Falta dinero para cumplir promesa climática

Por Eduardo Porter
The New York Times, Reforma, México, 24 octubre 2015

¿Dónde está el dinero?
Hace seis años en Copenhague, Hillary Clinton, en ese entonces Secretaria de Estado de Estados Unidos, resucitó las moribundas negociaciones sobre un trato para desacelerar el cambio climático con una sola promesa de 100 mil millones de dólares al año para ayudar a los países pobres del mundo.

Las naciones industrializadas y avanzadas se comprometieron a "movilizar conjuntamente 100 mil millones de dólares al año para el 2020, para abordar las necesidades de los países en vías de desarrollo". El dinero iba a provenir de "una amplia variedad de fuentes, públicas y privadas, bilaterales y multilaterales, incluyendo fuentes alternativas de financiamiento".

A mitad del camino a esa fecha objetivo, los creadores de políticas se preparan para otro cónclave climático en París que inicia el próximo mes. Se perfila como el más importante hasta ahora, al incluir a todos los países –ricos y pobres– en el esfuerzo colectivo contra un clima cambiante, que presenta su mayor amenaza inmediata en lugares como Bangladesh y la África subsahariana.
Pero ¿dónde está el dinero?

"El financiamiento es el aspecto más retador de todo el trato", dijo Christiana Figueres de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. "No hay una hoja de ruta creíble hacia los 100 mil millones de dólares".

Otrora líder en el esfuerzo para reunir dinero a fin de ayudar a los pobres del mundo a enfrentar el cambio climático, hoy Estados Unidos desempeña un papel más modesto. Frente a una complicada política presupuestaria, a Washington se le dificulta obtener apoyo para la iniciativa.

El mundo ha hecho avances. Francia recientemente prometió 5.6 mil millones de dólares en asistencia anual relacionada con el clima para el 2020, comparado con unos 3.4 mil millones de dólares antes. Gran Bretaña se comprometió a aumentar su prepuesto para el financiamiento del desarrollo relacionado con el clima.

Aun así, hay mucho camino por recorrer. "Definitivamente estamos a 50 mil millones de dólares", señaló un diplomático europeo. "Pero se tendrá que movilizar algo así como entre 30 mil y 40 mil millones de dólares en dinero nuevo entre ahora y el 2020".
Más allá de la meta en sí surge una pregunta crítica: ¿qué cuenta como el tipo apropiado de ayuda?

"Aún no tenemos una definición mundialmente acordada de qué es el financiamiento climático", señaló Barbara K. Buchner de la Iniciativa de Política Climática, centro de investigación que trabaja con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico para hacer un estimado del dinero movilizado hasta la fecha.

El Acuerdo de Copenhague prometió fondos "adicionales", pero ¿qué porcentaje de la ayuda nueva debería ser dinero nuevo? ¿Hasta qué grado se les permite a los países ricos reasignar otra ayuda, o reetiquetar la asistencia que tiene efectos secundarios relacionados con el clima?

"Si empezamos a reducir las vacunas para los países pobres a fin de cumplir con las obligaciones climáticas, perjudicaríamos al mundo", dijo Rajiv Shah, que hasta fechas recientes encabezaba la Agencia de EU para el Desarrollo Internacional.

Hay grandes diferencias de opinión sobre qué cuenta como dinero privado "movilizado". A las naciones pobres les urgen recursos privados para fortalecerse contra el clima volátil e impredecible. Sin embargo, el capital extranjero se interesa más en buscar acuerdos de energía renovable potencialmente lucrativos.

Un desacuerdo crítico es sobre cómo distinguir la inversión privada que no habría ocurrido sin los esfuerzos públicos, de lo que habría procedido de todos modos.

Llegar a los 100 mil millones de dólares es esencial más por su significado diplomático que por su impacto real sobre el cambio climático.

Considérelo como un anticipo que tiene como fin alentar a los países a redoblar sus esfuerzos para reducir las emisiones de carbono y enfrentar un clima cada vez peor en años venideros. El cambio más importante requiere redirigir billones de dólares que actualmente fluyen hacia proyectos energéticos que usan mucho carbono hacia alternativas más limpias.

Los 100 mil millones de dólares se necesitan para que todo lo demás proceda. A muchos países pobres todavía se les dificulta aceptar que deben contribuir a solucionar un problema creado en gran medida por el desarrollo intensivo en carbono de los ricos. Temen que desviar su suministro de energía de los combustibles fósiles y fuentes como la madera y el estiércol bloqueará su salida de la pobreza.

¿Es el trato realizable? Claro. Pero el camino es angosto. Una definición limitada y rígida de la ayuda condenaría al proceso al fracaso.