Envenena a China el plomo industrial

Por Sharon LaFraniére
The New York Times, 25 de junio de 2011

ALDEA DE MENGXI, China - En los últimos dos años y medio, se ha detectado en miles de chinos un nivel tóxico de exposición al plomo, causado principalmente por la contaminación resultante de fábricas de baterías y hornos de fundición de metales. Los casos subrayan una pauta de descuido gubernamental en muchas industrias de una China abocada al crecimiento que sólo cuenta con salvaguardas rudimentarias.
En el afán por conseguir los dividendos políticos del desarrollo económico, los funcionarios locales regularmente pasan por alto la contaminación medioambiental, la seguridad laboral y los peligros para la salud pública.
Un reporte dado a conocer este mes por la organización Human Rights Watch afirma que algunos funcionarios locales han reaccionado a las intoxicaciones masivas al limitar las pruebas de detección de plomo, ocultar y tal vez manipular sus resultados, negar tratamiento y buscar acallar a padres de familia y activistas.
Un alto nivel de plomo puede  dañar el cerebro, los riñones, el hígado, el sistema nervioso, el estomago y hasta causar la muerte. Los niños son particularmente susceptibles porque absorben el plomo más fácilmente.
"No se ha hallado un nivel de plomo en la sangre que sea inofensivo para un niño", explicó Mary Jean Brown, de los centros Estadounidenses para el Control y la Prevención de Enfermedades.
Los envenenamientos masivos sólo salen a la luz pública luego de que los padres suspicaces solicitan exámenes en el hospital y alertan a sus vecinos o colegas de trabajo. Los pocos estudios dados a conocer señalan a un enorme problema. Un reporte de investigación del 2001 consideró la intoxicación por plomo uno de los problemas de salud pediátrica más comunes en China. Una revisión del 2006 sugirió que uno de cada tres niños chinos tiene un nivel elevado de plomo en la sangre.
Wang Jingzhong, vicedirector de la Asociación China de la Industria de los Acumuladores, indicó que el sector ha crecido un 20 por ciento anual y se espera que se desarrolle aún más. En la actualidad, China tiene unas 2 mil fábricas de producción de baterías de autos y mil de reciclaje. Shen Yulin, director de protección medioambiental del Condado de Deqing, donde se halla Mengxi, indicó que 65 inspectores cubren una región de más de mil kilómetros cuadrados, con más de 2 mil plantas. La supervisión es desigual, en el mejor de los casos.
En junio, Li Ganjie, viceministro de protección medioambiental, indicó que cada caso sospechoso de intoxicación con plomo era investigado y las víctimas atendidas.
Sin embargo, entrevistas con 20 familias apuntan a otra realidad. Cerca de Ciudad Jiyuan, en la Provincia de Henan, se detectó en el 2009 un alto nivel de plomo en la sangre de casi mil niños de 10 aldeas. Los funcionarios gubernamentales ordenaron que los menores fueran tratados, sus familias reubicadas y los hornos limpiados.
Pero un visitante reciente encontró a los niños aún jugando a la sombra de un horno de fundición de plomo privado. Sus padres indicaron que los hospitales locales ahora se niegan a practicarles nuevas pruebas de medición de plomo en la sangre.
En la Fábrica de Baterías Zhejiang Haijiu, en el Condado de Deqing, donde trabajadores y aldeanos iracundos causaron disturbios en junio, la reglamentación en materia de emisiones de plomo era inexistente.
En junio, se encontraron en 233 adultos y 99 niños concentraciones sanguíneas de plomo de hasta siete veces el nivel considerado inofensivo por el Gobierno chino.
Zhao Guogeng, vicepresidente de Zhejiang Haijiu, indicó que la compañía cubre los gastos médicos de las víctimas del plomo. Las autoridades indicaron que el representante legal de la planta ha sido detenido y ocho funcionarios han sido castigados.
Pero no es ningún consuelo para Han Zongyuan, empleado de la fábrica quien relató que su hija, de3 años, había absorbido suficiente plomo para afectar irreversiblemente su capacidad intelectual y dañar su sistema nervioso.
“Me rompió el corazón”, expresó Han. “Queríamos que esta niña lo tuviera todo. Por eso trabajamos tan duro. Por eso nos envenenamos en la fábrica. Ahora resulta que la niña también está envenenada. No tengo palabras para describir cómo me siento”

Jonathan Ansfield contribuyó con reportes desde Beijing. Mía Lí, Heng Shao y Adam Century contribuyeron con investigación desde Beijing.