Hay más calor y menos comida

Crece alarma científica al aumentar precios, población y calor.

Por Justin Guillis
CIUDAD OBREGÓN, México
The New York Times
por Reforma, México
11 junio 2011

EL GRAN SISTEMA agrícola que alimenta a la raza humana está en problemas.
El rápido crecimiento en la producción agrícola de fines del siglo 20 se ha reducido a tal grado que no logra satisfacer la demanda, impulsada por crecimientos poblacionales y la creciente prosperidad de países que alguna vez fueron pobres.
El consumo de los cuatro alimentos básicos que suministran la mayoría de las calorías humanas -trigo, arroz, maíz y soya- ha superado a la producción durante gran parte de la última década. El desequilibrio ha resultado en dos enormes repuntes en el precio internacional de los granos desde el 2007, en los que el costo de algunos granos aumentó a más del doble.
Esos aumentos en los precios han empeorado el hambre para decenas de millones de pobres, al desestabilizar políticas en una veintena de países, desde México hasta Uzbekistán y Yemen. En el 2008, el Gobierno haitiano fue destituido en medio de disturbios por el acceso a alimentos, y el enojo debido a los precios ha jugado un papel en las revueltas árabes.
Ahora, investigaciones sugieren que un factor previamente pasado por alto ayuda a desestabilizar al sistema alimentario: el cambio climático.
Muchas de las cosechas fallidas de la última década fueron una consecuencia de desastres climáticos, como inundaciones en Estados Unidos, la sequía en Australia y olas de calor abrasador en Europa y Rusia. Los científicos vinculan algunos de estos acontecimientos con el calentamiento global provocado por los humanos.
Las temperaturas están aumentando rápidamente durante la temporada de cultivo en algunos de los países agrícolas más importantes, y una monografía reciente encontró que esto les había restado varios puntos porcentuales a las cosechas potenciales, lo que se sumaba a las fluctuaciones de precios.
Durante casi dos décadas, los científicos habían pronosticado que el cambio climático sería relativamente manejable para la agricultura, al sugerir que los precios probablemente no se duplicarían hasta el 2080.
En parte, supusieron que los crecientes niveles de dióxido de carbono, el principal culpable del calentamiento global, actuarían como un potente fertilizante y compensarían muchos de los efectos negativos del cambio climático.
Sin embargo, la desestabilización del sistema alimentario y el elevado aumento en los precios han cimbrado a muchos científicos.
"El éxito de la agricultura ha sido asombroso", dijo Cynthia Rosenzweig, investigadora en la NASA que fue pionera en el estudio del cambio climático y la agricultura. "Sin embargo, creo que empiezan a haber presagios de que eso podría no continuar para siempre".
Algunos investigadores que asesoran a los gobiernos sobre las perspectivas para cosechas futuras señalan a lo que ellos consideran que son lagunas enormes en los pronósticos computacionales. Entre ellas figura el no tomar en cuenta los efectos del clima extremo, que se incrementa al elevarse la temperatura del planeta.
La creciente inquietud sobre el futuro del suministro alimenticio del mundo quedó evidente durante entrevistas realizadas este año con más de 50 expertos agrícolas que trabajan en nueve países. Estos expertos señalan que, en las próximas décadas, los agricultores necesitan resistir los impactos climáticos al tiempo que duplican la cantidad de alimentos que producen para satisfacer la demanda. Y necesitan hacerlo mientras disminuyen el daño ambiental causado por la agricultura.
La situación está lejos de no tener remedio. Desde México hasta India, los agricultores muestran que puede ser posible hacer que la agricultura sea más productiva y resistente ante el cambio climático. Ya han logrado enormes avances en la producción en el pasado, y los precios en aumento son un incentivo poderoso para volver a hacerlo.
Sin embargo, se necesitan nuevas variedades de cosechas y nuevas técnicas, indicaron los científicos. Pese a la necesidad apremiante, añadieron, el financiamiento prometido ha tardado en materializarse, gran parte de la labor necesaria aún no ha comenzado y, una vez que lo haga, es probable que tarde décadas en rendir frutos.
"Simplemente hay una desconexión tan tremenda, donde la gente no comprende la situación altamente peligrosa en la que nos encontramos", afirmó Marianne Banziger, subdirectora del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), un importante instituto de investigación en México que es parte de una red mundial de centros que se enfocan en las principales cosechas del mundo: Hay otros en China, Colombia, Turquía, Georgia y Filipinas.

La tortillería Alma

Agricultores ven cambio en patrones

En el Valle del Yaqui en el desierto de Sonora, en el noroeste de México, agricultores dedicados al cultivo del trigo, como Francisco Javier Ramos Bours, creen que el cambio climático podría ser responsable de la escasez de agua.
"Todo el mundo habla de ello", dijo Ramos Bours.
En todos lados, los agricultores se enfrentan a la falta de agua, así como a inundaciones repentinas. Sus cultivos se ven afectados por plagas y enfermedades emergentes y por un calor sin precedentes.
Hace décadas, los agricultores de trigo del Valle del Yaqui estaban a la vanguardia de la Revolución Verde, que utilizó variedades mejoradas de cultivos y métodos agrícolas más intensivos para elevar la producción de alimentos en gran parte del mundo en desarrollo.
Norman E. Borlaug, agrónomo estadounidense, comenzó a trabajar en la región en los 40. Sus éxitos como productor ayudaron a sextuplicar la producción mexicana de trigo. En los 60, llevó su enfoque a India y Paquistán, donde se temía una hambruna masiva. También ahí se disparó la producción.


Otros países se unieron a la Revolución Verde y la producción de alimentos excedió al crecimiento poblacional durante la última mitad del siglo 20. En 1970, Borlaug se convirtió en el único agrónomo que ha ganado el Premio Nobel de la Paz.
En Oslo, sin embargo, emitió una advertencia severa. "Tal vez ahora surcamos una ola alta", dijo, pero la marea podría bajar pronto si nos dormimos en nuestros laureles".
Tal como pronosticó, los recortes en investigación y desarrollo agrícola comenzaron a hacerse sentir en el sistema alimentario del mundo hacia finales del siglo.
Ese cambio se dio justo al tiempo que la demanda de alimentos y de alimentación para animales comenzaba a adquirir impulso, gracias en parte a una mayor riqueza en Asia. Millones de personas agregaron carne y productos lácteos a sus dietas, cuya producción exigió granos. Una política de convertir gran parte de las cosechas estadounidenses de maíz en etanol contribuyó a la demanda.
Un clima errático, como una ola de calor en Europa, en el 2003, y una sequía prolongada en Australia, ambos sucesos posiblemente vinculados al cambio climático, redujeron la producción de trigo y arroz.
En el 2007-2008, debido a las pocas reservas de granos, los precios se duplicaron o triplicaron. Los países comenzaron a acumular alimentos y con ello llegaron las compras de pánico. Hubo disturbios por alimentos en más de 30 países.
Los agricultores respondieron al sembrar lo más posible y cosechas saludables en el 2008 y 2009 ayudaron a reabastecer las reservas. Ese factor, además de la recesión mundial, llevó a los precios a la baja en el 2009. Sin embargo, para el año pasado, más cosechas malogradas relacionadas con el clima hicieron que volvieran a dispararse. Este año, el suministro de arroz es adecuado, pero el mal clima amenaza a los cultivos de trigo y maíz en algunas zonas.
Los expertos temen que la era de los alimentos baratos pudiera haber terminado. "Nuestra mentalidad era de superávits", dijo Dan Glickman, ex Secretario de Agricultura de EU. "Eso ha cambiado de la noche a la mañana".
El reciente repunte de precios ha ayudado a provocar el mayor incremento en el hambre mundial en décadas. La Organización para la Agricultura y la Alimentación de la ONU (FAO, por sus siglas en inglés), calculó que 925 millones de personas sufrieron hambre el año pasado y se anticipa que el número será más alto este año. El Banco Mundial señala que podría alcanzar los 940 millones.
Hans-Joachim Braun, actual director del CIMMYT, dijo que las ciudades prósperas estaban invadiendo los terrenos para la agricultura y competían con los agricultores por agua.
Los agricultores del Valle del Yaqui cultivan su trigo en un semidesierto. Su agua proviene de montañas cercanas a través de un acueducto, pero durante porciones de la última década, las precipitaciones cayeron por debajo de lo normal. Y el norte de México se encuentra dentro de un cinturón global que se anticipa que se volverá todavía más árido debido a los gases invernadero.
Braun encabeza esfuerzos para producir variedades nuevas de trigo que puedan soportar muchos tipos de estrés, lo que incluye falta de agua. Sin embargo, los presupuestos están muy reducidos. "Sino comenzamos ahora", afirmó, "vamos a estar en graves problemas".


Suposiciones derribadas

Durante mucho tiempo, los científicos creyeron que depender de combustibles fósiles, con todo y sus problemas, ofrecería un beneficio enorme.
El dióxido de carbono, el principal gas liberado por la combustión, es también el combustible primordial para el crecimiento de las plantas. Al usar la energía de la luz solar, convierten el carbono del aire en compuestos llenos de energía, como glucosa. Todas las formas de vida funcionan con estos compuestos.
Los humanos ya han elevado el nivel de dióxido de carbono en la atmósfera en un 40 por ciento desde la Revolución Industrial, y se encaminan a duplicarlo o triplicarlo en este siglo. Varios estudios han sugerido desde hace tiempo que el gas adicional significaría una sobrecarga de energía para los cultivos mundiales de alimentos. .
Sin embargo, muchos de esos estudios se realizaron en condiciones artificiales. Durante la última década, científicos en la Universidad de Illinois han puesto el "efecto fertilizante del C02" a prueba en la vida real.
Sembraron soya en un campo de cultivo y luego rociaron dióxido de carbono adicional de un tanque gigantesco. Su esperanza era que el gas pudiera elevar la producción hasta en un 30 por ciento.
Sin embargo, a la hora de la cosecha, el aumento fue sólo la mitad de eso. Sus pruebas con maíz, el cultivo de más valor en EU y la base de su producción de carne y su industria de biocombustibles, rindieron resultados incluso peores. No hubo aumento.
Su labor y la de otros sugiere que el dióxido de carbono extra sí actúa como fertilizante, pero que los beneficios son probablemente menores de lo necesario para evitar una escasez de alimentos.
Otras evidencias recientes sugieren que las suposiciones de mucho tiempo sobre la producción alimentaria en un planeta que aumenta de temperatura podrían haber sido demasiado optimistas.
Dos economistas, Wolfram Schlenker, de la Universidad de Columbia, en Nueva York, y Milchael J. Roberts, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte han comparado el rendimiento de cultivos y la variabilidad natural de la temperatura a una escala detallada. Su labor muestra que cuando los cultivos son sometidos a temperaturas superiores a cierto umbral -aproximadamente 29 grados centígrados para el maíz y 30 para la soya- la producción cae drásticamente.
Esto sugiere que en algunos climas, con más días abrasadores, la producción de algunos cultivos podría caer en hasta un 30 por ciento o más.
Oxfam, el grupo de ayuda internacional, proyectó hace poco que los precios de los alimentos aumentarían a más del doble para 12030, y que el cambio climático sería responsable por, quizás, la mitad del incremento.

Una familia carga salvado de arroz en Samhauta.

Necesidad de efectivo y convicción

En junio, en la remota aldea de Samhauta, en India, el campesino Anand Kumar Singh plantó una variedad nueva de arroz. El 23 de agosto, una severa inundación anegó su campo de cultivo durante 10 días. En el pasado, una inundación de ese tipo habría destruido sus cultivos. Mas la nueva variedad produjo una cosecha robusta.
"Eso fue un milagro", dijo Singh.
El milagro ilustró qué tan lejos podrían llegar los científicos para ayudar a los agricultores a adaptarse, pero algunos investigadores destacados no están tan seguros de que se pueda hacer que los cultivos resistan el calor abrasador, aunque la ingeniería genética podría triunfar con el tiempo.
Se necesitaron décadas de trabajo para mejorar la nueva variedad de arroz, y faltaba dinero; la distribución a los agricultores no estaba garantizada. Entonces, la Fundación Bill & Melinda Gates intervino con una subvención de 20 millones de dólares para financiar el desarrollo final y la distribución del arroz en India y otros países. Podría llegar a manos de un millón de agricultores este año.
La Fundación Gates ha otorgado 1.7 mil millones de dólares para proyectos agrícolas desde el 2006, pero los gobiernos se dan cuenta de que se necesita un mayor esfuerzo de su parte.
En el 2008 y 2009, en medio de las crisis detonadas por los precios de los alimentos, los gobiernos del mundo competían unos con otros por superar sus ofertas de apoyo. En una conferencia, en L'Aquila, Italia, se comprometieron con alrededor de 22 mil millones de dólares. Sin embargo, el financiamiento no se ha materializado del todo.
El Presidente Barack Obama prometió 3.5 mil millones de dólares en L'Aquila, más que cualquier otro país, y EU ha puesto en marcha una iniciativa para apoyar el desarrollo agrícola en 20 de los países más necesitados.
Sin embargo, en medio de los problemas de presupuesto en Washington, la Administración ha recibido 1.9 mil millones del Congreso: Quizás la señal más esperanzadora es que los mismos países pobres han comenzado a invertir seriamente en agricultura, contrario a lo que hicieron durante los años en que los alimentos eran baratos.
La ONU proyectó recientemente que la población mundial llegaría a los 10 mil millones de habitantes para finales de siglo, 3 mil millones más que hoy en día. Las proyecciones significan que podría ser necesario duplicar la producción de alimentos en el transcurso del siglo.
A diferencia del pasado, esa demanda debe satisfacerse de algún modo en un planeta en el que hay poca nueva tierra de cultivo disponible, donde el suministro de agua se reduce, la temperatura aumenta, el clima se ha vuelto errático y el sistema alimentario muestra graves señales de inestabilidad.
"Hemos duplicado la producción mundial de alimentos varias veces antes en la historia y ahora tenemos que hacerla una vez más", señaló Jonathan A. Foley, investigador en la Universidad de Minnesota. "La última duplicación es la más difícil. Es factible, pero no va a ser sencillo".

Presa seca por falta de agua, en México

Harí Kumar contribuyó con reportes desde Samhauta, India