Pero la alternativa es peor.
Por todo el Oeste de Estados Unidos, los desabastos de agua comparten muchas de las mismas causas. Al igual que el Río Sacramento, en California, y el Río Colorado, en las Montañas Rocosas, el Río Bravo recibe gran parte de su flujo del derretimiento de la nieve de montañas -y las acumulaciones de nieve se están volviendo más pequeñas y se derriten más rápido.
Las crecientes temperaturas son el motivo. La Oficina Federal de Reclamación, que administra el agua en el Oeste estadounidense, reportó en el 2013 que las temperaturas promedio en el Río Bravo alta montaña, en Colorado y Nuevo México, se elevaron casi 2.8 grados en los 40 años que concluyeron en el 2011, y podrían elevarse de cuatro a seis grados adicionales para el 2100.
El incremento en 40 años fue más allá de nada que se haya visto en los últimos 11 mil 300 años. El calentamiento futuro "tiene el potencial de causar un considerable daño ambiental y cambiar la hidrología de la región", indicó el análisis de la dependencia.
Este mes, los pronosticadores federales calcularon la descorrentía de la nieve en las montañas que alimenta los tramos norteños del Río Bravo en aproximadamente la mitad del promedio registrado en las últimas dos décadas del siglo 20.
Es probable que empeore. El análisis realizado en el 2013 por el buró de reclamación concluyó que el Río Bravo podría perder aproximadamente una tercera parte de su agua para fines del siglo.
En teoría, el Río Bravo está administrado y logró absorber ese golpe con el menor impacto posible para los 3 millones de personas que dependen de él. En la práctica, algunos usuarios tienen una relativa escasez de agua, mientras que otros la mendigan.
Los distritos de irrigación, gobiernos y autoridades tribales, entre otros, tienen derechos al agua y algunos tienen embalses dedicados más o menos exclusivamente para su uso.
Los expertos dicen que los usuarios de agua deberían empezar a prepararse juntos para un futuro mucho más seco. En muchos lugares a lo largo del Río Bravo, los gobiernos y los agricultores están reduciendo su uso del agua y encontrando formas innovadoras para producir más de ella.
John Stomp, director de operaciones en la Autoridad de Servicios del Agua en el Condado Bernalillo de Albuquerque, dijo que cree que los usuarios del Río Bravo podrían resistir un clima aún más árido mediante la conservación y la cooperación entre los usuarios de agua.
Pero "No será fácil", añadió. "Nada respecto al agua es fácil".